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Macky Chuca
Lunes, 26/09/2016
De 18:00 a 18:45
Lunes, 26/09/2016
De 22:30 a 23:55

abejas

hoy acomodé todas mis
dicen que puede formarse un ejército con ellas
entonces las puse en orden
no es tarea fácil    son carnívoras
bichos pesados del tamaño de gatos
son nocturnas también
rastrean el campo con mirada láser
chupan el polen de los mejores roedores
sin embargo las ordeno
porque es lo que se espera de mí
la gente quiere verme con una vida     ordenada
es por mi bien                me lo merezco
entonces
        en aras de la muy inflada serenidad
ordeno mis  
y las envío a pastar
a los campos de adormidera
a que liben todo lo que puedan 
de opio blando
mentiroso    acariciador
para que así se olviden de lo mucho que les gusta
    el resplandor rosado de la carne
    el jugo pegajoso de la siesta
    poner golpes de sal en la penumbra
    comerse las madrugadas ya sin rimmel
les doy alcaloide fenantreno
directo de la planta
se me duermen    pobrecitas
bichos hermosos
se me duermen    mientras me hacen la miel
y entonces busco un té decente
            un té respetable que sepa a adultos
            un té fuerte que sepa a adúlteros
un mísero saquito de té         que sepa a casa
en esta lata llena hasta los bordes de tés saborizados
esa plaga moderna incomprensible
y cómo me odio por no tener una lata propia
y tener que revolver entre las vainillas
                las canelas
                las especias
toda la puta ruta de la seda dentro de una lata de tés exóticos
            dame un té negro normal
si no no vas a saber nunca a qué sabe mi lengua.
pero ya te fuiste de mi lengua
me queda esta taza
donde pondré una cucharada
de la miel boba que han hecho mis ,
drogadas    boquiabiertas
con los dientes flojos de no usarlos donde deben
y me tragaré el té con canela y miel de las moderadas
                        de las precavidas
                        de las ordenadas
y me tragaré mi propia miel
y me conformaré                       y me cloroformaré.

canción para mi menopausia

cuando vengas
añoraré los días
en que los perros hundían el morro entre mis piernas
en nombre de sus dueños.

cuando vengas
tendré que archivar para siempre mi reclamo
a aquel que me llama en semanas alternas
por haberse perdido mi ovulación
y su alarde primaveral
su manía de ponerme las tetas
como faros traicioneros
que encandilan a navegantes
tetas leudantes que buscan manos panaderas
que me enmantequen y me enharinen

cuando vengas
caminaré liviana
sin el peso del óvulo en las trompas
que me hace contonearme a cada paso
un micrón más alta y dos más ancha
para recibir al alfa
al evolutivamente adecuado
que 
(están verdes     barra         nunca quise)

cuando vengas
a ponerme el escote fucsia de calores
cuando me haya olvidado de la arritmia
en aras del hueco y el sofoco
¿qué baile nuevo me deparará la hormona?
¿a quién le informaré en tiempo real
sobre el contorno de mi culo y su querencia?
¿a quién le contaré
que ya no ando alborotando perros
y que los dueños me parecen muy cansinos
y que quiero que me amasen de otra forma?

cuando vengas
me parece que me quedaré callada
y dejaré que me cuentes
de qué va esta sustitución de calendarios
a qué sabe el arroz por fin pasado
cómo suena el tren que se aleja por la vía
cómo es abrirse
y no pensar
en la condena de posibles homúnculos
con cara de panaderos en miniatura
con cara de navegantes.

alguien llama
 
alguien llama desde el sótano del bosque
                        pero eso es afuera
aquí en la bruma
yo espero 
dos centímetros por debajo
del aire        de la casa
y ya he olvidado
que hay que romperse 
y romper cosas
para brotar en primavera.
los insectos murmuran
                          no sabes lo que tienes
acurrucada junto al zócalo
espero descifrar el polvo
y el rumor de la termita

confusa, de San Martín

yo lo que quiero es iluminarme
lo digo en serio
fulgurar
que mis ojos despidan ese brillo que los hombres que quieren cogerme dicen que despiden
y a mí me gustaría ser hermosa
pero de verdad
creérmelo
y con ese pulso imperturbable de las que se saben hermosas
escribir versos elevados
y que no me importe que desde la puerta 
y con los pantalones en la mano         me cuenten boludeces
porque para entonces     yo ya habré escrito versos elevados
y habré alcanzado
en todo caso
        la iluminación
                con todos sus accesorios y guarniciones.
y a mí lo que me gustaría de verdad
es confirmar si ese azul que yo veo 
en el resquicio 
entre su pija y mi boca
es azul kundalini 

