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Una reflexión que nos sumerge en la realidad y los sueños.

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José Luis Amaro

Biografía

José Luis Amaro (Córdoba, 1954). Componente de la revista Antorcha de Paja, una publicación relevante en la renovación de la poesía española de los setenta y ochenta, ha publicado Erosión de los espejos (1981), Despojos de la noche (1983), Huellas en el cristal (1984), Poemas sacramentales (1986), Muerte de un ilusionista (1993), La piel de los días (1998), Fronteras de niebla (1999), Carretera (2003), La fábrica de humo (2006), Los turistas ciegos (2014), Castillos en el aire (2016) y Gran Hotel (2017), además de varios cuadernos de poesía: Pretérito imperfecto (1992), Madriguera (1993), Latidos de Nueva York (1997) y Sentido de frontera (1998). Sus poemas participan en diversas antologías temáticas y generacionales. Turista de las palabras, entre las cosas que detesta está el ruido, competir y la llamada vida social. Reside en Córdoba. Según “el amigo imaginario”, para José Luis Amaro un poema resulta válido si puede ser habitable, es decir, si puede ser compartido por otro hombre en la posición de lector, una figura necesaria para que el trasvase de “poema” a “poesía” se realice, pues como afirma Stephen Spender, “la poesía no enuncia verdades: enuncia las condiciones dentro de las cuales es verdadero algo sentido por nosotros.” Sus poemas gustan de situarse en esa zona que oscila entre la precisión del detalle y la vaguedad del conjunto, en una especie de alternancia capaz de apresar la emoción sin traicionar al sentido común, como si uno, al hablar de una cosa, estuviera pensando en otra. En palabras de Rogelio Guedea, “la poesía de José Luis Amaro es evasiva, impersonal, de un realismo reflexivo de contenidos filosóficos y de resultados aforísticos.” En algún momento, concretamente referido a La piel de los días, Pedro Roso menciona al autor como “alguien que busca, que sigue buscando un precario equilibrio entre la realidad y los sueños, un equilibrio difícil entre la vida que es posible vivir y la vida que imaginamos vivir antes de que el tiempo nos alcance irremisiblemente y despliegue sus conclusiones.”

Mencionar las referencias literarias, la intertextualidad, la reflexión metapoética, recursos a los que se acude para proponerle al lector un diálogo; recursos no ajenos a la escritura de José Luis Amaro,  hora acentuados en sus rasgos inconfundibles. La emoción de la experiencia vital y la intensidad del discurso literario, confluyen a través de una depurada técnica, esa manera de perfilar y escamotear significados, de presentar yuxtaposiciones, abriendo la gama de posibilidades en un viaje de la poética de lo explícito a la poética de lo alusivo.

Poemas

FRONTERAS DE NIEBLA

Llueve, las fronteras están cerradas,

cerrado está el cielo,

las carreteras hundidas en la niebla,

la prensa no ha llegado,

los teléfonos comunican,

todo parece bajo control.

Pero de pronto puede suceder algo,

la sensación de que las barreras

se alzarán de nuevo,

de que las vigilancias cederán

en cualquier momento,

de que el cielo al fin se abrirá,

y que los periódicos llegarán pronto

a nuestras manos,

y aunque no existe garantía de que salga el sol

tras un amanecer incierto,

mientras los aviones aguardan en la pista

la orden de salida

desde la torre de control,

algo puede suceder

de un momento a otro.

Esperamos, y para esto

no existe remedio.

Pero un poco de esperanza mezclada

como el azúcar en el café,

no está mal a la hora del desayuno.

LOS TURISTAS DE LAS PALABRAS

Si te asomas a esa ventana,

si te diese por asomarte

como quien se pone detrás

del ojo de una cámara,

verías a los grandes fumadores

del verso, el tabaco de la poesía

inhalado por gente solitaria,

encienden un verso o dos

para quemar el rastrojo del tiempo,

y ya no paran calada tras calada;

pasan cuarenta años y sigue ahí,

ya no intacta, ya no llama,

ya tampoco la misma noche,

la claridad, el resplandor,

qué menguada ambición

el brillo apagado de las distancias,

los núcleos de población,

las ventanas de medianoche;

decirlo como lo saben decir

los turistas de las palabras.

HOTEL POESÍA

Y vivir para las palabras:

así de usados nos va,

como si cada envío fuera

una forma nueva de comienzo.

Pero no es comenzar el verbo

de la gran maniobra del día;

es vivir para ella la mañana,

vivir para ella noche y día

mientras la palabra se transforma

-vieja calada al cigarrillo nuevo-

en nuestra gran madrastra,

pues no conoce descanso este alma

aguardando sin esperanza

-luz desempolvada de la tarde-

a que la palabra se cumpla,

a que las palabras se cumplan

en el Hotel de la Poesía,

Auden pidiendo habitación,

Auden conduciendo una ambulancia;

estar allí con la palabra dispuesta

cuando se presente el momento,

cuando se presenta el momento.