inicioinicio-ico.png

Usted está aquí

Back to top

foto banner

tx destacado autor

Delicada batalla que ofrece licencia a la subversión

cenefa-banner.png

foto oficial

Filosofía y Letras
01/10/2017
18:00
Ana Pérez Cañamares

Biografía

Ana Pérez Cañamares (1968) nació en Santa Cruz de Tenerife y vive en Madrid. Ha participado en numerosas antologías de relato y poesía, como por ejemplo: Por favor sea breve (Editorial Páginas de Espuma); Beatitud. Visiones de la Beat Generation (Baladí Ediciones); Resaca/Hank Over. Un homenaje a Charles Bukowski (Editorial Caballo de Troya/Mondadori);  23 Pandoras. Poesía alternativa española (Editorial Baile del Sol); La manera de recogerse el pelo. Generación Bloguer (Bartleby Editores), o En legítima defensa. Poetas en tiempos de crisis (Bartleby Editores), entre otras muchas. Participa con asiduidad en recitales y festivales de poesía, tales como La Noche del Apagón (en el MACBA, Barcelona), Voces del  xtremo (Huelva, Madrid, Logroño), con el Instituto Cervantes (Croacia y Polonia), Poesía en tiempos de disolución (Universidad de Valladolid), Festival MadMed (en Madrid, simultáneo con el festival de poesía de Medellín), etc., y en librerías, bibliotecas y  entros culturales. Ha publicado el libro de relatos En días idénticos a nubes y los poemarios La alambrada de mi boca, Alfabeto de cicatrices (todos ellos en Baile del Sol), Entre paréntesis. Casi cien haikus (La Baragaña), Las sumas y los restos (Devenir. premio Blas de Otero-Villa de Bilbao 2012), Economía de guerra (Lupercalia) y De regreso a nosotros (Ya lo dijo Casimiro Parker); también el libro de aforismos Ley de conservación del momento (Isla de Siltolá). En 2016 recibió el premio Vicente Núñez-Diputación d Córdoba por su poemario El espejo discreto. Algunos de sus poemas han sido traducidos al inglés, griego, polaco, alemán, croata y portugués.

Poemas

Aunque yo lo olvide todo

que mi palabra no olvide

pelear por su utilidad:

como cuando mi madre

poco antes de morir

agarró mi brazo

y me dijo al oído:

“de una casa sin alegría

hay que salir corriendo.”

No sé si recordaba que yo era su hija.

No sé si sabía su propio nombre.

Por eso sé que sus palabras

eran la palabra de Dios.

Mi padre lucía junto al omóplato

una esquirla de metralla.

Apenas un niño cuando los aviones

atacaron el ganado que cuidaba

y que nunca sirvió de suministro

para los soldados republicanos.

De pequeña yo jugaba con ella

la desplazaba unos milímetros

con mi dedo omnipotente.

Y al tocarla escuchaba los aviones

veía a los terneros reventados

-el terror en sus ojos suplicantes-
y un niño al que la muerte

marca con su hierro.

Mi padre cargaba en sus espaldas

una guerra que no terminó nunca.

Dimitir de mí misma

como quien cierra la puerta

a su casero y le dice hoy no pago.

Renunciar a mi representación

porque la piel se me irrita

bajo la baratija de los nombres.

Romperme los papeles

parirme anónima, apátrida

esdrújula de orfandad.

Relevarme la voz

derrotarme los miembros

tumbar mi estatua.

Me destituyo, me revoco

me derroco, me ceso:

implanto en mí el imperio de los pájaros.