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tx destacado autor

Poetisa de imágenes contundentes, colonizadora de dos continentes.

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María Baranda

Biografía

María Baranda nació en la Ciudad de México en 1962. Ha escrito varios libros de poesía, entre ellos:

El jardín de los encantamientos, Fábula de los perdidos, Los memoriosos, Moradas imposibles, Nadie, los ojos, Narrar, Atlántica y El Rústico, Dylan y las ballenas, Ficticia, Arcadia, Yegua nocturna corriendo en un prado de luz absoluta. La editorial Monte Ávila publicó la primera reunión de su poesía en 2008 y la Universidad Nacional Autónoma de México publicó su poesía escogida bajo el título de El mar insuficiente. Poesía (1989-2009). Ha recibido los premios de poesía Punto de Partida en 1986, Amado Nervo en 1988, Efraín Huerta en 1995, Francisco de Quevedo que otorga la Villa de Madrid, España en 1998, el Premio Nacional de poesía Aguascalientes en 2003 y el Premio Internacional Sabines-Gatien Lapointe en Canadá 2015. Libros suyos han sido publicados en Bélgica, Canadá, Estados Unidos, China e Inglaterra y sus poemas han sido traducidos a diversos idiomas. Ha sido seleccionada para participar en más de treinta antologías de todo el mundo. También ha escrito varios libros para niños, los cuales han recibido reconocimientos nacionales e internacionales como la Mención de Honor del White Ravens y el Ragazzi Award en Italia, el Premio Barco de Vapor de México y la Lista de Honor del International Book on Board for Young People. Algunos de sus libros son:

Silena y la caja de secretos, Marte y las princesas voladoras, Un lugar en el mundo,

Hago de voz un cuerpo, Un abrazo, Arrullo, Digo de noche un gato, Sol de los amigos,

La casa del dragón y otros poemas de horror y Diente de león.

Poemas

Yegua nocturna

…y cuando me pregunto

a quién pudiste persuadir

viendo aquel cielo sonante,

la brecha abierta en la pared,

el movimiento en su mesura

y el campo en una tela de yerba

sostenida en sus membranas,

sola, tan sola, exhalando

una nueva puntuación, una voz

larga en la noche agravada,

forzada a ver

un resquicio de lo que fue,

diciéndote a ti misma:

mala, peor, funesta,

pienso en esa desproporción

del pensamiento,

en el asombro ante una pausa,

un compás detenido

en un teléfono inexistente o en un cd

temeroso y solícito, un ahora

en el intento de ser llama

entre los labios más oscuros

2

cuando los peces,

dijiste, eran dos veces

mudos

siempre en la caverna

donde el sol abría

desobedientemente

una defensa

contra la oscuridad

o una simple forma

opaca

que veías entre los átomos

y las moléculas,

caricortada, precipitándote

cuesta arriba dando tumbos

con ese grito, ese grito

que aún se escucha

aquí-si- dónde a ras de alba

ven y dime, enséñame

monstrua de mí o quién

si ya entonces

¿soñabas?

3

…y cuando escucho de qué modo

el viento aúlla sobre estos viejos

tepalcates y los rostros

de barro, pienso

en esta ciudad que se revela

y arde presurosa

entre mis manos,

en una misma historia

corrompida

donde la sorbo a ciegas

en sus calles de tinta y hierro

trazadas en el polvo

que ruge solitario

donde la miro a secas

y me retraigo pronta

a tragos lentos

entre las ratas

y los basurales

siglos atrás donde cantabas,

y yo la palpo, la estrujo

para ti

en mi garganta

como un grito

que se escuece

en su orfandad de lodo,

4

y la presiento a solas

desencajada y mía

mientras los perros

lamen el salitre

de sus paredes muertas

y ruedan los botes

de hojalata

pateados por la risa

de los niños.

Su ruido resucita en mí

a flor de agua rápida

en sus coladeras

y me deja,

bajo el cielo tiñoso,

escuchando su cascajo

de color vegetativo,

sus brazos separados

dispensando

un seco grito lento

en el arrepentimiento

a fuego.

5

…porque te miro lejos

caída a fondo sitiada por el lodo

hundida en lentas espesuras solitaria,

porque te digo lumbre

y te escurres de mi boca

enardecida,

porque te nombro ahora

como entonces

y los pájaros son más frágiles y las nubes

ya no existen,

porque te veo en la ruta de una alta piedra

que imagina páramos diversos

y la materia inhóspita

donde articulas

en un mismo reflejo

lo que camina y habla y se evapora

y porque todo es una página de hambre

donde concilias lo imposible

con el solo sol en sílabas de adviento,

porque la noche,

esa noche,

la noche vítrea y diminuta,

la más furiosa y persistente,

la que se oxida fulgurante

con esa forma altiva

6

tiene su imperio pútrido

sus ojos bien abiertos, su campo

de aromas enjaulados,

su grito como una mula prieta

que no se olvida

-no-

y que está ahí junto a nosotros

para morir a ratos

un poco y con el sueño a cuestas

en esa noche,

esa noche

piramidal y única

y toda tuya.

Los ojos del perro

Los ojos de ese perro nunca cambian

son los mismos que brillan de día y de noche.

El mundo parece girar de lejos cuando él mira

y todo es gris y casi blanco

como si hubiera un aire que los traspasara.

Los ojos de ese perro son de aire,

no guarda nunca ni el eco de un ladrido,

ni siquiera un parpadeo que señale

el fondo de las cosas.

No mires a los ojos a ese perro,

su corazón es niebla

y su sombra

la voz invisible de otro sueño.