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Rafael Espejo
Lunes, 03/10/2016
De 19:00 a 19:45


NOCTURNO

La oscuridad del cielo adquiere perspectiva
por los astros que brillan  entre nubes dispersas,
y es bello contemplarlo, y peligroso;
el crepitar de leña que nos sugiere el sexo,
canciones de acampada y juventud
dispuesta a emborracharse
con la luna; hay también
quietud en lo profundo, donde no ocurre nada,
allí donde podría imaginarse
un vuelo de lechuza que atraviesa el silencio.

Y todo se resume en la palabra
fugaz.

Pero yo me detengo en ese corro
que corteja a la vida, compartiendo
explosiones de júbilo y otra suerte de guiños
que luego buscarán intimidad
a la luz de las brasas de la hoguera.
Uno de ellos parece ensimismado:
“mañana... estos momentos...”
se teme, 
y no disfruta.

Entre tanto, las chicas,
sensuales con sus nucas descubiertas,
dotadas de misterio por reverberaciones
de llamas que iluminan, de vez en vez, sus rostros;
ajenas al dolor
que acaba de robarle la sonrisa
al joven pensativo.
Se saben triunfadoras del presente.
Y el presente les dura hasta mañana.

(de Círculo vicioso, 1996)

              

MADRIGUERA
                    
Desde las mantas,
como el vaho de un horno,
sube su aliento rancio en la mañana:

huele a barro
el regusto lechoso y fermentado
de su sueño en la boca.

Con hilillo de baba
seca en la comisura de sus labios

y un sudor aceitoso surcándole la piel.
Las greñas enredadas.

(¿No desean lamerla, retozarse con ella
como serpientes entre hierbas altas?)

Así la quiero yo: hedionda,
envuelta en la placenta de los días;
presta para nacer entre mis brazos
con las primeras gotas de una luz
                                                         que la persiana filtre
macerando sus ojos.

Así. Pura mujer. Sin trampas.
Pestilente. Fluvial.
Inmaculada. 


                                     


DE  NOCHE,  LOS  DOMINGOS

De noche, los domingos son más tristes.
Ayuda la impresión bobalicona
de la luna distante, cuyo velo de flema
irreal se contagia:
las familias se arropan a la lumbre
eléctrica, o apuran
los restos de la cena quedamente,
pensando ya en la paz merecida del catre;
descienden el telón de las persianas
y se rinden al sueño de sí mismas.

“Que nadie nos moleste”
digo entonces,
“vámonos a un rincón”.
Me aprietas silenciosa. Tú también tienes frío.
Pero los dos sabemos que quizás
sea mejor así,
caminar solitarios los recodos del pueblo
y a espaldas del convento
–piedras despellejadas con verdín–
nuevamente entregarnos en un culto
feliz porque salvaje:
                                 dos mamíferos
que luchan contra el medio por conservar no más
que su sangre caliente.


 (de El vino de los amantes, 2001)                               
                       
                           


 
    


NO ME LO EXPLIQUES

Cuando unas aguas se diluyen
                                                   en más agua
crece el anonimato del mundo.

También a las hormigas,
mientras portan el grano y lo almacenan,
las atrae esa muda voluntad
integradora.

Si una presa es cazada
la vida toma impulso en el depredador.

Y el viento siempre vuelve,
y la luz nunca acaba,
y las nubes suceden a las nubes…

Algo con insistencia está pidiendo
que me salga de mí si yo contigo.


AIRE VICIADO

Cuando nos falta fe para cremar la tarde
sostengo con el índice la llama de una vela;
y a esa luz palpitamos
de sombra en la pared,
pero no nos abriga.
Como no hacen hogar las mecedoras
(por más que ralenticen el tiempo de tenernos),
ni la mesa camilla, ni el frufrú de las manos,
los libros, la quietud, los días por venir.

¿Qué poso del amor no quiere aquí asentarse?

Ven,
vamos a abrir la puerta.
No precisamos techo para hacer pie,
míralo así:
tampoco tienen un lugar las nubes
pero pasan.
Y cuando acaso alguna se equivoca,
o queda rezagada,
o el viento la desvía,
no importa, también pasa, también su rumbo es cielo.


AUTORRETRATO

Al final de estos brazos unas manos
para tocar por gusto
o acercarle sustento
a la boca, que pía.

Igualmente dos piernas acopladas
al tronco: lo pasean
con sus lagares dentro,
con sus filtros y bombas,
sus engranajes sordos.

De perfil me embellecen
un ojo y una oreja, media nariz, dos labios
mitad sobre mitad.

Y duros huesos a los que se enredan
músculos trepadores
regados por la sangre que heredé,
todo cubierto de porosa dermis
mal abrigada por vellosidades.

Pero yo, que vivo en un rincón
oscuro del cerebro,
sólo me reconozco íntegramente
en el pene y los testículos:
esos ojos no natos con trompa umbilical,
reliquias ancestrales
de las eras biológicas que confluyen en mí,
pura animalidad que me despierta.

¿Para qué sirvo entonces,
a qué puedo aplicar estos dispositivos,
exactamente qué he venido a hacer?

Vivir, pero además
vivir consciente,
vivir como si solo
fuese real la vida.

