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tx destacado autor

Elegante y minuciosa reflexión sobre las emociones.

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Joaquín Pérez Azaústre

Biografía

Joaquín Pérez Azaústre nació en Córdoba en 1976. Vive entre Argel y Madrid, donde obtuvo una Beca de Creación en la Residencia de Estudiantes entre 2000 y 2002 y se licenció en Derecho por la Universidad Complutense. Ha publicado los libros de poemas Una interpretación (Rialp, 2001, Premio Adonáis), Delta (Visor, 2004), El jersey rojo (Visor, 2006, Premio Fundación Loewe Joven), El precio de una cena en Chez Mourice (Algaida, 2007), Las Ollerías (Visor, 2011, Premio Internacional Fundación Loewe) y Vida y leyenda del jinete eléctrico (Visor, 2013, Premio Internacional Jaime Gil de Biedma; 2ª edición, 2014).

En 2003 coordinó la antología contra la invasión de Iraq En pie de paz. Escritores contra la guerra (Plurabelle). Incluido en varias antologías, ha publicado dos antologías de su poesía: Anatomía poética (Festival de Costa Rica, 2011) y Ella estaba detrás del laberinto (2016, Frida).

Es autor del libro de relatos Carta a Isadora (Ediciones B, 2001), por el que obtuvo el Premio de Creación del Instituto Andaluz de la Juventud, de la novela corta El cuaderno naranja (1998) y de las novelas América (Seix Barral, 2004), por la que
obtuvo una Mención Especial del Jurado del Premio Biblioteca Breve, El gran Felton (Seix Barral, 2006) y La suite de Manolete (Alianza Editorial, 2008), galardonada con el IX Premio Fundación Unicaja Fernando Quiñones. Su obra narrativa ha sido objeto de la antología Ser lobo y otras narraciones (Ediciones Perro Azul, Costa Rica, 2015).Su novela Los nadadores, publicada por Anagrama en 2012, ha sido traducida al inglés (Frisch & Co.), al italiano (Codice Edizioni) y al francés (Seuil), con una gran recepción crítica. Corazones en la oscuridad (Anagrama, 2016) es su última novela.

Es columnista en Diario Córdoba y en el diario digital Diario Abierto, y coordina el concurso semanal de micropoesía Cuenta 140 en la web de EL CULTURAL. Por sus colaboraciones en prensa recibió el Premio Meridiana del Instituto Andaluz de la Mujer 2003, por la defensa de la igualdad en los medios de comunicación. Reunió sus artículos en el volumen Reloj de sol (Diputación Provincial de Córdoba, 2004). El corresponsal de Boston (Berenice, 2006) y La chica del calendario (2009) recogen algunos de sus textos sobre cine y literatura. Ha publicado el ensayo Lucena sefardita. La ciudad de los poetas (Fundación José Manuel Lara, 2005).Poemas para ser leídos en un centro comercial (septiembre de 2017, Colección Vandalia de la Fundación José Manuel Lara) es su más reciente libro de poesía.

Poemas

CREPÚSCULO DE MICHAEL CORLEONE EN EL LAGO TAHOE

1

John Cazale fuma mirando el suelo caoba.
El cuerpo de la madre
en la madera cálida y oscura
una tarde de luto por la niebla.
Connie ha vuelto a la casa familiar
a cuidar de los niños y también de su hermano:
Kate se despidió hace ya varios meses,
cuando Mike le cerró para siempre la puerta
de la vida en la cara, con vigor silencioso,
porque nada en el mundo podrá nunca
llegar a separarme de mis hijos.
¿No comprendes que eso es imposible?
Haría uso de todo mi poder.
Ni siquiera tú, Kate, la segunda mujer
que más amé, tras la luz de Sicilia
conseguiría jamás arrancarlos de mí.
Pero Kate se ha marchado, y ya no volverá.
Connie se ha abrazado llorando a las rodillas
recias de su hermano, el padrino Michele Corleone.
Yo te cuidaré, a los niños y a ti.
Te he perdonado, Michael. Tú mataste a mi esposo,
pero lo he comprendido:
todo fue por la muerte de papá,
tenías que ser firme por nosotros.
Yo te perdono, Michael. Yo te cuidaré.

