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Jesús Aguado
Martes, 27/09/2016
De 18:00 a 18:45

DIEZ POEMAS DE JESÚS AGUADO

I
AMARU

Mi amada es tejedora de guirnaldas,
yo transporto viajeros de una orilla a otra orilla.
Los canastos de flores la rodean
como el agua golosa que bandea mi barca:
sus manos son fragantes, las mías tienen callos;
mis ojos son del río, los suyos de la tierra.
Cumplida la jornada nos vemos a escondidas
y yo tejo guirnaldas en sus nalgas y pechos
mientras ella, barquera,
empuja con la pértiga mi cuerpo hacia la aurora:
mis manos son fragantes, las suyas tienen callos,
sus ojos son del río, los míos de la tierra:
ambos somos el otro y este mundo es el cielo.


II

EL TIEMPO Y LA ETERNIDAD I

Estoy cansado de ser alguien parecido a sí mismo cada día,
de ser ese destello de sol en mis ojos cuando el agua desnuda
un cuerpo que deseo, de ser esa gaviota
que planea en el cielo de mi mano y un instante después,
cuando la cierro,
desaparece,
        cansado de ser tiempo en vez de fruta,
de ser espacio en vez de luz ―o ni siquiera luz: un soplo que vacíe,
un vendaval inmóvil que me borre del todo―,
cansado de ser alguien parecido a las cosas que contempla y a los cuerpos
que abraza
pero distinto de las cosas y los cuerpos, incluido su cuerpo,
ese animal extraño y acezante que persigue mi rastro más allá de la muerte.

Si supiera dormirme en las manos del tiempo, como duermen duraznos y
    granadas,
en vez de suplantarle, de intentar ser yo mismo el tiempo,
lo que mirara y abrazara ya no serían cosas, ya no serían cuerpos:
estaría mirando y abrazando mi propia eternidad.


III

CARTA DE RILKE A MERLINE (BALADINE KLOSSOWSKA)

Llevo meses mirando trabajar a una puerta.
Lo he abandonado todo: los libros, los paseos,
la tarea imposible de atarme los cordones.
Me fascina el imperio que demuestra
sobre su propio espacio: nadie puede
ignorarlo, invadirlo, desterrarla,
como si fuera sólo un objeto sin luz,
sin un riesgo mortal: que ella misma le encierre:
o en el mundo de afuera donde acecha el león
o en el mundo de adentro donde acecha
la ausencia del león.
Una puerta recorre su elíptica con aires
de planeta, y también
es hembra y macho a un tiempo como todos los astros.
Hay que pactar con ella, es decir, aceptar
que existe el universo y unas leyes eternas:
que el cuerpo es una puerta, que Dios es una puerta,
que una puerta es un cuerpo y que una puerta es Dios,
que todo es una puerta y que una puerta es todo.
Traspasarla es tan fácil y a la vez tan difícil
como mover un ojo o respirar
pues sólo está al alcance de los vivos.

Esa puerta que llevo tantos meses mirando 
trabajar eres tú, y cuando al fin me entregue
su corazón,
esa dulce constancia sideral,
ya podré aproximarme, cruzarte y descubrir
el otro lado de las cosas.

IV

PELIGROSO. HOMENAJE A CAVAFIS

A muchos el estudio
y la contemplación les vuelve débiles
-soldados que se apoyan en sus lanzas
para andar y no piensan ya nunca en el combate-,
sin resistencia -cráteras en mil pedazos rotas
por el simple portazo de un amante furioso-,
fanáticos -se ahogan porque olvidan
que el barco tiene velas y remos y un timón,
y no sienten el viento, el oleaje,
la voz de las estrellas gritándoles el rumbo-,
monstruosos -son hidras
de múltiples cabezas peligrosas
en un cuerpo que sólo las sirve de soporte-,
inútiles -anegan
las viñas que debían regar-, injustos -son
balanzas amañadas en días de mercado-,
ciegos -si miran, sólo lo hacen con los ojos.

