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Cordobés de evocadoras imágenes que interactúan con el lector.

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José Ignacio Fernández Bartolomé

Biografía

José Ignacio Fernández Bartolomé nace en Córdoba el 11 de enero de 1991, desde pequeño la literatura estuvo presente en su vida a través de su madre, la cual le inculcó el hábito y la pasión por la lectura. Tras varios años escribiendo en  cuadernos perdidos y leyendo en la intimidad de su habitación, junto con la entrada a la universidad y el surgimiento de las redes sociales, descubrió que había gente que compartía sus textos con el resto y se organizaban diferentes recitales y  ventos por toda España, llamando su atención las Jam de Poesía de Madrid y Granada. Tras asistir a algunas de ellas decidió organizar las Jam de Poesía en Córdoba, pues no era capaz de comprender cómo una ciudad así no disponía de un espacio de ese tipo.

En 2015 le seleccionaron para aparecer en una antología de jóvenes poetas cordobeses (La punta del Iceberg, En Huida); a su vez, ha publicado un par de plaquettes (Ella solo quiere ser mujer, Translúcida); en noviembre de 2016 publica su primer poemario, titulado En ti me quedo, con la editorial En Huida, el cual ya ha presentado en ciudades como Córdoba, Ciudad Real, Madrid, Albacete y Sevilla.

Ha impartido varias conferencias en institutos en las que hablaba sobre su poesía y sobre el panorama poético actual, tratando de hacer lecturas comentadas de sus poemas y haciendo que los jóvenes estudiantes conectaran de una forma más dinámica con la poesía.

Su estilo se caracteriza por su lenguaje oral, que busca evocar y generar imágenes en la mente del lector con un léxico accesible y de fácil comprensión; el verso libre, la ausencia de rima, la multitud de metáforas y metonimias son lo más característico de su poesía. Suele decir que sus poemas necesitan varias lecturas, pues, al escribirlos, trata de dotarlos de varios planos semánticos.

Poemas

VOLVER

Desconocerte una y otra vez,

siempre la misma pero diferente.

Aprender a memorizarte de otra manera

distinta a la anterior y a la siguiente.

Recorrer la palma de tus manos con la mía

y que tus dedos rocen mi piel

como si ningún otro dedo lo hubiera hecho.

Volver a una cama que no conoce nuestros nombres

y terminar en la que ya nos sabe poderosos,

como dioses bajados del cielo.

Enamorarme de tu inconsciencia

y ser consciente de estar errando al no quedarme

por querer irme para volver de nuevo.

Ser otro y el mismo cuando nos separemos,

causarte recuerdo y espasmos con un reflejo.

Mirarte en mi espejo y entenderte

como si no nos hubiésemos mirado nunca

una noche cerca de un río, helados,

uno junto al otro, sin ser nosotros más allá de un instante.

Descifrarte desde la distancia, enseñarte mi funcionamiento

en el reposo posterior a un grito de impotencia.

Querernos como si aún proyectáramos la exactitud

en la imagen que nos dimos en aquel primer paseo.

Despedirnos para quedarnos, irnos, volver, marchar,

mirar atrás, sonreír y comprender, finalmente,

que somos mejores siendo uno en dos,

que dos queriendo ser uno.

FICTIO

Tu sonrisa aparece de la nada,

como un rayo de luz, como un destello en el alba.

Una lluvia de nostalgia baña tu cuerpo invisible

y gotea el dibujo de tu piel frente a mis ojos,

que te observan como manos temblorosas.

La tierra, y el mar, y el cielo, y toda la naturaleza

se arremolinan en tu rostro formando dos orbes

que podrían entenderse en cualquier lengua.

Mi cuerpo padece inútil el sentimiento del adiós,

mientras mis dedos acarician sus yemas

con el contorno de tu cuerpo.

Despierto, y mil doscientos segundos me aseguran

que esa imagen no era cierta;

ya no habitas en el tiempo,

ya no colmas mis espacios,

aún me inundas desde un sueño.

EN TI ME QUEDO

Has dejado de escuchar al mundo

y en tus tímpanos solo resuenan los cantos

de la voz que te debías:

la tuya.

La que tantas veces acallaste por miedo a la equivocación,

la que ahora despierta con el mismo miedo,

pero con la audaz valentía de quien encuentra en los errores

la fuerza para continuar el camino que otras generaron con su paso.

Bella compañera, valiente y entregada:

quiero tu vuelo, la imagen de tu risa, el sonido de tus ideas,

tus decisiones inquebrantables, tu punto de vista, un lugar en tu vida;

no quiero tu corazón, tu amor, tu juicio, tus ojos ni tu boca,

eso solo te pertenece a ti y es en ti donde los quiero.

Me enloquece tu inclusividad, tu forma de desafiar al arte,

tu llanto ante las injusticias, vernos fuertes en un desasosiego,

creernos dioses besándonos en la puerta de cada iglesia

mientras sentimos el amor en lugar de prometérnoslo eterno.

Me pierdo y encuentro en tu cuerpo,

me quito la ropa cuando tú te desnudas,

te acercas, me coges con tu mirada,

me desnudas con un solo gesto,

me tumbo en tu pecho,

te siento latir viva,

en ti me quedo.