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Maurizio Medo
Sábado, 01/10/2016
De 18:00 a 18:45


HOMERADAS

Ítaca no existe para el agua

Hemos oído tanto

Tantas heroicas leyendas inmunes al dolor

Tanto drama clausurado tal una ceguera en aires [combustibles

Tantas noches furiosas, clavadas en cruz fantasma

Hoy todo es tábano que zumba, sordo, dentro, en la [memoria

Glaucos caminos enrumbando por prohibidas zonas

Lascas cenizas

Ahora es lo terrestre

Quizá haya religiones de poemas límite cuyo dogma
se adentra en lo absoluto

Pero chitón

Una amable inscripción en la pizarra es suficiente

No hablemos de zarzas humeantes, producto de un dios vivo,
de linajes, del barro convertido
ni de la mar abierta en bíblico oleaje

Esta isla aprende otros idiomas

Basta ya de dones confusos y destellos

Ya basta de homeradas


CONCIERTO EN SOL MAYOR, EPIFÁNICO


“Árbol” escucho otra vez 
Entre “colesterol” y “triglicéridos”
No “palto” “abedul” 
“abeto” o “pinsapo”

Solo “árbol” 

Empina una sombra susurrando 
entre las ramas rotas 
Por el ave huida 

Pienso en lémures 

Trasgos 

En una máquina siniestra cuyas 
consolas mezclan ay con ayer 

Tala y árbol 

Oh torres solo 

Ya no hay un pájaro, candor 

¿Qué fruto entre las volutas de polvo? 

Y sin embargo la voz “árbol”
Ayer azul falo fanal alfil 
hoy mito, apenas

Soy su nefasto escribano 
El que oye y no ve su traición inquina 
El Salieri de la sombra
—del niño que se empina 

De inmediato subrayo “niño” 
Aquel sueña a un hombre 
Casi a su ancestro 
Escribiendo acerca de un árbol 

Una sombra 

Lémures

Su casa como Ítaca

Del lar arráncalo de bruces 
al transtierro Líalo 
en embrollos mil entre 
los hados y, luego al óreo, 
déjalo 
Mueve y mueve el tontito tren 
De la poesía por el riel 

Es quien sueña oír una voz (“árbol”) 

Aún en hora punta


Sueño soñado


CARROLL


Excucusadme si os retraté con el cu
cuello ajirafado o popor dibujarla
fefetal en una madriguera. 
Sois la bebelleza atroz que escuece 
mi coconciencia. Cuando os contemplo, 
así, totodo ensimismado,
ando prepreguntando de qué sueño sois origen.

Esta almama mía, rudi men ta ria y aritmética 
vive agónica,  sola
presintiendo la muerte de su su amor.

-Cortadle la cabeza- sentenció vuestra madre.
Que no os aflija. Veveo aún como ondulabais
el agua con oníniricas estampas, 
bogando por el Isis.

Alicia, aunque fuere yo un humimilde tutor, 
Inmerso en las mamatemáticas y la lógica,
¿seríais fe feliz siendo mi esposa? 

Búsquememe en el revés de vuestro Espejo.

Os espero Alicia.

Yo os espero.


EL SÍNDROME RIMBAUD

Quise sentar a la belleza en mis rodillas,
con los pies clavados en una inhóspita Abisinia.
Ella díjome: ¿Y con ese gramaje tan liviano
es que pretendes,  de pronto, así, domesticarme?
¿Y con ese enjuto rostro y el ojo bizco,
crees ser capaz de cortejarme?

Pato feo -me escupió.

Ahora quiero escribir pero...
Me sale espuma, me sale espuma
por todos los orificios deste cuerpo.


ESCENA 4: EL GATO, ¿ES SOLO UN SIGNO?

Somos de repente lo que los árboles tratan

De decirnos que somos:
Su simple estar ahí
JOHN ASHBERY

La radio cantó la balada de una mujer
(tres veces muerta) hasta que secó 
como uno de esos almiares dejados 
atrás, en la carretera Yo seguía en 
el auto, resignado y, de pronto, 
cruzó un gato Era negro, ¿la cábula 
pactada se cumple cuando no hay 
movimiento y en los hospitales las 
diferencias entre sábana y mortaja 
redujeron por una huelga en la oficina 
de Recursos y Mantenimiento? 

El gato cruzó otra vez, sobre 
todas las otras cosas

La suerte es así

Nunca está en frente

Entonces la realidad hizo chasquear su tálero 
y como solo puedo conocerla a través de mí 
(por el retrovisor de algo tan condicional 
como la vida) a medio camino de ningún sitio 
Me sentí un huésped Por tanto pisar los pedales 
El auto no responde Se abandonó por entero 
(como la vida) a ninguna esperanza de auxilio
Hasta oír algo que los árboles no pudieron contarme: 

el gato estaba sobre el parabrisas, listo 
para atentar contra mis pensamientos, 
tanto que me atreví a vaticinar: 

“los árboles hoy no me contarán nada” 

Les hace falta cierto nivel de oscuridad para 
que su fotosíntesis incluya también
la producción de símbolos 
    