A muchos el estudio y la contemplación
les hace analfabetos
y les aja los lotos de la carne.
Pero no a mí, que sé
-y es lo primero que aprendí- los saltos
que hay que dar del placer a la sabiduría,
qué abismos los separan al principio
-más tarde uno comprende que están enamorados
y les alza una choza de adobe en algún bosque-,
y me mantengo en forma y siempre alerta.

De un exceso a otro exceso, ése es el modo
de no perder el equilibrio: como
Alejandro, emprender 
campañas temerariamente hermosas
y luchar contra Poros en la lejana India
y luego repasar los textos de Aristóteles
y un instante más tarde olvidarse desnudo
en otra piel desnuda y olvidada.

A muchos el estudio y la contemplación 
no les sirve de nada
-son un compás sin uno de sus brazos-,
a muchos el placer les transforma en espíritus
que arrastran sus cadenas sin asustar a nadie
en casas derruidas.
Pero no a mí, que sé
las costumbres de todos los peligros
y cómo despistarles 
cuando van de patrulla por mi vida.

V

Como aquel que repite
la palabra elefante sin descanso
millones y millones de veces,
                muchos días
sin apenas comer,
la palabra elefante,
            la palabra elefante.

Al final ya no sabe lo que dice
y, aunque le llama Dios a esta ignorancia
y le visita el éxtasis
y talla toscamente exvotos de elefante
y viajan desde lejos a postrarse a sus pies,
un día paseando por un bosque
se cruza un elefante verdadero
y se queda parado buscando en su memoria
y antes de que recuerde
            qué es aquello que ve
le tumba el elefante de un trompazo
y le cubre de estiércol
y se muere el maestro
            de vergüenza allí mismo.

Vikram Babu pregunta:
            ¿no es gracioso?


VI

Todo lo que decimos inaugura distancias,/ estructura de modo distinto lo que somos/ y nuestra relación con lo que existe,/ cambia de decorado y cambia de guion,/ modifica el sentido de las leyes/ y nos hace asumir actitudes y fines/ que antes ni siquiera imaginábamos.

Por eso las palabras nos escriben,/ es decir, nos tornean, nos labran nos dibujan./ Para ser más exactos: las palabras,/ lejos de ser pasivos instrumentos/ en nuestras manos, son gigantas poderosas/ (desde aquí puedo ver el grosor de sus músculos,/ sus ojos inyectados, la determinación/ que demuestran sus gestos) que nos usan/ como materia prima para hacerse sus casas.

Las palabras nos hablan, las palabras/ nos habitan. Por eso decir lo que nos dice (o hablar lo que nos habla, callar lo que nos calla,/ escribir lo que escribe nuestra vida)/ es mucho más que un acto/ de aceptación de la existencia; es/ poner una semilla en la palabra/ para que diga lo que somos; es/ seducir la palabra y penetrarla/ para que nos alumbre y nos lleve a su casa:/ y nos lleve a una casa que es la nuestra.

Frente a todos aquellos/ que están donde no están y no están donde están,/ frente a todos aquellos que al vivir/ en una casa ajena en realidad/ habitan una cárcel,/ la poesía y el amor nos hacen/ libres para elegir una casa y un mundo/ y nos dejan abiertos para ser elegidos/ por la casa y el mundo que elegimos.

Y cuando afirmo “todo lo que decimos” quiero/ decir lo que decimos con sentido:/ aquello que se dice por medio de nosotros/ (la poesía y el amor, la luz/ y los bosques y el mar, la nada y el olvido...),/ aquello que bautiza las medidas del mundo/ (rediseña la planta de la casa),/ aquello que le da al mundo otra apariencia/ sin por ello impedir que siga intacto,/ aquello, en fin, que afirma lo que es/ en vez de destrozarlo, de ignorarlo,/ de pasar a su lado con los ojos borrándose.