Pero tú debes perdonar a Fredo.
Sin ti estará indefenso, será un ser desvalido.
Recuerda que tú tienes la fuerza de papá.
Una sombra creciente y portentosa
va avanzando y nos deja ver el plano
de un velatorio en medio de Nevada.
Las cortinas son grises, fuera debe hacer frío,
qué lejos queda el sol de la miel en Sicilia.
Al fondo vamos viendo el dolor de la escena:
Mike da pasos de plomo entre los invitados,
con su perfil impávido de hielo
sobre el traje perfecto y el peinado impecable,
igual que en aquel juicio donde negó sus crímenes.
Hay demasiadas flores. Pasa junto a Tom Hagen
y se mantiene erguido delante de su hermano:
¡Sé que fuiste tú, Fredo! Me rompiste el corazón,
le había dicho en La Habana
tras el beso en los labios, cogiéndolo del cuello,
la conjura en la noche de la revolución.
Pero ahora vuelve a estar delante de su hermano,
de su hermano mayor, al que un día perdonó:
Respondes con tu vida de que no le pase nada,
le había ordenado a Al Neri,
mientras mi madre viva.
Pero su madre ha muerto y sobre el cuerpo
de la matrona adusta con su amparo de tierra,
cantarina en las bodas, llueve todo el pesar
que se arroja en las casas cuando muere una madre.
John Cazale fuma mirando el suelo caoba.

Pues John Cazale es Fredo, un temblor en el rostro,
el hermano más torpe, bebedor angustiado,
que dejó caer el arma en un puesto de frutas
mientras acribillaban a su padre.
Fredo podría haber sido un profesor
de dibujo o de música,
pero no es un matón y tiene el pulso feble.
Michael se ha colocado justo delante de él.
Es un cuadro perfecto: Fredo fumando a solas,
abatido y sentado, con un tormento escuálido.
El primer guardaespaldas, Al Neri, está cerca,
y Michael, impasible, los observa
mientras Al Neri baja la cabeza.
Fredo y Michael se miran. En los ojos de Fredo
late crudo el perdón. Son los ojos más grandes
de la historia del cine. Son los ojos de un niño
que anhela en su fracaso cobijarse en la cama
y escuchar algún cuento de los años felices.
Michael lo mira lento, coge entonces su cara
y Fredo se le abraza desesperado al pecho:
vemos desde detrás sus manos como garfios
asidos a la espalda de su hermano menor,
que sin embargo es el patriarca
de la familia y todas las familias.
Así se abrazan ambos
hermanos en la muerte de la madre;
puede incluso que Mike
llegue a besar a Fredo con reposo en la frente.

Pero entonces Al Neri levanta la vista
y Michael le devuelve la mirada.

(Poemas para ser leídos en un centro comercial. Vandalia, 2017)

CREPÚSCULO DE MICHAEL CORLEONE EN EL LAGO TAHOE

2

Con el eco del tiro sobre el agua latiendo todavía en sus sienes
cuidadosamente repeinadas, Michael recuerda. Está sentado en el jardín, un
poco inhóspito. Kate se ha marchado. Connie, su hermana, se ha quedado
sola. Su padre, su hermano Santino y ahora su madre han muerto. Fredo
deja un silencio espeso sobre el lago. Se sienta y se recuesta, y las hojas
azotan sobre el suelo desnudo. Mira los columpios junto al embarcadero.
Por un momento, Michael recuerda su casa familiar en Nueva York el día
que se alistó. “Le darás un disgusto a tu padre el día de su cumpleaños”, le
increpa Santino, y lo zarandea. Tom Hagen le explica que han movido los
hilos para librarlo de la guerra, pero Michael aún es un hombre idealista: es
culto, tiene sus propios sueños y no quiere saber nada de los negocios de la
familia. Sólo Fredo lo defiende. Michael recuerda entonces su propia
soledad, las voces de los niños, cómo era ser joven y sentarse a la mesa.

(Poemas para ser leídos en un centro comercial. Vandalia, 2017)

CREPÚSCULO DE MICHAEL CORLEONE EN EL LAGO TAHOE

3

Al Pacino fuma en un jardín desierto,
poblado únicamente de hojas secas
y de un silbido rígido en el lago.
Ya se han marchado todos.
Es otoño en Tahoe.
Hay silencio después de los disparos.
Yo no quería esto.
Yo no quería esto.
Una silla de hierro desgarrando el metal
de la garganta envuelta en un pañuelo oscuro,
la mirada profunda en el vacío
de una vida que asiste a su condenación.
Pero una vez fui joven
y me senté a la mesa en Nueva York:
allí estábamos todos
y era hermoso sentirlo.
El día del cumpleaños de papá
Sonny, Fredo y Connie, Tom y yo
estábamos reunidos en el mismo mantel.
Y mamá nos llamó. Estaba en la cocina:
había encargado a Enzo, el pastelero,
una tarta especial en la fiesta sorpresa.
Tessio la había traído. Sonny vino con Carlo.
Papá se hacía mayor, pero aún estaba fuerte.
Yo había regresado de la universidad,
pero me había alistado por la guerra en Europa:
entonces era puro, creía en América,

en la democracia y en la libertad.
Poco después, la vida.
Así es mi familia, Kate, pero yo no.
Poco después, la vida.
Sentados a la mesa aún era posible,
pero también entonces me había quedado solo.
Puedo tocar sus caras, son escarcha en mis labios
y sus voces se apagan en el lago Tahoe.

(Poemas para ser leídos en un centro comercial. Vandalia, 2017)