azul cobalto normalito
porque hay un espectro
saben
hay grados.
y si yo dejara solucionada esta cuestión
de los azules
de la belleza
del brillo ocular
si yo pudiera descansar en mi supuesto fulgor
de toda esta cosa
tan
lumínica
que me preocupa
podría dedicarme de una vez por todas 
a escribir 
alta
altísima poesía
poesía sólida y estentórea
en lugar de esta queja tanguera que me sale
cuando no me tratan bien
o
cuando me enroscan de manera extraordinaria
hombres que después se me escapan
se me escurren
se me resbalan entre las piernas con complejas excusas espaciotemporales.
y yo sé que vengo divina hoy
pero hermosa imperturbable no
y ese de ahí atrás mueve la cabeza como diciendo
yo no me escurriría jamás, morocha
y yo te digo que sí, flaco, sí
    si miraras de cerca esta marca de nacimiento que tengo
    si metieras el dedo en mi intensidad fotovoltaica
    si me escucharas hablar día y noche de azules kundalinis
vos también saldrías cagando.

sola y la zarza

1.
todos ustedes
que señalan el fuego siempre vivo
para que yo lo vea
quiero que sepan que desde aquí no distingo
el dedo del fuego
y no hay previsiones de que vaya a entender de un momento a otro.
por qué no se apaga nunca
quítenme este efecto
se desenchufa de ahí    del pedal.
siempre me confundí el phaser y el flanger
alguno de los dos debe ser el que molesta.
apaguen
de una vez por todas
que esto no es vida
quiero descansar 
de la condena del vaso medio lleno
y la zarza.

2.
la zarza
apunta a algo que ella no puede 
comprender
ni sostener entre las manos
sin volverse de azufre y kerosén.
si pudiera apartaría la vista para ser de otro y no de él
del que le muestra
la llama y la puta de la zarza
que nunca se consume.
pero no
no cerrará los ojos porque no puede
no mirará otra cosa porque no sabe
se arrodillará 
liviana
como ha sido siempre
pero no piensen que es adoración
es sólo hambre.
some other time
 
levántame y calla
no es necesario aún
que nos hablemos
apenas puedo trazarte en movimiento
en los ojos
me llevabas a través del aire.
ahora se quema todo para irse
ahora me llenas de estrellas el lomo
y pasan los momentos de decirse
como trenes en una película
dirigida por un sordo.

doméstica
 
soy la de ahora
la de la casa
a falta de poder ser otras
más prietas y etéreas.
ya no puedo ser la que aparece
con cartas perfumadas
no puedo ser             la otra
con carga definitiva
de episodios y toxinas
no puedo ser ninguna
de las que estuvieron un tiempo
reducido a miradas
un cigarro compartido
la neblina precámbrica
en la que se vendían baratas
la escapada y la trasnoche.
soy la de ahora
la de la casa
condenada al amargor de
permanecer
y desvaírme
hasta que
nadie
en su sano juicio
pueda confundirme
con una entidad
una mujer
un ser deseante
condenada a ser mueble
cobijo
tal vez cena frugal
sólo soy la de ahora
y la de ahora en anhelante.

con mi balsa

las flores amarillas que me golpeaban las piernas
mientras iba en bicicleta por Lago Puelo
son mi casa.
la cutícula seca y levantada
de mi dedo corazón
también es mi casa.
la yema de ese dedo
me riega y me garúa
y me lleva sana a casa
cada vez.
algunas mañanas me despierto
miro a mi alrededor
y no reconozco el espacio
ni mis cosas.
algunas mañanas soy náufrago
bicho escamado
afónico de sol
hipermétrope de ver sólo agua y sólo cielo.
tantos años viviendo junto al mar
me deben haber hecho mucho daño.
hay algo en mí que se castiga
por semejante privilegio
regalándome algunas mañanas
un pavor de balsa
hondura trémula bajo el parquet
el viejo miedo a la oscuridad
al que ya vencí en pasillos y en esquinas
pero que vuelve, salado, al paladar
que vuelve, vértigo, al talón
que vuelve a esto telgopor y deriva.


con mi balsa II

algunas mañanas soy náufrago
y me pesa el cuerpo
y me balanceo en el espacio
apóloga del martirio
enganchada por unos cuantos centímetros cuadrados de piel
la noche     esa herida alargada
me deja este vestido de nácar
molusco bivalvo 
y tanta sed
y hay una cuerda que me ancla al fondo
de tu fondo.

