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Mediante su "escepticismo mágico" defiende la búsqueda de Dios y del hombre.

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La República de las Letras
30/09/2017
13:00
Lucas Martín

Biografía

Nacido en Úbeda en 1981, Lucas Martín es autor, entre otros, de los libros de poesía Anotaciones a la gran ópera del pequeño Alprazolam 0.5 (Alfama) y Cronopeas (Ayuntamiento de Málaga). Sus textos han aparecido además en antologías de poesía joven andaluza como Frontera Sur, coordinada por Francisco Ruiz Noguera. Licenciado en Periodismo, trabaja desde hace más de una década en el diario La Opinión de Málaga, donde ejerce de columnista, redactor general y crítico literario. En 2012 fue distinguido con el Premio Andalucía de Periodismo, en la modalidad de prensa escrita, por la serie semanal de artículos literarios Historias de la Costa. Previamente formó parte de la delegación en Málaga de la Agencia EFE y de la sección de cultura de la cabecera Málaga Hoy. Su trayectoria como escritor también le ha valido varios premios. Es autor, junto al artista plástico y audiovisual Manuel Olmo Hoyo, del espectáculo ¡Casa!, estrenado en la primavera de 2013 en el Centro Cultural Caja Granada Memoria de Andalucía. Su último poemario, Cuaderno intervenido, un trabajo en doce cantos sobre la idea del vacío y la muerte de dios, fue editado en diciembre de 2016 por Ediciones en Huida.

Poemas

CUADERNO INTERVENIDO (XII, fragmento)

Yo lloro por no ser un perro, por no ser un ángel. Lloro entre la madeja de
espinas, lloro amurallado en mi joroba. Mi llanto, progresión de
vaguedades. Cosa definitivamente mal hecha. Y turbia. Como el silencio de
María Magdalena con la luz apagada. Sueño que fumo desnudo al lado de
María Magdalena. Y ahí también lloro. Y huele a madero y a sangre. Y a
macetas recién regadas.

La muerte, el desvío, la irrisión de la aritmética
Ser simplemente el que sale
Una y otra vez el que va saliendo, el que salió, ser el
que sale

Lazarillo de todas mis desapariciones. Con la leche derramada.
Definitivamente fuera del cántaro. Huyendo como una liebre entre adelfas
que arden. El vientre de la bestia acariciando todos mis retratos. El
cascabel. La luna. La madre. Pasan las horas y la nieve empieza. Decir una
y otra vez que la nieve empieza y que eso baste para pensar en la nieve.
Crema de lirios. Ojos del invierno. Pétalos de sábanas fracasadas.

Apágalo todo

La memoria, el asco de la memoria. De caballito a demontre: el color de tu
lápiz de labios. Subir siempre para ver a Dios. El agua de tus ojos
convertida en un pantano inaugurado por Franco. En 1957. Con Jesucristo
removiendo eternamente el caudal, en pleno bautismo, rodeado de
moscardones.

CUADERNO INTERVENIDO (XI, fragmento)

Me hablaron de un territorio en el que la cal se rompe. Pienso en sus ojos
como en dos círculos dorados. Un sol vestido de chaqué debajo de los
párpados. Inaudible. Vencido. Lamido por palomas enfermas de rabia.
Escucho todos los días la misma tarde. El tarro de la infancia. Su gato
muerto. Su temblor. Su portezuela al cementerio. Siempre abierta. Al lado
de los mirlos de colores.

Tiembla, tiembla la mano. Ejecuta su penumbra de cuchillas, el ruido de
sables en el pico de los pájaros. Pienso en tu frente amarilla. Con pegotes
de girasol. Tu frente todavía no se le ha ocurrido a nadie.

Humedad en el Corominas (inédito)

En lugar de palabras gorriones.
Ascienden las tinieblas hasta el salto del hipo.
Yo, hipando en la bruma,
con la cadena de una bicicleta pudriéndose en el fondo.
La energía de un viejo tocón y sus deberes muertos.
Todo en su forma y en su ataúd silvestre.
La misma gota anciana.
Se cumple la profecía, el pájaro se detiene.
Palabras, gorriones negros.
Miles de baberos con manchas de sangre.
Luz usada, polvo usado, aire usado.
Perderá. Sin nada.
En el camino de la piedra.