Usted está aquí

Back to top

Antonio Colinas

La Bañeza (León), 1946

Biografía

Antonio Colinas (La Bañeza–León, 1946)
Poeta, narrador, ensayista y traductor. Entre sus libros de poemas recordaremos Sepulcro en Tarquinia, Noche más allá de la noche, Libro de la mansedumbre, Tiempo y abismo o Canciones para una música silente. El conjunto de su poesía está recogido en Obra poética completa, editada para España por Siruela en 2011 y por el Fondo de Cultura Económica para América (México, 2011). Acaba de publicar su
libro Memorias del estanque.
Es autor de dos novelas (Un año en el sur y Larga carta a Francesca), de cuatro libros de cuentos y de varios de ensayo, como Del pensamiento inspirado, Sobre la vida nueva, La simiente enterrada (Un viaje a China), Un tiempo que no pasa o Nuevos ensayos en libertad. También de estudios biográficos, como Vicente Aleixandre y su obra, Hacia el infinito naufragio. (Una biografía de Giacomo Leopardi) o Rafael Alberti en Ibiza. (Seis semanas del verano de 1936.) Acaba de terminar un libro sobre María Zambrano. Su labor como traductor es muy amplia, centrada sobre todo en varias obras de Giacomo Leopardi (Cantos, Pensamientos), pero también en la del Premio Nobel Salvatore Quasimodo (Obra poética completa), o en autores de todos los tiempos recogidos en su Antología esencial de la poesía italiana o en Poetas italianos contemporáneos. Ha recibido el Premio Nacional de la Crítica, el Premio Nacional de Literatura, el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y, en Italia, el Premio Nacional de Traducción y el Internacional Carlo Betocchi, como traductor y estudioso de la cultura italiana.

Más Info Autor

www.antoniocolinas.com
amigosdeantoniocolinas.com

Del autor

CANTO X

Mientras Virgilio muere en Bríndisi no sabe
que en el norte de Hispania alguien manda grabar
en piedra un verso suyo esperando a la muerte.
Éste es un legionario que, en un alba nevada,
ve alzarse un sol de hierro de entre los encinares.
Sopla un cierzo que apesta a carne corrompida,
a cuerno requemado, a humeantes escorias
con oro, en las que escarban con sus lanzas los bárbaros.
Un silencio más blanco que la nieve, el aliento
helado de las bocas de los caballos muertos,
caen sobre su esqueleto como petrificado.
«Oh dioses, ¿qué locura me trajo hasta estos montes
a morir y qué inútil mi escudo y esta espada
contra un amanecer de hogueras y de lobos?
En mi villa de Cumas un aroma de azahar
madurará en la boca de una noche azulada
y mis seres queridos pisarán ya la yerba
segada o nadarán en playas con estrellas.»
Sueña el sur el soldado y, en el sur, el poeta
sueña un sur más lejano; mas ambos sólo sueñan,
en brazos de la muerte, la vida que soñaron.
«No quiero que me entierren bajo un cielo de lodo,
que estas sierras tan hoscas calcinen mi memoria.
Dioses míos: cómo odio la guerra mientras siento
gotear en la nieve mi sangre enamorada.»
Al fin, cae la cabeza hacia un lado, y sus ojos
se clavan en los ojos de otro herido que escucha:
«Grabad sobre mi tumba un verso de Virgilio».

ZAMIRA AMA LOS LOBOS

Zamira ama los lobos.
Yo quisiera ir con ella a buscarlos
a las tierras más altas,
donde los robledales rojos de Sotillo
han perdido sus hojas en las fuentes,
allá donde los caballos
beben el agua helada de las cascadas
y se espera la nieve
como una bendición.
Tú y yo estamos en este hospital
esperando a la muerte.
No la muerte tuya ni la muerte mía,
sino la de aquellos que nos dieron la vida.
Y éstos, ¿a quiénes pasarán,
cuando mueran, sus muertes?
Tú y yo esperando el final,
el vacío del límite,
mientras la vida brilla y tiembla entre nosotros
como un cuchillo inocente.
Y es que, esperando la muerte de los otros,
esperamos un poco la muerte nuestra.
Quizá, por ello, Zamira ama los lobos.
Quizá, por ello, yo deseo también
salir a buscarlos con ella este mes de diciembre
a los páramos altos, a los prados remotos.
Y podríamos ver los espinos,
y las brasas de sangre del sol
en mimbrales morados.
Puesta ya en nuestros ojos
la venda de la nieve,
que no pensemos más, que ya no nos deslumbre
el acre resplandor de los quirófanos.
Zamira ama los lobos,
quiere escapar del laberinto de piedra y cristal
del dolor.
Zamira: partamos y no regresemos.

(En Obra poética completa, Madrid, Siruela, 2011)