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Adriana Hugo
Martes, 27/09/2016
De 22:30 a 23:55

Poema 1:
II
Papá.
Papá.
Papá.
Pap…
Pa…
P…

No puedo decir tu nombre.

¿Dónde estás?
Palpo las paredes
Con el sudor
Chorreándome caminos de llanura
En el interior de las pezuñas.
Tanteo
   Teo
          Teo
Leo
El braille
Y no hay relieve
Donde pueda encontrarte.

No estás.
Te vas.
No estás.
Te fuiste.
No estás.
Te eché.
Escupí tus partículas tan lejos,
Tan fuerte,
Que mi ímpetu despegó
Las gotas de saliva
Cuando éstas alzaban la lluvia de sus brazos
Para amarme la cara.

He olvidado
El odio.
Se ha secado la fuente,
Cascada
Desde la que peinaba ira.
Durante mucho tiempo
Fui oasis
De mis propias prisas.

Descomprendo.
Eso lo sigo haciendo.

Soy incapaz de referenciarte
Ante un mundo de extraños
En el que todos saben
Que tú existes.
Dos más dos
Y toda esa inquisición lógica,
Para mi gusto,
Contra natura.

Sé cómo te llamas,
Mas no pronuncio tu etiqueta.
Mi garganta es ahora una organización
Terrorista
Y te tiene apresado,
Aplastado
Cuerda con cuerda,
Sin que el miedo asome
A tu cara
Para comunicarte el secuestro.
Sólo eres un nudo
Del ejército
Conteniéndome la bilis
Por dentro.
Eso creo.

No doy contigo
En ninguna parte.
¿Es en mí
Donde quieres residir?
Y si aquí vives,
¿Por qué pinto de morado el cielo de mi mente
Al intentar reconstruir
Los lechos
Que nos condujeron hasta Gin?

Camino.
Y, mientras camino,
Las hojas se renuevan
En el agujero del vientre
Al son de las tres estaciones.

Si de ti
No carezco.
Sí,
De ti no carezco.
¿Me faltas?
¿Te sobro?
¿Me inmolas?
¿Te escombro?

Ranura, clavija, puerta, madera,
Erosión, Zimbaue, la vida,
Ron, sin alcohol, lechuga,
Tomate, colchón,
P…

Nada.

Vacías las estancias en mi cuerpo
Pese a permanecer
Con los sentimientos sellados,
Tratando de volarlos a “pes”
Con vocales dadas de la mano.

Puse todo mi empeño
En que vivieras.
Ya no.
Inútil.
Sólo me eras de uso
Cuando revoloteaban tormentas
Y dudas
Y claves de memoria
Que perdí
-A saber cuándo;
Sin saber dónde-.

Finjo miedo
Sosteniéndome contra puertas
En el metro.
Lo actúo.
…O eso creo.
Pretendo almacenar llanto
Porque sé,
Jamás vio la luz
A través de mis pestañas.
Miento el cúmulo de reproches
Y tacho con tinta invisible
La lista que contiene
Todos tus errores.

Me zafo.
Fantasmeo la carne
Aplicándole brochazos de indiferencia
Color negro.
Pero tengo ojeras.
A ellas no las quiero.

Así que quizá reconstruyéndote
A ti,
A algo más que la genética
De aves torpes
Y “zancudas”
Planeando destinos indescifrables;
Quizá
-Sólo quizá-
pueda recomponerme yo
Y poder decir bien alto:

 

 

 

Poema 2:
VII
El mundo
A través de un tragaluz
Que absorbe mis ganas de vivir
Cuando lo observo
Tras los párpados
-Sin dormir-.

Aquí no hay descanso.

No existe la tregua.

Pide permiso hasta tres veces para respirar.

La esquina de ahí,
Aquella doblándose a sí misma
A falta de plantas
Que la crucen.

Bendito seas, tragaluz.
Porque el negro no es más que un montón de colores juntos,
El ramillete perdido
De la niña que resopla
Con corazón de pájaro
Y una bellota al cuello.
Los males uno a uno.
Y eso que retroalimentas
Fiebre
En escombros
Al tumbarme bajo ti
Como besándote.
Mis plegarias.

Era la pecera
Carente de cristales a los lados.
El aire no se desparrama.
Tampoco lo consumo.
Tampoco me molesta consumirlo.
Tampoco me he molestado en hacerlo.
Pero mi cara, mar
Tierra,
Fuego‚
Instintos atrapados
En conjugación con grotescas formas
Aplastándome superficie adentro.

He vivido asfixiada
Pudiendo extender los brazos
Y mirada
A ambos lados.
Un sutil balanceo
Delante y atrás.
Algo así como crujir entrañas
Para desayunar.
Tu amante en la cama
Y el vacío de la visión
Que sólo existe
De colocarle ese nombre
Al abrazo que te proporcionan tus piernas.
Noche después de otra noche.
Vuelas
Suelas
Muelas
Cuelas
Mentiras a medias
Por carrillos pálidos
En cachetes como la leña en pleno intento
De desincendio.

