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Sevillana instigadora de la libertad, ..y lo que le venga en gana.

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Noelia Morgana

Biografía

Noelia Morgana nace en Sevilla en 1990, en el barrio periférico de Torreblanca de los Caños. Finaliza sus estudios en Interpretación Textual en la ESAD de Sevilla en el año 2014, y comienza a combinar su faceta como actriz, dramaturga y directora escénica, con su faceta como escritora y poeta. Imparte talleres de teatro infantiles y juveniles desde el año 2008, cuando solo cuenta con 18 años. Desde entonces realiza varias representaciones, tanto de textos propios, como de adapataciones lorquianas. Siempre vinculada al mundo de la música, tiene grabados varios temas y colaboraciones musicales relacionados con el rap. En los últimos años está creando diferentes piezas musicales y aprendiendo a tocar a guitarra. Es escritora desde que aprendió a escribir, es decir, desde muy niña, y es recitadora desde que aprendió a recitar, es decir, desde que obtuvo las herramientas de la oratoria en sus estudios artísticos. En agosto del 2015 autopublicó "Hirviendo", su primer libro de poemas. Un año después volvía a autopublicar otro libro, esta vez de prosa poética, "Maleducados", financiado a través de un crowdfunding. Actualmente se encuentra de gira por toda España con ambos libros, de los que ya se han vendido casi 1.000 ejemplares de cada uno de ellos, a través de los que realiza espectáculos que mezclan la poesía, el teatro y, a veces, la música. Colabora con grandes artistas feministas del mundo de la música, como son La Otra o María Pelae, y ha recitado junto a artistas como Rozalen o Rayden. Su texto y vídeo-poema "A veces, no llevo sujetador. No me da la gana" se hizo viral en las redes sociales, obteniendo una amplia repercusión a nivel internacional. Actualmente se encuentra escribiendo el que será su tercer libro, que pretende ver la luz este próximo otoño, además, es una de las integrantes del colectivo Arte Muhé, compuesto por artistas de diferentes disciplinas (cantautoras, poetas, pintoras, actrices, bailarinas, percusionistas, etc) como La Mare, Rozalen, Eva Sierra, La Otra, María Ruíz, Mujeres de Tabarilea, Cía Caí, La Piltra, Cristina Indira, etc., con las que ha realizado dos festivales importantes en Madrid en este año 2017, y con las que pretende seguir de gira por más ciudades españolas.

Tiene gran visibilidad en el espacio virtual. Cuenta con una página oficial en facebook, twitter, instagram, un canal en youtube y un blog llamado TierraDeAires, construído a través de la plataforma wordpress.

Poemas

A veces no llevo sujetador. No me da la gana.

A veces no llevo sujetador. No me da la gana.

El sujetador es una prenda de mierda hecha de hierros y telas que se te clava hasta los

confines de la carne y te crea picores, heridas e incluso manchas. El sujetador es el corsé del

siglo XXI. Una puta porquería que se utiliza para subir las tetas hasta la luna y crear un par de

montañas que todos puedan admirar, que todos puedan escalar. Porque un buen escotazo es

el complemento perfecto para tener una novia adecuada o para salir una noche de tequila

boom boom. Un escote que bote, sí señor. Cosa que, a veces, utilizo por no ser capaz de

romper del todo con el legado que dejaron los cánones de belleza establecidos, de muertes por

anorexia y labios de choripán por el bótox.

A veces no llevo sujetador. No me da la gana.

¿Y sabéis qué ocurre? Que me miran como si estuviera matando cachorritos de mamuts por

llevar las tetas libres de presiones, que me miran como si los pezones fueran cañones a punto

de disparar mi número de teléfono a todos los viandantes, que me gritan gilipolleces, que me

despellejan a comentarios susurrados, a pensamientos retrógrados y machistas que

seguramente llenarán de veneno el aire que respiro, y luego tendré que esforzarme el doble por

hacer efecto rebote con mis tetas, llenas de naturaleza infinita, de vida, de cabeza arriba, joder.

