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Protesta simbólica con ritmo y antítesis.

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Luis Arturo Guichard

Biografía

Luis Arturo Guichard nació en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas (México), en 1973 y reside en Salamanca (España) desde 1997. Filólogo, traductor y ensayista, es profesor de Filología Griega en la Universidad de Salamanca desde 2002. Como ensayista ha publicado, entre otros, el libro de crítica Hacia el equilibrio. Lecturas de poesía española reciente (México, 2006), la edición de la Poesía reunida de Joaquín Vásquez Aguilar (México, 2010) y el libro de fragmentos y aforismos El silencio escribe con tijeras (Sevilla, 2016). Ha traducido epigramas griegos y preparado una edición bilingüe de las Anacreónticas (Madrid, 2012). Es autor de cinco libros de poesía: Los sonidos verdaderos (México, 2000), Nadie puede tocar la realidad (Béjar, 2008), Versión aérea (Girona, 2010), Campanas subterráneas (México, 2012) y Margen de espejo (Tenerife, 2016). Su poesía reunida hasta 2012 ha sido publicada con los títulos Una fe provisional (Cáceres, 2012) y Realidad y márgenes (México, 2013). Ha publicado también un libro de poesía para niños, Caballo verde para la poesía de peluche (México, 2016). Su libro más reciente es El jardín de la señora D (Madrid, 2017), que obtuvo el 41 Premio de Poesía Vila de Martorell.

Poemas

En los huesos

1

Todo quedará en los huesos: el fósforo saldrá por las noches

a buscar lo que haya dejado olvidado, vendrá a buscarnos, no lo dudes,

gacela del amor, pobre novia de la cuerda rota. Los huesos

son de fósforo para eso ¿no sabías? Para encender fuegos fatuos.

¿Los has visto por la noche? Son mucho más interesantes de día,

cuando no esperas que nada vuelva porque el día es para avanzar

y no mira hacia atrás, siempre hacia atrás, como la noche.

2

Nos conocimos a los cuarenta, pobre novia

de la cuerda rota, pero todavía no habíamos nacido.

Yo también soy un novio reventado de años y de países, uno

que intentó ponerlo todo negro sobre blanco. Nací

hace poco, lo sabes, justo ahora que tú has dejado de vivir

en mis huesos. Los polos son así: atraen estos metales

en la dirección correcta, pero de tiempos no saben nada.

3

Todo quedará en los huesos: el metano será el guía.

Yo no tengo un camino, pero él sí lo tendrá. Ya lo tiene ahora,

lo que ocurre es que no quiere decírmelo. No sabemos hablar

con los elementos que tenemos dentro, eso es lo triste.

Hablamos con largas palabras que nadan en el aire, pero los que saben

adónde iremos son ellos: un par de letras y números sin alarde.

Espéralos, llegarán a tiempo, siempre a tiempo.

4

Nos conocimos a los cincuenta, pobre novia

de la cuerda rota, pero a los cincuenta pudimos reinventarnos

porque hay imaginación ahí, es la edad más dorada de la plata.

No necesitas todavía un clavo puesto en la costilla que te permita

funcionar otra mañana, los huesos sostienen bien tu fábrica

y la edad ya te alarga la vista pero aún no te acorta la mirada.

La mirada se resiste a ceder el tramo de horizonte que le queda.

5

Todo quedará en los huesos: arderán verdes, azules y blancos.

Tal vez alguien los siga pensando que guían hacia un tesoro

enterrado, y tendrá razón. Los metales enterrados en nuestro cuerpo,

ahí desde nuestro nacimiento, metal que se mueve sobre la tierra

con nosotros y luego vuelve de ella para decir el color

que hemos tenido, la suma de nuestros números, la letra

que nos faltaba. Y la altura que no teníamos.

6

Nos conocimos a los sesenta, pobre novia

de la cuerda rota, en el subsuelo al que nos llevaron

los nobles materiales de nuestros huesos: el agua, bien común

y nada natural, el carbonato de calcio para el cemento y eso

que se llama tejido conectivo, porque conecta, ¿no es cierto?

Conecta tu calavera con mi calavera, tu ceniza que busca

mi ceniza, el amanecer del que las dos provienen, y la noche.

7

Todo quedará en los huesos, pero estaremos ya libres

del deber de indagarlo. Lo mejor de los huesos es que

ya no necesitan mirar ni que los miren, por eso los ocultamos.

El fuego verde, azul y blanco es una excepción graciosa

pero sólo confirma la regla. Todo quedará en los huesos,

en colágeno que ha partido, en agua evaporada, en periostio

y endostio sin medula, en humo, en polvo, en nada.

 

(De El jardín de la señora D, Madrid, Hiperión, 2017)