Creo que no muestro interés
Alguno
Quizá quisiera saber.
Yo prefiero curiosidad
Mal pagada
A muerte por descarga de realidad
Que te haya planteado otra perspectiva ajena.

Cuento las ventanas.
Una,
Dos
Y trescuatrocinco de este lado
En mi conciencia colectiva.
Colectiva de coleccionar.
¿Cuántas lecturas
A miradas perdidas
Se dieron por extraviadas,
Cuando lo único que pintaba
En ellas
Era la contradicción de dejarme asfixiar,
Sufriendo al pensar en lo morado
Del cadáver?

He de decir adiós.
A Dios
Que sólo me viene tu risa a los labios
Y ya no representas nada.
He disuelto bruma
Por cada fisura,
Futura caña
Y surco.
Pero la putrefacción me gusta sola, suelta.
Así que no lograste alcanzarme
Las heridas.
Formas parte de ese terreno infértil
Que muestro con desgana
Si me preguntan
Quién soy
Y realmente no deseo
Que me sepan.

Dime qué voy a hacer ahora
Sin tener los cielos
Clavados como puntas de alfiler
En las retinas.

Cierro la puerta.
Pídeme intermedio.
Que la deje a medias
Un fragmento por componer el ruido
Que haré
Al cerrarla.

Y tú, por siempre, al otro lado.

En tu caja cuadriculada
Con una oveja acunando Saturno
Has pospuesto más colores
Que partos e imprevistos
Representando tu impronta
En mi cuerpo,
En mi mente,
En mi complejo de culpa
Por haber levantado la mano
Para acariciar tu golpe
Sin impedirte
La caída en mi cara.
Has visto más sueños
Que yo esperanzas
Cada vez que me aferraba a lágrimas
Que nacían ya evaporadas
Con tal de rozar lo que anhelo
Aunque sea
En un balanceo de pestañas.

Nunca quisiste compartir universos
Ni verte refractada
En mi percepción de la noche
Cuarteada
Como los sesos
Como la infancia
Como ese manicomio
Sabio en mis pasos
E inculto por pedirme una firma
Que te recuerdo quién exigía.

Nada de lo que diga es mentira.

Nada de lo que diga es verdad.

La luna ha erosionado mi boca
Para taparme los escombros
Antes de que caiga yo
Y te sepulte
Sin quererlo.
Para que no detenga mi interrupción de vida
Con amor en los ojos
Y tu cadáver entre mis manos.

 

 

 


Poema 3:
V
¿Qué me rodea, madre,
Sin ti para cortarme el aire con los brazos?
Por segundos recuerdo respirar.
Uno.
Dos.
Silencio.
Reclamo tu pecho pegado a la parte de atrás del mío,
El abrazo inspirador
En el que ahora expiro.
Porque te observo.
Los años pasan por los pliegues de tu cuello
Igual que las injusticias a viva voz
Que gritaba
En pleno estado de histeria libertaria.

Hay suelo en las paredes, madre.
Y una huida que no termino de entender.
De haber ido, estaría muerta.
Estaría.
Del mismo modo en que tú ahora ya no.

Veo blanco sobre blanco.
Nada te representa en mí.
Pero yo te tengo.
Nos acuno
Como si fuera posible esgrimirnos juntas
A modo de instantánea.
He pintado demasiados negros
Con la suela de tus pasos.

¿Qué cubre mi indiferencia,
Buscando algo a lo que poder pegar mi mano
Y después el resto del cuerpo?
Reclamo el ser extraña
Siendo mi concéntrica inexplicación flotando en espiral
Al rededor de tus mandatos.

Echo de menos echar de más.
Echo de menos desayunar angustia y neblina,
Porque era un nuevo día
Para ti
Y una continuación de los mismos diez años
Bajo la máscara en mis pestañas.
Echo de menos
El cansancio impidiéndome medir distancias,
Con la capacidad del suicida
Empeñado en acertar,
Para amanecer emergiendo ante tus ojos
Con desconcierto y hastío y muerte
En los suyos.

Una risa apuntando mi cabeza
Desde que vendieras mi testimonio
A las más altas pelucas.
Un golpe.
Dos golpes.
Al tercero: vuelta a casa
Con la razón descolgándose del asa en tu hombro.
Cuélgate tú ahora en mi espalda.
Prometo llevarte a todas partes.

Madre.

Mi amada madre.

Belleza pintada en motas de incoherencia.
Hemos vendido helio a precio de vida;
Con eso tuviste risa en medio del infierno.
Perder una vida.
Reconstruir la tuya.
Hundir la mía.

¿Qué te habrá hecho el monstruo,
Si sólo engulló su mitad en el feto
Y a ti te dejó entera?

