inicioinicio-ico.png

Usted está aquí

Back to top

foto banner

tx destacado autor

El mundo visto a través de imágenes soñadas.

cenefa-banner.png

Begoña M. Rueda

Biografía

Begoña M. Rueda nace en Jaén en 1992 y desde niña desarrolla una profunda vocación literaria. En el año 2015 ha sido galardonada con el primer premio en la modalidad poesía del premio Facultad de la Universidad de Jaén con el poemario La canción del bardo. En el año 2016 queda finalista en el premio Ucopoética de poesía y resulta ganadora del II Premio de Poesía Joven Antonio Colinas, organizado por La Isla de Siltolá. Con esta editorial publica, el mismo año, el poemario ganador Princesa Leia. En el presente año 2017 es galardonada con el I Premio Luis Cernuda de la Facultad de Filología de la Universidad de Sevilla y la consecuente publicación del poemario ganador Siberia es un estado de ánimo. En la actualidad compagina su labor poética con los estudios de Filología Hispánica en la Universidad de Jaén.

Es autora del blog El arpa de Nerón, http://elarpadener.blogspot.com.es/

Poemas

En esa foto de 1994,

- donde salgo con un jersey de listas

en un columpio a punto de llorar -

no aparece mi madre.

Mi madre se pasaba las horas en la cocina.

A veces mi padre se levantaba del sofá

y la vajilla estallaba contra las paredes.

Como mi llanto.

A veces mi padre era un puño.

Mi padre

era la lengua sucia

que llamaba puta a mi madre

mientras la castigaba por estar viva.

En esa foto de 1994 no aparece mi madre.

Se pasaba las horas en la cocina.

En esa foto donde salgo a punto de llorar

tengo dos años

y no soy una niña.

Hoy ha sido la primera vez

que me he comido una hamburguesa en el Mcdonald´s.

De niña me aterrorizaba el payaso.

Ya por entonces los happy meals eran sexistas,

para los chicos un coche,

para las chicas una muñeca con trastornos alimenticios,

frágil, atiborrada de ansiolíticos, vulnerable, perfecta,

femenina, por supuesto,

como salida de Sexo en Nueva York.

Creo que cosas así ocasionaron

que algunas de mis amigas se provoquen el vómito,

que fumen compulsivamente y se autolesionen,

frustradas, oprimidas por unas pautas de belleza

injustas, ficticias,

mientras sus novios conducen,

despreocupados,

por la A-42 para recogerlas.

Para llevarlas al Mcdonald´s.

El mar. ¿Sabes por qué creo que tiene tanto encanto? Porque no tiene fin. No se parece a la vida. Le decía a Carmen ¿me compras un barco? Me sigo poniendo la bufanda de Carmen porque no tengo otra. Qué difícil es romper el cordón umbilical con el amor, deshacerse de su peso. El amor es un muerto. Carmen me cantaba canciones indies con la guitarra en su dormitorio y después no me hacía el amor. Veíamos una peli de Woody Allen, me miraba fijamente a los ojos, me besaba en la mejilla, y para despedirnos, en los labios. Sentía algo muy fuerte y sentía Carmen. Sentía su nombre y nunca se ha dado cuenta. Carmen me cantaba canciones indies y me hablaba sobre la poesía que le sobraba. Carmen era un ser mitológico. Carmen era el ser mitológico que le devoraba el hígado a ese otro ser cada vez que amanecía, que sembraba el daño sobre el dolor. Joder cómo me enamoré de Carmen. Yo cantaba canciones con la palabra Carmen por la mañana, incluso cantaba las canciones que Carmen me cantaba, creo, desde la propia Carmen y me creía su guitarra. Yo me enamoré de Carmen. Carmen me cantaba. Carmen me cantaba sus poemas mientras le vencían los miedos y me decía te quiero sin sentirlo, Bego, quédate conmigo para siempre, te quiero Bego, te quiero y yo, todavía, te quiero tanto, Carmen. Pero no, Carmen. Ya no más. Si Carmen hubiera sido tan perfecta como el mar, si Carmen no hubiera tenido fin. No me habla, no me habla y lloro y lloro y lloro y Carmen y lloro y lloro y no me habla y Carmen, ya, no te escribo nunca y tu nombre y mi vida y el mar que creía que también se llamaba Carmen. Alguien que me lo haga como ella, que me hable como ella, con su cuello, con su cuerpo, con sus ojos, con su sexo húmedo, con su nombre, con su espera, con su ella como ella, que me enamore así, como ella, así, ASÍ y que me cante y que me bese y que me diga Bego, quédate, pero ya no Carmen y ya quién sabe, y ya, Carmen ya no te escribo.