Declaración de debilidad

Yo, que no tengo enfermedades serias, salvo esta insistencia en respirar, yo que me frustro sin remedio algunas mañanas porque el beso llega desteñido, declaro que me moriré, igualmente, sin estrépito. Me moriré de la muerte sola que silba en las esquinas.
Yo, que me levanto alcalina y blanda por las mañanas, y me hago la linda y la valiente, miraré a la muerte sola que silba en las esquinas porque he sufrido el equivalente al millón de dólares que valen mis ancas. Revoleo el pelo así, a pesar de las contracturas, y tintinean mil monedas oxidadas porque brillan mis marcas y yo las cuento y las riego en esos días. Yo, que no puedo subirme a una cama sin soñarle finales felices tipificados por demasiadas horas besando pantallas y páginas, me callo para oír como tintinean cospeles de subte y fichines de flipper, tiznados de desprecio.
Yo, que juego el juego sucio del hastío y del reproche, me subo a la cama como a una cima inexplorada y allí espero, mi tisis siempre lista para hacerme caer redonda si intentan cortar de mi todo lo verde que pensé que brotaría en otra lluvia.
Yo sólo sé jugar de una manera y no puedo competir con las colosas.
Yo, que me quejo de llena y me rumio las costras y las penas, con las sufridoras legítimas, con esas no puedo competir. Y no puedo jugarles una carrera a las pobres reinas de barrio que sacan adelante solas a sus hijos. Ni a los riñones de mi abuela y sus nudillos hinchados, que encima dicen cosas y ternuras prolijitas.
No puedo ya jugar carreras en el barrio, no me da el cuero ni la street cred.
Yo sólo miro y oigo como los magnánimos de esta pobre vida flaca las señalan y ensalzan diciendo (tierna, prolijamente): ellas sí que sí, ellas de verdad.
Yo solo miro y oigo a los limpios y sus vítores y callo porque tengo cicatrices que los demás no notan cuando me pasan el dedo buscando polvo.
Ellas sí que sí, ellas de verdad. Esperarán conmigo el ultimo silbido cuando nadie más tenga palabras, cuando el dedo que nos pasen a madres y enfermitas y putas sea el del olvido terco, el del olvido al mérito.