El gato es un signo

No es como la araña, o la idea
de la araña, esa que existe 
al desaparecer de la tela 

Es un signo, me dije, en medio de 
la crisis de los signos La soledad 
ha sido ocupada por cierta manía 
de la historia: perpetuarse 
aun cuando nada acontezca 

Y como no es superficie… para dejar 
un rastro debe cruzar las pampas 
de ciertas frases hechas (y los ribazos 
de esas mismas frases) sin palabras 
definitivas, de un lugar a otro,
hasta desaparecer (como la araña
luego de tejer la tela) 

No consigo descifrar qué callaron 
los árboles en esos rojos de hibisco

Esto no hará aparecer al Servicio de Grúa 
Ni conseguirá que el Hombre Manco aprenda 
a preguntar qué flor expresa la fatalidad 
de los días Y como nadie le responderá 
azucena El oficio de florista existe solo 
en una canción de una forma 
tan emotiva que consigue 

conmover hasta a los perros


ESCENA  14: AMERICAN POET


Sea lo que fuere un poeta estadounidense (como 
observó Simpson)  este debe tener un estómago 
que pueda digerir caucho, carbón, uranio…

Mulligan lo es, pero no arriesga, envejece
rumiando  pasto, y yo no creo que la escritura 
se restringa al contrabando de unas cuantas 
reflexiones, articuladas bajo súbitas variaciones 
atmosféricas (cuya síntesis aparece digitalizada 
con el valor de un hashtag ),  

mínimas como esa fracción de segundo en la que 
Basho escribió ¡zas¡ sin percatarse que la rana 
“chapaleaba”, náufraga en esa versión 
chilanga de don Octavio Paz 

—Las ranas son afrodisiacas—comentó Lady Diana
 
Y como Carlos estaba en Glasgow quien la oyó fue 
el doctor Hasnat Khan  No sé si Carol Ann Duffy 
pensó en ellos antes de concluir la frase “enamorarse 
es un glamoroso infierno” y ni siquiera si sus glándulas  
ahogaron en tal pacto porque no habrá nadie 
para una aeda de la corte que celebra efemérides y 
un largo etcétera en aras de la gloria nacional 

El mayordomo lo supo: yo no era británico y
el corro de poetas indigentes becados en Manhattan
se aproximó fraterno Eran peruanos hasta dar la media 
vuelta al descubrir que yo ignoraba cómo 
dibujar un guarango, al no estar impreso en el pavés

Perdonarán: soy de Camelot sea lo que signifique
ser un poeta peruano

Mis favoritos son escandinavos

ESCENA 18: LA MUERTE NOS RECORDÓ A CELAN

Y yo me había creído la versión esa 
del Maestro alemán que nos asignaba 
unas cuantas parcelas para transcurrir 
en plena música y realizar cierto número 
de deseos Los mismos que, sin sospecharlo,  
estarían con nosotros hasta la edad de 
nuestros padres, ya sordos, en los bornes 
de esa música, para solo negarla

O que se aparecería en un extremo, como un 
otro yo, versionado en párvulo, con el fin de 
conducirnos al punto de partida por un atajo 
que habíamos tenido que cargar a lomo 
y después cruzarlo 

Celan prefirió mantenerse lejos de las rimas 
alemanas del Maestro y, en vez  de desplazarse 
como un opaco escaque por los espacios vacíos, 
eligió el suicidio, tal vez susurrando "pallaksch " 
(y solo "pallaksch "), zafio ante las reglas 

Algunos juran haber oído el mantra del 
Más rumano en lugar de las rimas (mientras 
escuchan cómo caen una por una

las oscuras piececitas del parkase)


ESCENA 21: CAGE

El silencio es solamente el abandono de la intención de oír
JOHN CAGE

       para qué partituras meditaciones cartujas mantras bengalíes    
                 … y todo lo que se emprenda       contra el ruido     
mientras la zzzzz fricativa         de una mosca zumba en el prana
  cedámosle la voz desaprehensivos         hasta que hoce convulsa 
en el sentido    eso hizo el viejo cage 4’33’’ (tacet tacet tacet)                  
en lo absoluto pretendo poblar con blancos            lo ya blanco                                                            
                             o con preclaras cofradías de sopranos   
                                   ni anteceder al eco, primigenio                                                                
(ni sé bien cómo caí de cara aquí)               salvo para situar           
      el sonido de un  motor de 250 HP como un grafema  antepuesto 
                   a la palabra sor ante ninguna garita de control 
                  o para tildar mística con el disparo de una colt 
                        y tronar los dedos apurando toda vibración

tacet tacet tacet tacet tacet tacet
tacet tacet tacet tacet tacet tacet
tacet tacet tacet tacet tacet tacet

contra la muerte


ESCENA 23: JACK


La radio que anunció la muerte de Jack Spicer 
no advirtió que su fantasma cruzaría en 
bicicleta lo que sucede entre nosotros para 
delimitar una frontera entre lo que dijimos 
y su pasado evitando los malos entendidos
con un estricto sentido antihorario Sin advertir 
que jamás cruzó en bicicleta Fue en una barca
a través del río porque allí cualquier reflejo 
existe cuando algo cae en el fondo de sus aguas 
y mantiene viva la ligazón del río con el viaje 
(y que juntos saben ocultar) La pintura que 
me anunció la muerte de Spicer no pudo
reconocerlo entre los miles que observaban 
el juego de los Mets agregando una línea 
pintada con un color primario sobre la jarra 
(había una jarra)  que pudo ser Percival 
herido por una noticia con ráfagas de balas 
El profesor que me explicó su muerte dijo que 
esta no había sido del todo consumada

