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Una autora jiennense con la mochila cargada de pasos.

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Sonia Soto

Biografía

Nací un domingo de verano de 1990 en Úbeda (Jaén) aunque vivía en un pueblo de la misma provincia llamado Begíjar.

Mis padres, muy jóvenes y de pocos recursos, me enseñaron a jugar exprimiendo la rienda suelta a mi imaginación. Recuerdo escribir cuentos en folios A4 que doblaba por la mitad y grapaba a modo de libro. Eran uno de mis mayores tesoros, los cuentos y los objetos "preciosos" que encontraba en un vertedero que había detrás de la calle. Terminé mis estudios secundarios en el Instituto Santísima Trinidad de Baeza, allí donde Machado impartía sus clases y en una de ellas dejó olvidado para siempre su paraguas y sus apuntes. No voy a negar que en mi cabeza rondaron las ideas de llevármelos y huir. Siempre soñé con estudiar periodismo pero debido a la situación económica que sabía que me abordaría muchos años después, elegí una carrera con mejores expectativas de cara al mundo laboral, sin saber ni si quiera dónde entraba. Y asi, a día de hoy casi termino Derecho y digo casi porque a pesar de mi final entusiasmo en estos estudios, tuve que combinarlos con trabajo y una salud mental poco estable. Durante mis años de universidad comencé a publicar en un blog mi poesía, por así llamarla, como terapia para los que no tenemos dinero para un buen "loquero". Cada poema se llama Latido y está enumerado por orden cronológico. Son Latidos Crecientes. Algunos riman asonante, otros sólo en mi cabeza. Estudié diez meses en Rennes, Francia, donde además de aprender derecho internacional también me llevé algunos corazones usados y "pain au chocolat" de vuelta a casa. Mis últimos años caí rendida a los pies de Córdoba y de algún modo me hice adicta al azahar y sus fuentes (que no a sus veranos). Quisiera terminar mis estudios para empezar de diez. Once sería volver a la Bretaña para conocerla otra vez pero sin ansiolíticos. Doce sería conocer el periodismo dentro de sus aulas. Espero que estas letras hagan con vuestros bolígrafos lo que Sabina, Neruda y la Ansiedad hicieron con los míos.

Con amor en su sentido abstracto,

Sonia.

Poemas

Y Dios se llevó mi vergüenza y un par de calcetines diferentes, difícilmente de combinar ahora.

Endeudada con la tormenta,

siendo íncubo en madrugada

he de decir, que no prometo,

busqué la humedad pensé soñada.

Rotas las horas desde mi utopía,

hambrienta susurré de cama al techo,

“ quién fuera ojos de alguna estrella

que muerta goza de ser en tu pecho...”

Quiero decir, aunque no sea oportuno,

que no es la musa quién destapó el reposo.

Debí añadir que no se obstruye,

lo que su voz hace de un abril rugoso.

¿Qué?

¿Qué puedo decir yo?

Si ya no soy su Leonor Izquierdo ni el punto de sus "ies",

ni el de mira,

y ni si quiera contamos con algo más que nuestros fantasmas.

¿Qué puedo decir yo que no escribo por miedo a hacerte el amor,

que no sueño por no atraparme en tus lunares,

que bajo de tres en tres los escalones por si borrase tus huellas?

¿Qué?

Te he querido

Te he querido.

Tú no lo sabes desde mis bolsillos,

sólo desde mi cama y mis manos.

Y no es igual.

Porque no es igual que me llenes de tu chocolate la boca

a que la llenes de verdades y otros placeres.

Te he querido tanto como para que usaras mi cuchara.

Tanto como para coleccionar lo zaino pero excitante de tu perfume.

Tanto como para decirte simplemente “te quiero” en lugar de “quédate en mi

desorden otro desayuno más”.

Te he querido a tal punto que es posible que no te quisiera de agotar el mismo verbo.

Yo te he querido más cuando menos te quería.

Créeme que entonces te habría seguido toda la vida.

Te he querido tanto que había memorizado el desnudarte cómo artículos penales

y ahora,

en la prisión de piel sin piel,

busco tus botones por estímulo y manía.

Vaya si te he querido...