Y dar gracias a ciegas
a quienes me engendraron,
gracias al niño que me trajo aquí,
gracias a las muchachas,
al perro que me sigue y a la flor transitoria,
a la llovizna mística, a la luna de agosto,
gracias a los viajes que al llevarme
me hacen creer en casa,
y a las drogas felices, y a las decepciones
que me tienen humilde.

Esto soy. Gracias,
enormemente gracias.
Aunque, en verdad, no era necesario nada de esto,
muchas gracias.


(de Nos han dejado solos, 2009)


    


DÍA

He sacado una silla al balcón
y me he sentado a vivir.

Crece hierba de infancia en los tejados,
donde siempre es domingo.

Y eso me reconcilia
también con el futuro.

¿O soy yo, que sonrío?

Definitivamente
no tiene vértigo la mala hierba:

sube su verde claro,
que su vida es subir.

Incluso las ya secas,
de cálido amarillo,


se mantienen en pie,
pincelando el paisaje.

Hoy va a ser un buen día
de sol y nubes blancas,

respirará su luz
favorita la hierba.

Sentado en una silla con balcón
siempre es domingo.

NO TENGO CASA

Mi gran habilidad:
sé convertir el aire 

en palabras que dicen lo que pienso.
Sin embargo hablo poco.

Hablar me hace mayor,
me desvincula.

También me empequeñece.
No me sirve el lenguaje

si miro a las estrellas
mientras orino,

me desahucia
ser solo lo que soy

(gravedad, dame el alma
secreta de las cosas).

Y he de tener cuidado con los pensamientos,
padezco de nostalgias expansivas:

la libertad de un árbol solitario
contra el atardecer.

Es lo que más añoro:
una casa sin puertas,
sin ventanas, sin techo.

UN GRAN VIAJE

Pienso emprender un largo viaje.
Probablemente
pasará mucho tiempo hasta que vuelva.

No es una decisión precipitada,
he bostezado a veces como una flor de tiesto.

Adónde iré no sé.
Ya imagino mi casa
a lo lejos, pequeña.

Tendré fe en una nube
y quizás me equivoque,
pues suelo equivocarme.

Va a ser un gran camino:

cruzaré verdes valles, remontaré colinas,
seguiré una ribera almohadillada
por familias de humus,

me detendré a escuchar
cómo ululan los vientos
sin madre de la noche.

Llegaré hasta los límites.

Si me sorprenden nieves frente al mar a solas,
o si el sol parpadea entre abedules
huesudos como espectros,

quizá me ponga trágico
ante tanta belleza disipada.

Tal vez cada paso me aleje más de mí,
tal vez me acerque.

Lo he preparado todo.
Como un puño vibrante
el corazón me croa.

Cuándo saldré no sé,
pero pienso emprender un largo viaje. 

Pasará mucho tiempo hasta que vuelva.

Siempre estaré llegando.

HIPÓTESIS
 
Si muero alguna vez
no quiero camposantos:
qué ridícula imagen de la muerte,
que es inmensa,
apresada en un féretro.
 
Si llegase a morir
no me echéis a una hoguera:
debo respeto al cuerpo que me da cobijo,
y dado que es de agua
no lo ofendáis con fuego.
 
Si por error muriese
no me aromaticéis,
no me mortifiquéis,
dejadme estar.
 
Si finalmente he de morir un día
enterradme sin rito en un monte collado,
desnudo como vine
 
para que en otra era,
si una muchacha pasa silbando por ahí,
si tropieza con una piedra blanca
que se asoma a la tierra,
quizá la desincruste
 
y frote con cariño mi cráneo inmaculado,
 
y lo acerque a su oreja
y oiga atenta el rumor
de un teatro vacío.
 
 
 

(de Hierba en los tejados, 2015) 
 
 
 
 
 

 
 
 


RAFAEL ESPEJO (Palma del Río, Córdoba. 1975). Licenciado en Filología Hispánica, colabora como lector editorial para Pre-textos, como crítico literario en revistas especializadas y como articulista de opinión en prensa.
Es autor de Círculo vicioso (Universidad de Granada, 1996. Premio Federico García Lorca), El vino de los amantes (Hiperión, 2001. Premio Hiperión), Nos han dejado solos (Pre-textos, 2009. Premio Emilio Prados) e Hierba en los tejados (Pre-Textos, 2015. Premio El ojo Crítico).
Ha preparado las ediciones de Alí Chumacero. Páramos de sueños (Pre-Textos, 2008) y La buena compañía, de Luis García Montero (Renacimiento, 2016).


Ha sido incluido en diversas antologías de poesía española reciente, entre las que caben destacar 25 poetas españoles jóvenes (Hiperión, 2003), Deshabitados (Maillot Amarillo, 2008), La inteligencia y el hacha (Visor, 2010) o Para los años 10. 7 poetas españoles (HUM, 2011).
Como gestor cultural, ha coordinados los ciclos de poesía y música “Maneras de decir” (Diputación de Granada, 2011), “Secretarios de la luna” (Ayuntamiento de Palma del Río, 2012-2014) y “Tenemos la palabra” (Diputación de Córdoba, 2016).
Vive en su pueblo.
 

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