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Luchar con palabras contra los conflictos silenciosos

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O'Donoghue's
04/10/2017
23:00
Suso Sudón

Biografía

Suso nació en Salamanca en 1986. A los 15 años escapó del sistema educativo y empezó a instruirse en la vida. A los 16 autoeditó su primer poemario "Gritos a un papel" que repartió entre sus familiares y amigos. Tres años después volvió a estudiar
para poder cumplir su sueño de estudiar Arte Dramático coincidiendo con la publicación de su segundo poemario "Anarquía de tinta". En 2008 aterriza en Madrid, donde vive desde entonces. Aquí autoedita y distribuye tres poemarios: "Carpe diem o evasión", "22Transbordos" y "Para no existir". El poco tiempo que le resta de sus estudios teatrales lo utiliza en ir a los micros abiertos, mezclarse con cantautores y hacer sus propios recitales. En 2015, publica su sexto poemario, "Silencio y rocanrol". Es licenciado en Arte Dramático y dedica su vida a la poesía. Siempre en movimiento por el territorio nacional llevando consigo los poemarios que no se pueden encontrar en las librerías. Tiene un blog que mantiene activo (susosudon.blogspot.com) y donde se puede leer casi todo lo que escribe.

Poemas

Las Moscas

Las moscas se alimentan de nuestro desprecio.
Las moscas son almas errantes
que arrastran condenas eternas,
son pecadores infames.
Son antiguos hijos de puta
encerrados en esos pequeños seres oscuros
que necesitan caca como combustible.
Las moscas
se alimentan de nuestro desprecio.
Si no consiguen molestar desaparecen,
mueren de inanición,
por eso buscan tu oreja y tu nariz;
necesitan el odio para sobrevivir.
Vendrán a por ti si te resistes,
las moscas sólo perciben la atención.
Las moscas se alimentan
de los manotazos y la desesperación
que emanamos. Y se la damos.
Les ponemos rabia en boles
y aspavientos en bandeja;
somos cómplices de su existencia.
Las moscas se alimentan de nosotros
y nos convierten a la vez en potenciales moscas,
nos llenan del veneno
que procede de nuestra propia mierda
y somos súbditos de su apetencia.
Nosotros alimentamos a las moscas.

Así van

Los que pueden
compran el alma a cualquiera.
Los que no,
venden el alma a cualquiera
para poder después comprar
el alma de cualquiera.
Y así van las almas:
vagando de cuerpo en cuerpo,
amordazadas, amoratadas, acribilladas,
empapadas de fluidos corporales ajenos
y de su propia sangre.

Así van.

Son pocos los que poseen muchas almas,
así como son muchos los que andan sin una:
los ves en las escaleras mecánicas,
tomando café en las terrazas,
durmiendo en los portales,
en la oficina.
Lo peor
es que ellos no lo saben:
cuando venden el alma,
olvidan que una vez tuvieron.
Lo peor
es que sus almas serán violadas
por aquellos que las compran:
desalmados vendedores.
Así van.
Hay también quienes la recuperan de vuelta
pero ya no es la misma.
Y hay
quienes nunca la perdieron
y la conservan en llamas azules:
hablan con ella,
a través de sus ojos en el espejo,
y traman planes para no separarse jamás.
Pero siempre hay una oferta.
El cuerpo, sediento de pan,
pide a gritos ser liberado de ese alma,
ese alma que busca libertad y oprime al cuerpo.
Siempre hay una buena oferta
para deshacerse de esa voz de luz
que desestima los placeres de la miel.
Así van las almas y los cuerpos:
nada se corresponde con su hueco
y el vacío es suplantado por materia y tabaco,
y el agujero es cada vez más ancho y más profundo
y nada encaja dentro
y cada vez más vacío y cada vez más humo;
y aquellos que no firmaron el contrato,
aquellos pobres ángeles que no quisieron cambiar
esa esencia pura
por todo lo demás,
aquellos cuerpos,
a veces olvidan que tuvieron un cuerpo
y van vagando de hueco en hueco
por los vacíos de otros cuerpos
y acaban siendo ellos los amordazados,
los amoratados,
los acribillados,
desplazados de la vida pragmática,
hasta que sólo queda de ellos su alma intacta
hecha piel,
como la sábana blanca final que oculta el rostro
del cadáver de cualquiera:

allí van.

Desgaste

Deja que me acoja el caos,
no hagas nada.
Permite la destrucción natural,
la degradación lógica de mis tejidos,
no lo impidas.
Espera a que pase la brisa
y se lleve mis moléculas más dinámicas,
no parapetes el viento.
Este desgaste es mi alimento,
el tiempo que me lija es mi aliado;
no detengas las agujas,
no contengas más los granos
del indeleble reloj ineludible.
No soy fotografía
ni un eterno efebo de yeso.
No quisiera mantener el brillo álgido
de mi belleza;
lo que se acerca es lo que quiero.
No pretendas acaparar el presente,
no soy diamante ni cemento.
Este desgaste es mi alimento.
No sufras por mí,
soy feliz rebañando el tarro
de mi suavidad.
Déjame ser la levedad de la ceniza,
el vidrio quebrado por el uso,
el río vivo que corre por el surco
de la arruga.
No sufras
por la erosión de mi superficie,
deja que suceda
pues detrás llega lo nuevo
y ha de tener hueco.
Deja que me acoja el caos
mientras el fondo se me ordena
para que pueda luego
acoger lo que llega.
Tú toma este pétalo
y frótate con él
hasta que no quede aroma,

así se nutre mi raíz,
así es eterno el momento
así asumimos que no hay Roma,
ni parnaso ni monumento,
sólo el camino siempre ahora en movimiento.
Déjame marchar, Yo, hacia mí.