Cómo agitar el mar debajo de tu falda

Considera la pelvis. Es un cubo, un balde. Contiene aquello que llevas en el cuerpo que se parece más al mar.
Considera moverla. Si la basculas hacia adelante o hacia atrás, el contenido de tu pelvis puede derramarse. Es conveniente mantener cierta movilidad, pero en la postura de pie, esa que los terapeutas corporales dicen que es la posición de descanso absoluto, tu pelvis debe contener el mar entero sin que se vuelque ni una gota.
Así debes ir, mujer, con la pelvis en perfecto equilibrio dentro de tu cuerpo. Por no hablar del corazón. El corazón también debe colgar como una manzana, mordida, comenzando a ennegrecer por la oxidación, a punto de pudrirse tal vez, pero en perfecto equilibrio dentro de tu cuerpo.
Considera tu corazón. Dicen que tiene el tamaño de tu puño. Dicen que los testículos de un hombre tienen el tamaño de su puño. Todo mentira. Mira de cerca puños y huevos, mira atentamente cómo se cierra el puño mientras los huevos son amados y elevados por el placer. El tamaño no siempre es análogo. No podemos saber ahora mismo si la analogía tamaño de corazón-tamaño de puño es verdad o mentira, no lo sabremos hasta que te abran el pecho, linda, con una y griega de esas que sirven para unir pero también para separar. Las y griegas mantienen una distinción entre las dos individualidades. Se comportan como bisturíes que separan tejido y músculo, mí y tú, mi mí de tu tú, yo y tú y tuyo y mío de nosotros y lo nuestro. Así pueden venir después los hombres sabios, los ingenieros y cirujanos de esta vida, a hurgar dentro de tu pecho y comprobar, de una vez por todas, el tamaño de tu corazón con respecto al de tu puño.
Considera el corazón de una vaca. No lo dudes: la vaca también tiene corazón. Mira a la vaca a los ojos. Los ojos de una vaca son amor. Las chicas que ostentan pestañas sedosas y miradas lánguidas han trabajado mucho por obtener esos ojos de vaca fantástica. Los ojos lánguidos, las pestañas mojadas se obtienen lamiendo mucho, lamiendo fuerte, como vacas con corazón de león.
Considera el corazón, entonces, de una vaca. Para ello tendrás que palparle el pecho, si se deja. De lo contrario, te aconsejo que vayas a una carnicería y compres un corazón de vaca. Siempre podrás dárselo de comer luego a tus gatos. Los gatos aprecian la textura gomosa, sus mandíbulas agradecen el ejercicio. Eso si no son unos gatos modernos y blandengues, alimentados con piedritas desaboridas.
Verás que el corazón viene con una coraza de grasa protectora. Piensa en ello. Corta en cubos el corazón de la vaca para dárselo a los gatos. Mira qué resistente es el tejido, qué compacto. Que no te extrañe: debe bombear sin parar para mantener en movimiento a una mole de dos toneladas. Debe mantener irrigados sus siete estómagos mientras ella rumia kilos y kilos de pasto verde para que su carne sepa bien para ti (eso si no es una vaca moderna y sometida a comer pienso hecho a base de los huesos pulverizados de sus hermanas, vacacaníbal). 
Vuelve a admirar el tejido oscuro y elástico del corazón de la vaca. Es así de fuerte porque debe mantener irrigadas sus siete ubres, para que tú tomes yogur griego con bífidus y cagues bien, para que puedas bañar con yogur griego la profundidad de tu vagina en caso de cándidas.
Aprecia nuevamente la capa de grasa que cubre el corazón. Hace falta mucho calor para fundir esa armadura. Piensa en ello.
Aprecia el hecho de que ese corazón perteneció a una vaca fantástica. Guarda un minuto de silencio por todas aquellas rumiantes de ojos lánguidos y pestañas mojadas que lamen y luego ofrecen el corazón para que lo envuelvan en papel y se lo coman los gatos y tú aprendas algo.
Considera estar embarazada. Imagínalo. Si no puedes imaginarlo considera llevar un alien que crece dentro de tu útero, que también es elástico, una criatura que te redondea, que estira la piel de tu vientre, que hace que tus costillas se abran, que empuja todos tus órganos hacia afuera y arriba, que logra incluso que tu corazón se mueva dentro de tu cuerpo. Que ya no cuelgue, manzana mordida, oxidada, podrida, en perfecto equilibrio dentro de tu cuerpo.
Los hijos, los hombres de huevos como puños temblorosos, las chicas con ojos de vaca fantástica, todos ellos tienen la particularidad de poder mover corazones dentro de los cuerpos. 
Demos gracias al Señor por la elasticidad de los materiales.
Considera tu pelvis. Tu pelvis y todos los órganos que alberga son elásticos, para poder contener aquello que llevas dentro del cuerpo que más se parece al mar. Considera cómo quieres mover tu pelvis, y los recipientes rosados que contiene. Considera cuánto mar estás dispuesta a mover en cada oleada.
¿Tienes el corazón lo suficientemente compacto como para mover el mar?
¿Es la corteza de tu corazón lo suficientemente gruesa como para conservar el calor de tu tierra?
¿Conoces a algún cirujano que pueda hablarte sobre ello con palabras dulces a través de la mesa de un café?
Considera tu falda. Es ropa, que al fin y al cabo es sólo harapo taparrabos. Es eso que nos ponemos para disfrazarnos de personas, porque una no puede ir por la vida con el culo enhiesto y bamboleante y desnudo, moviendo mares propios y ajenos. O eso dicen. Dicen que una no puede, y una no lo hace. Y así vamos, mirándonos con ojos de rayos equis y adivinando los mares debajo de las faldas, los culos debajo de la ropa, los puños debajo de la carne.
Considera lo que hay debajo de tu falda. Tu pelvis, y los puños de carne rosada que guardas dentro, aquello que eliges abrir cada tanto, para dar y recibir. Abres los recipientes rosados para dar agua, para dar mar. La falda es el límite. La falda es la frontera. Más allá de la falda, los otros. Más acá, tú, la dueña de la fuente, y aquellos a quienes invitas a beber de esa agua.
¿Cómo agitar el agua debajo de tu falda?
Considera un dedo. Puede ser el dedo del cirujano, o el tuyo propio. Considera un dedo en el recipiente rosado. Fuera, arriba, el interruptor del mar. Se abrirá aquello que llevas dentro de la pelvis y se agitarán las aguas.
Considera dos dedos. Dentro y dentro atrás. Allí, donde el yogur amansa el bolo fecal, allí también hay interruptores agitadores de aguas. Tal vez tengas que contar con dedos prestados. Uno de ellos, o ambos. Puedes pedírselo prestado al cirujano, si aún no te has cansado de esos cortes prolijitos que aplica a tu raíz con insistencia de maestro del bonsai.
Considera tres dedos, cuatro, toda la mano.
Considera toda la mano. Dentro. Y fuera. Cerrándose sobre lo rosado, lo ya muy rozado, lo muy acuático. Que se cierre y apriete y aguante. Descansa. Que se aquieten las aguas bajo tu falda.
No. No descanses ni te aquietes. Considera algo más grueso que un dedo, o que tres. Hazlo tuyo y juega con él. Paséalo junto al mar. Tiene gracia. 
¿Y el corazón? El corazón viene con capa de grasa, como el antiguo patefuá. Como el jamón del diablo. Después de todo es una manzana que cuelga, mordida, oxidada, podre. 
Después de todo este tiempo, venimos a enterarnos de que el verdadero fruto prohibido es el propio corazón, y el diablo nos lo da a morder pero con capa de grasa, como el corazón de las vacas. Las mujeres sabemos morder igual, a través de la coraza, y perdemos el equilibrio. Después vamos ofreciéndolo por ahí. A veces confundimos corazón con los otros recipientes. No. La capa de grasa resiste los embates y el embat, el viento térmico provocado por la diferencia de temperatura entre el mar y la tierra.
Es un problema cuando los termómetros marcan temperaturas diferentes. Cuando tu sensación térmica sea más alta que la de la vida, cuando los bisturíes abran y griegas en tu esternón, cuando se te sequen los ojos y no recuerdes cómo besar con las pestañas, considera agitar el mar debajo de tu falda. Ya sabes cómo.

