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Abraham Guerrero

Arcos de la Frontera (Cádiz), 1987

Biografía

Abraham Guerrero Tenorio (1987) nace en Arcos de la Frontera (Cádiz). Licenciado en Filología Hispánica, ejerce como profesor de español como lengua extranjera. En 2014 reside un año en Alemania, viaje que le servirá de parapeto para aventurarse en su primer poemario, titulado Los días perros, que en 2018 verá la luz a través de la editorial La isla de Siltolá. Su primera publicación fue en una selección de poetas anónimos recogida con el título de Anónimos 2.2, editada por el Ayuntamiento de Córdoba en el año 2014. En 2016 publica un poema en la revista Piedra del Molino. En 2018, aparte de ser el año de la publicación de su primera obra, gana el concurso Ucopoética, impulsado por la Universidad de Córdoba, como estudiante del Máster de Profesorado de Secundaria y Bachillerato por la Universidad de Cádiz.

Del autor

PATIO
I
Cada mañana escucho sus agujas.
Cose bajo el jazmín del patio,
parece un ovillo de lana negra
abandonada en una silla.

II
Su marido murió
trabajando en el campo,
cayó por una zanja.
Algunos años antes,
su hijo también murió
ahogado en un río,
con tan solo siete años.
Sobrevivió su hermano,
rescatado por un vecino.
No había, ni en el campo ni en el patio
tierra bastante para tanto muerto.
III
Asustada de tumbas,
mi madre se inventaba
leyendas de familia:
-En el fondo del pozo
del patio viven tu abuelo y tu tío-.
Entonces yo miraba el pozo,
oscuro y húmedo
como la boca de una vaca
y subía las escaleras
corriendo, y encontraba
las manos de mi madre
yéndose a por las mías.
IV
Mece su tronco mientras cose
en la silla, bajo el jazmín.
Ensarta las agujas en la lana,
una y otra vez, con paciencia.
Dice que cose abrigos para
que sus nietos los lleven

cuando cumplan siete años.
V
Contemplo sus zapatos
que descansan debajo de la silla,
negros, tristes y pobres.
Cimientos del luto, zapatos
que recorren el patio y rumian
las cosas más sencillas:
regar las plantas
tender la ropa
limpiar el polvo
el café en la cocina.
Y ahí están, sus zapatos,
debajo de la silla,
como dos ataúdes
como dos pozos hondos
como dos coches en un descampado,
negros, tristes y pobres.
VI
Cada mañana
en el patio, alza
los ojos todavía
por si aparecen
en el hueco
de la escalera.
VII
Los turistas se acercan
a la puerta del patio,
sacan sus cámaras,
fotografían
el suelo, las macetas,
fotografían
el blanco de los muros,
pero no muestran las postales
la mujer que hila
bajo el jazmín,
la mujer que parece
un ovillo de lana negra
abandonada en una silla.

Inédito

CONTINUIDAD DE LOS PARQUES

Un día se acercó tu prima Marie
y fuimos a aquel restaurante
cerca del río, donde las tardes con tijeras
y el frío acurrucándose en los zapatos.
Marie te hablaba de tu familia;
tú asentías a todo, siempre hacías lo mismo,
movías la cabeza pero sólo estaba el parque
o a veces el parque y el hombre que se agarraba
los codos vapuleado por la conciencia.
Las manos de Marie bailaban
sobre el mantel de cuadros verdes,
eso hizo que fijara mis ojos en la firme
piel oscura de sus piernas.
Fingiendo
esperar la comida, dándole vueltas a una servilleta,
me vestí de sepia y me entregué a ella
como un perro entrega su lengua.
Entonces ahora le apretaba la mano
por los Parques Elíseos
y la llevaba a un rincón donde algún jardinero
nos había prestado una mesa para podernos amar.
La subía con cuidado y la estrechaba contra mí
deslizando mis manos por sus muslos,
subiendo delicadamente
el fino tejido de su vestido de flores,
mientras hendía con sus dedos mi nuca
la luz del sol aprovechaba y arañaba sus comisuras.
El camarero sirvió la comida,
y Marie te hablaba ahora de una tarde
que te encontraron brazas negras en el vientre,
y luego nos enseñó una foto
para mostrarnos lo guapa y delgada que estaba
con veinticuatro años
con su vestido de flores
con un jardinero
con una mesa
y con sus ojos me dijo que no fue en París,
sino en un parque cualquiera de Granada donde
hicimos el amor.

Los días perros (La isla de Siltolá)