VII


AMAR

la tetera humeante
las manos ahuecadas
            todavía
el sol sobre las plantas


VIII

Mi padre se subió al tejado. Estaba a punto de caer una tormenta. Un gato maullaba. Le quité la escalera de mano. Era un juego, nada más. Un juego. Cuando comenzó a llover, me acurruqué dentro de la caseta del perro a ver qué pasaba. De repente rayos y truenos. Asustado, junté todas mis fuerzas para volver a colocar la escalera apoyada contra la pared. Grité. Nada. Volví a gritar. Temblando, subí agarrándome a los escalones resbaladizos. Aullé. Al llegar arriba: ni el gato ni mi padre. Todavía les busco.
IX


Pasear contigo, padre. Porque te atemorizaba hacerlo solo: desconocidos, animales, el azar de un accidente. Así que me obligabas a acompañarte. Caminabas tan rápido que apenas podía seguirte, y eso, verme disminuido y vencido, te animaba, te vigorizaba, te daba alas. Yo corría, tropezaba en las piedras; tú volabas contra mí, sin atender el paisaje, sin pararte a contemplar una flor, los tábanos, una herradura oxidada, un rebaño de cabras montesas, sin creer en el afuera, despreciando todo lo que no fuera inmensamente tú. Paseabas para pisotear los caminos, la posibilidad de cualquier camino. Paseabas para borrarme del camino, para hacerme insignificante como camino, para demostrarme que, en todo caso, no se hace camino al andar sino al obedecer, al obedecerte a ti. Paseabas para someterme. También escribo por eso: para recuperar el paisaje, la flor, los tábanos, la herradura oxidada, el rebaño de cabras montesas, el afuera, los caminos. Apártate, padre.


X

En un relato de Primo Levi (siglo XX) un avispón se posa sobre uno de los anillos de un árbol que acaba de ser derribado a hachazos por una cuerda de presos del campo de concentración donde el narrador está prisionero. Primo Levi hace un paralelismo entre las rayas (amarillas y negras) del avispón y las de los trajes de los forzados (grises y blancas). Luego, cuando el insecto se echa a volar y se pierde de vista en la espesura de un bosquecillo cercano, uno de los hombres comienza a llorar y se abraza a ese tronco cercenado. Los soldados nazis le amenazan para que regrese a la formación. Él se niega, grita, solloza, hipa, amenaza, aletea. Una bala disparada a escasos centímetros de su sien acaba con su vida. La última imagen del relato se detiene en la sangre que avanza con lentitud, “como un dedo recorriendo la piel de su amante”, por los anillos enrojecidos del árbol.

Jesús Aguado nació en 1961 y ha vivido en Sevilla, Málaga, Benarés (India) y actualmente lo hace en Barcelona. Es autor, entre otros, de los siguientes libros: Los amores imposibles (Premio Hiperión, Madrid, 1990), Libro de homenajes (Hiperión, Madrid, 1993), El fugitivo (Pre-Textos, Valencia, 1998), Los poemas de Vikram Babu (Hiperión, Madrid, 2000), Lo que dices de mí (Pre-Textos, Valencia, 2002), Heridas (Renacimiento, Sevilla, 2004), La astucia del vacío. Cuadernos de Benarés: 1987-2004 (Ediciones Narila, Málaga, 2005 y DVD, 2010), El fugitivo. Poesía reunida: 1984-2010 (Vaso Roto, Madrid, 2011), La insomne. Antología esencial (FCE, Madrid, 2013), Sueños para Ada (Hiperión, Madrid, 2014), La luna se mueve sola (Isla de Siltolá, Sevilla, 2015), Carta al padre (Vandalia, Sevilla, 2016).

Entre sus ediciones destacan: Antología de poesía devocional de la India (Índica-Etnos, Varanasi, India, 1998 y Olañeta, 2007), Kabir. Poemas breves (Olañeta-Índica, Palma de Mallorca, 2001), La casa se mueve. Antología de la nueva poesía cubana (maRemoto, Málaga, 2001, con Aurora Luque), Antología de poemas de las tribus de la India (maRemoto, Málaga, 2003), No pasa nada. Los poetas beats y Oriente (El Bardo, Barcelona, 2007) y Fugitivos. Antología de poesía española contemporánea (FCE, 2016).


 

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