Que me repiten una y otra vez eso de - ¿No llevas sujetador? Pues se te nota - A lo que

debería contestar: a tí también se te nota que lo llevas y no te digo nada.

A veces no llevo sujetador. No me da la gana.

Porque así me parieron, porque así me dejo llevar por la gravedad, porque así soy fiel a mi

cuerpo, que me dice que le aprieta, que me dice que le daña, que me dice que le jode llevar

esa mierda puesta sólo para obedecer las normas de una sociedad que no está acostumbrada

a dejar salvaje lo que sirve de alimento al hombre, fuentes de inagotable misterio, esculturas

del milagro. Amigas, por cierto, de los sujetadores deportivos, que te ayudan a mover sólo

aquello que es preciso y no te torturan.

A veces no llevo sujetador. No me da la gana.

Y si me hago viejita y me reúno con cien viejitas y dejamos nuestras tetas al aire, todas,

absolutamente todas, van a caer hacia abajo, van a derretirse con el tiempo, van a contar la

historia de su vida con estrías y arrugas. Hayan llevado sujetador o no. Así que, digo yo que

será mejor que empecemos a querernos, a dejarnos en paz, a mandar al carajo a todos, a

venerar de verdad lo que significa tener un cuerpo que late y quiere seguir latiendo.

Porque... llevemos sujetador o no, el mundo no va a estar a nuestro favor, vamos a seguir

sufriendo acosos y salpicones de babas, la moda, la estética y el poder, van a seguir

mostrándonos como reflejos a unas mujeres lisas y apretadas, con las tetas en la boca y los

culos en la nuca. Todos vamos a seguir alabando la palabra perfección de la misma manera

porque somos necios, monigotes, alienados de éste mundo contemporáneo. Lo de siempre.

Por eso... ¡No te pongas sujetador si no quieres, mujer inteligente! ¡Y pregúntate por qué te lo

pones cuando te lo pongas! ¡Sé consciente y actúa en consecuencia! ¡Libres domingos y

domingas! ¡Tetas cómodas, con o sin leche, y al poder!

A veces no llevo sujetador. No me da la gana.

Y aunque sepa que sola no voy a conseguir cambiar nada, lo escribo. Por si resisten eternas

las palabras. Por si mi hija o la tuya, algún día quieren saber todo lo que realmente hay dentro

de la cabeza de una mujer. Y eso, como véis, sí que me da la gana.

Mis amigos se están quejando.

Mis amigos se están quejando porque no encuentran al amor en la barra de los bares.

Y no es que esté por otros sitios. Pero es que está por todas partes.

Se están quejando porque no da pelos ni señales ese con el que se lió en verano, que sabe a tinto con

limón y a crema solar por la espalda. Ay, esos amores de tres meses, que nos rompen las olas y nos bailan

el aire.

Se están quejando porque no le contesta al whatsapp, porque no le contesta al facebook, porque ha

dejado de marcarle favoritos en sus tweet, porque hace tiempo que no sube una foto y seguro que eso

significa que está follándose a otra en este mismo momento, a esta misma hora, justo en este instante, ya,

se están corriendo, de hecho.

Se están quejando de que "ay que ver que en estos tiempos todo es tan distante y distinto y distorsionado,

que si nos estamos alejando los unos de los otros, que si estamos sobreestimulados y sobreinformados, y

ya nos basta con la superficialidad del condón en la papelera y el ya nos veremos, si eso" que hemos dicho

y escuchado tantas veces.

Se están quejando porque no le come la polla o el coño o el tuétano o le da la mano dando un paseo, pero

sí le acepta los montaítos y las cervezas, y que le acerque a casa con el coche, y el "por favor comparte esto

en tu muro" o "acepta que irás al evento", que después de ésta fortaleza virtual entre tú y yo, seguro que

vamos a concebir muchos hijos pixelados y vamos a celebrar la vida con emoticonos de lengua afuera

después de una pelea, o el "buenas noches, princesa" seguido de una b una s y otra s. Y ten suerte si pone

acentos en las palabras, colega, porque estás ante alguien que puede enamorarte o comerte mucho la

oreja, incluso ambas cosas a la vez.