Aparta la cinta.
Me da miedo mirar a la anciana
En la que te convertirás un día…
A ojos del resto.
No quiero que te vean.
Deja que te mire, madre.
Deja que sea mi capacidad de bloqueo
Barniz sobre lucidez en tus acciones cotidianas.
No quiero que sepan quién puedes ser
Al descorrer persianas
Y hundir ventanas
En reclamaciones migratorias.
Mi ego hace rato que friega el suelo
Cantando en voz baja
Al ruiseñor que sólo intuye a través de un recuerdo
Enmarcado tras la pantalla de televisión.
Nexos en movimiento.
Malicia en la garganta.
Y un gato.

Cuánto esperpento, madre,
Ha salido de mi cuarto de baño
Y ha permanecido en seco,
Paralizado,
Aguardando un llavero que colgarse al cuello.
Salir huyendo
Sin divulgar nada de todo lo impreso.

Camisetas anchas.
El negro.
Un cinturón.
Nombres que eran míos antes de conocerlos.
Llantos ahogándote en sonrisas los sueños
Cada noche en la que dormías plácidamente
Con mi respiración entrecortada,
Desconociendo el poder de los versos
Que llevo meses escupiendo
-Cuando no quiero cantar
Porque me miran mal,
Porque no sé,
Porque no recuerdo,
Porque no puedo,
Porque se reirían de mí,
Porque he bloqueado todas las capacidades
Que he recibido de forma arbitraria-.
Y ella se fue sin despedirse.

Me enseñaste a mear
Escuchando el sonido del agua.
No sé si para que me concentrara,
No sé si para que perdiera de nervio
El agudo dolor de la carne en rojo morado vivo,
No sé si para no escuchar los gritos
-Una vez más-,
No sé si para que no oyera yo tu llanto.
Te volviste loca de impotencia.

Y yo ahora soporto mi espalda
Al sobrevenirme espasmos
De aire que -creo- no volverá a entrar
En mis pulmones.
Hoy quiero,
Por eso sufro.

Dame un respiro, madre.
Ven a verme.

Seguir en la vida sin nada, prácticamente,
En lo que sostenerme.

Eres el castillo más fuerte
De naipes
Que jamás conoció el hombre.
Porque nosotras, mujeres,
Hemos aprendido a ser premio del perdedor,
Que siempre se inventa un juego de poder
En el que quitarse prendas
Sea el castigo impuesto
Por desconocer quién bebe más
Del vaso vencedor
En la línea de salida.

Enséñame a desaprender.

Yo, enorgulleciéndome de pequeña rara
Con cumplidor complejo de lolita,
Abro los ojos al mundo de engranajes superpuestos
Con que me has construido
Desde el vientre
Y, desde los nueve años,
A tu propio miedo y semejanza.

Deseo despojarme de moldes
Y malos tragos.
Ser capaz de abrir capacidades a gimoteos,
Esta vez, de esperanza o gozo.
Deseo olvidar todo el daño
Que he causado
Tratando de arrancarme a mordiscos los senos,
El vientre
Y la entrada por los brazos.

¿Qué me rodea ahora, madre,
Que ya nadie continúa en mí?
¿Quién me rodea, madre,
Ahora que todo lo que fue
Fue?

He perdido una identidad entera
En el momento en que me dijiste
“Te quiero”
A través de la mirilla
En tu puerta.

 

Dicen que nací en los noventa, cuando lo cierto es que aún no existo. Ni lo hice al caminar por las calles de Nueva York, enfundada en una falda alta y el cuello de un contrabajo solitario que soñaba con tocar Jazz en algún teatro de Broadway.

Siempre con hojas en los zapatos, enredo el sendero que me toca recorrer entre los caprichos de los dedos de mis pies. A veces creyendo en alusiones fantasmagóricas dentro de una nube paralela al cielo; veo catapultarse mi existencia desde ambos prismas -sin comprender del todo ninguno-. De niña, complicada, ataba cien veces el cansancio a mis tobillos subiendo arriba y abajo, arriba y abajo, siendo aleccionada por los ojos de la madre que sólo quiere lo mejor para una. Extrovertida, jugaba a lomos del torreón más alto en la sabiduría de mi abuelo. Mis amigos eran los libros y la soledad que me rodeaba con pinturas, canciones y el único idioma que entendía.

De adolescente, extravagante y solitaria, proseguía viviendo tumbada en un escenario, contemplando la bóveda de estrellas oscilando varios metros sobre mí. El único modo que he entendido la existencia, la razón del esfuerzo constante por la permanencia.
Y ahora que no me quedan hormonas que perder, inocencia, ni la Gran Manzana, ahora escribo por el placer de derramar los intestinos sobre la pulida superficie de cualquier bar y situación; ilustro temiendo ser descubierta; repaso las lecciones de inhalación correcta en la soledad de mis armónicas; continúo practicando el arte de cantar... no vaya a ser que pase el tren, nos miremos y, por perfeccionismo, haga el amago de subir -siempre en pausa.

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CARLOS SALEM SOLA nació en Buenos Aires, y reside en España desde 1988. Ha publicado sus obras en Español, francés, Alemán e Italiano. Es profesor del Centro de Formación de Novelistas de Madrid y dicta talleres de narrativa en España y Suiza,... ver más

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