 

En 1973 Elvis estrenó Aloha From Hawaii y los Stooges publicaron Raw Power. Desde las islas televisadas, el Rey volvía con su troupe ultrakitsch para cantarle a las madres de familia, mientras en el submundo la Iguana lo cambiaba todo para siempre con la explosión nuclear del punk y su reacción en cadena. Al tiempo, Macky Chuca nacía en el barrio de San Martín de Buenos Aires, distrito neuronal, empujada hasta aquella orilla del Atlántico por una conjunción astral de sangres polacas, croatas y calabresas. El punk y el corazón –el uno sin el otro no valen- la llevarían años después a la orilla opuesta, hasta España, sin dejarle perder ni un punto de crudeza y de poder. Allí, durante más de una década, mientras la escritora se labraba en la sombra,  fue frontwoman de Mostros, prodigiosa banda de punk&roll sudoroso y emotivo.

Mucho sigue habiendo hoy de visceral en lo que Macky ofrece, pero también de esa saliva dulzona y envenenada que esconde siempre el buen rock&roll. Muestra de ello es el libro de cuentos La reina del burdel (VIII Premio Café Món), donde revisa sus filias musicales en obras maestras como Las chicas son huecas (que remite a The Cramps), pero demuestra al tiempo una delicada capacidad de observación del entramado social y las pequeñas esclavitudes personales. Muestra de ello es también el extraordinario poemario Saliva, donde doliente sensualidad y desafío vital se unen hasta conseguir esa única y difícil textura de luna desgajada. Otros esfuerzos como la plaquette Síntoma o su colaboración permanente en la revista Karate Press dan fe de su permanente alineación en el lado Do it Yourself de la vida. Actualmente Macky se encuentra puliendo su segundo poemario, que será publicado antes de final de año, combinado con un proyecto multimedia que hará saltar los textos del papel a los tímpanos, retinas y biochips del respetable. 
Relájense y escuchen la conmovedora furia del leopardo callejero a la hora del té.
(por Luis Boullosa)

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