Mis amigos se están quejando.

Mis amigos se están quejando porque no encuentran al amor.

Pero amigos, amigos míos, amigos quejicas, pesados y adorables, decidme...

Por qué no te he visto correr hasta su casa, llamar a su porterillo, invitarla a la cima de una montaña para

gritar juntos palabrotas y porquerías, que estamos muy estresados últimamente y necesitamos follarnos

de verdad y cagarnos en la puta madre de los políticos y los hilos de nuestros hombros.

Por qué no le has tirado piedras y pájaros y mandarinas a la ventana de su habitación y le has sonreído un

poema, y le has dejado claro que no se lleva eso de ser novios, pero que te quedarías toda la noche

hablándole debajo de una farola, y que te subirías a la farola, y que desde ahí, serías capaz de preparale

todas las tostadas que quisiera.

Por qué no te he visto cogiendo con fuerzas el impulso que te envuelve cuando te lo cruzas sin querer por

la noche, en una calle cualquiera, para cogerlo de la cara y comerle el corazón sin importarte las hostias,

los rechazos, y el puto y maldito final que tenemos siempre en la mente. Que el mundo se va a acabar y

sólo nos une la muerte, déjate de pamplinas y derrama el amor que te nace, compártete y expándete, ama

a quién te salga del coño.

Por qué no te he visto partiéndote la camisa pa que se ría, ni cantarle, ni bailarle, ni besarle a los cuatro

vientos que le harías una chozita y el amor todas las tardes.

Por qué no te he visto coger un bus de siete horas y no dormir y soportar la lluvia y el frío de invierno y

coger trenes y aviones y gastar todo lo que no tienes con tal de que te abraze ese fin de semana. Que estás

hasta el gorro del porno solo, de la manta sola, de tí sin cojones como para llamarla y recogerla y

llevártela a Argentina.

Amigos y hermanos de ésta generación de locos y enfermos, yo no os he visto intentarlo.

Que no tienes que explicar que estás loca de amor. Que no. Que no tienes que explicar una puta mierda.

Que la mejor respuesta es hacerlo. Que hagas. Que hagas. Y te dejes de llorar. Que os levantéis de la silla,

que despeguéis los labios, que salgáis corriendo, que le déis un golpe a la rutina y apostéis por el ahora.

Mis amigos se están quejando.

Mis amigos se están quejando porque no encuentran al amor, porque no quieren la vida que tienen,

porque estudian una carrera de mierda, sin un puto duro, o trabajan en un trabajo de mierda, sin un puto

duro, porque viven anclados en pasadas relaciones frustrantes y futuros inexistentes, y no hacen nada

para cambiarlo.

Mis amigos se están quejando porque no encuentran al amor, y dice Cortázar que lo que mucha gente

llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se

pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la

mitad del patio.

Ésto es lo que me hace escribir, amigos.

La existencia del rayo,

y lo que voy a divertirme

partiéndome los huesos,

con él.

Dejad de quejaros

y comedle la boca.

Que yo soy un todo

Que yo soy un todo,

y no por partes,

repito,

que yo soy un todo.

Un todo con todo:

un vaso de vino lleno hasta arriba,

una cerveza con su espuma en el filo.

Y si alguien osa dar un trago,

¡cuidado y acábate el vaso!

Porque yo soy un todo.

No soy un buche,

no soy un rato,

no soy la mitad de ninguna cosa.

Y si no vas a paladear mi sabor,

ni piensas saber qué hay en el fondo,

entonces,

no me huelas, no me tientes,

no sigas adelantes,

no me busques, no lo intentes.

Porque yo soy un todo.

Y si no valoras la totalidad de mi ser al mirarme en tu mano,

abre el puño y levántame las alas

antes de que muerda mi lengua para evitar ser un todo.

Arrastrarme teniendo alas,

qué gran gilipollez,

lo mismo que ser un todo

y hacer de nada

por complacer.