—Es el lenguaje—concluyó


ESCENA 35: WOODLAWN CEMETERY


Con todo el pasado por delante para nosotros 
el tiempo dura dos veces Por gravedad 

La de una historia que no sabe conjugar ayer 
con presente,  tal si alguno de estos fuera 
una hespéride  que existe a través 
de cierta oralidad  

Para adelantar al pasado los peruanos desarrollamos 
una resistencia muy particular: debemos correr 
una perpetua maratón hasta alcanzar el presente 

—Mañana correremos más rápido—prometemos, 
mientras quedamos cada vez más atrás

Y volvemos a empezar sin saber que el diálogo, 
para las futuras generaciones, 

en vez de con la república, 

debió ser con nuestro origen 
y desde ahí cruzar al infinito

 
ESCENA 36: CIERTOS ÁRBOLES

Esa vez los árboles trataron de contármelo 

Recordé a Ashbery 

“Somos su simple estar ahí”

Contentos por no tener 
que reinventarnos 


ESCENA 37: PERUVIAN DREAM


Para Benito Del Pliego


El Hombre Manco no estaba en la calle contigua, 
era en una avenida de aquella canción 

La materia prima de mi lista de pendientes me excede
con sus relatividades y, como 500 años de historia 

ocurren cada tarde, y fuera del pensamiento, 
no me agrada pensar que de por medio está 

la palabra “sangre” Llora muertos aunque yo lea 
simplemente “sangre”, ¿cómo lo traduciría 

Benito Del Pliego, con algo así como “dios”?   

En mi país la historia y la poesía son inmiscibles 
Dos vértigos, en donde cada medida de tiempo 

es susceptible de verse alterada solo con una pizca 
de vapor  Y como alcanza su máximo valor en
 
el vacío, todo en él se desvanece para empezar, 
otra vez su construcción
 

Maurizio Medo (Lima, 1965) es autor, entre otros libros de poesía, Manicomio (1a. ed., Santiago de Chile, 2005, La calabaza del diablo, 2a ed. Lima, Zignos, 2007; 3era ed., La regia cartonera, Monterrey, 2013; 4ta ed., Mantis, Guadalajara, 2013; 5ta ed. Varasek, Madrid, 2014) ; Dime novel (1era ed. Ediciones Liliputienses 2014, Arequipa; 2da ed., 2015,  Luzzeta ediciones, Guadalajara) y parte de su obra reunida fue publicada en Ediciones Liliputienses en el año 2015 con el título Cuando el destino dejó de ser víspera en el año 2014. Editó también


las antologías de La letra en que nació la pena: muestra de poesía peruana 1970-2004 (2004), con el poeta Raúl Zurita; País imaginario, escrituras y transtextos. Poesía latinoamericana 1960-1979 con el poeta español Benito Del Pliego (Amargord, Madrid, 2013) y el diálogo Escribir contra la pobreza, con el poeta Eduardo Milán (Monte Carmelo 2007). Su obra poética que ha sido parcialmente traducida al inglés, francés, checo, croata, portugués e italiano, aparece en antologías tales como Pulir huesos: Veintitrés poetas latinoamericanos (Galaxia Gutenberg, 2007), La mitad del cuerpo sonríe. Antología de la poesía peruana contemporánea, de Víctor Manuel Mendiola (FCE, México, 2005), Festivas formas. Poesía peruana contemporánea, de Eduardo Espina (Colección Poesía, Editorial Universidad de Antioquía, Colombia, 2009) e Intersecciones. Doce poetas peruanos, de Ernesto Lumbreras (Calamus, México, 2010) y obtuvo reconocimientos tales como el Premio Nacional de poesía “Martín Adán 1986”, en el Perú,  y el Premio Internacional de Poesía “José María Eguren” 2005, organizado por el Instituto de Cultura Peruana y el Latin American Write Institute en la ciudad de New York. También se ha desempeñado como jurado en eventos como el Premio Hispanoamericano Festival de la Lira, celebrado en Cuenca, Ecuador; y en el Premio Internacional de Poesía Manuel Acuña, celebrado en Saltillo, México.
 

Autores Relacionados

Cáceres, España, 1972. Ha publicado los poemarios Las ciudades de la llanura (ERE, 2000), Árbol sin sombra (Algaida, 2003, Premio de poesía Ciudad de Badajoz), Estrategias y métodos para la composición de rompecabezas (El Bardo, 2008),... ver más

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