Usted está aquí

Back to top

Biografía

Adam Zagajewski

(Leópolis, Ucrania, 1945). Poeta, novelista y ensayista polaco, galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2017. Figura prominente del movimiento literario de la Nueva Ola polaca de principios de la década de 1970 y del movimiento de solidaridad anticomunista de la década de 1980, Zagajewski es hoy uno de los poetas polacos contemporáneos más conocidos y respetados en Europa y Estados Unidos. Sus poemas luminosos y penetrantes están imbuidos de un profundo compromiso con la historia, el arte y la vida. Goza de una amplia audiencia internacional y su poesía sobrevive a la traducción con un poder inusual.

Sus últimos trabajos incluyen 'Anteny', 2005 (Antenna), 'Niewidzialna reka', 2009 (Invisible Hand), descrita como "una maravilla"; sus memorias 'W cudzym pieknie', 1998 (‘Another Beauty’, 2002) y la compilación de ensayos 'Obrona zarliwosci', 2002 (‘A Defense of Ardor’, 2005). Su publicación más reciente 'Slight Exaggerations', una colección de ensayos, se publicó a principios de 2017. Entre los últimos trabajos publicados en España: 'Releer a Rilke' (2017), 'Tierra del fuego' (2017), 'Deseo' ( 2017) y ‘Una leve exageración '(2019).

Entre otros reconocimientos, cuenta con el Premio literario de la Fundación Kościelski (1975), Premio Tucholsky (1985), Premio de la libertad del PEN Club francés (1987), Premio Internacional de literatura Neustadt 2004 y Lifetime Recognition Award del jurado del Premio Griffin Poetry en 2016. En 1999 fue elegido miembro de la Academia de Artes de Berlín y en 2012 recibió el título de doctor honoris causa por la Universidad Jagellonne de Cracovia.

Exiliado sucesivamente en Alemania, París y los Estados Unidos, volvió a Cracovia en 2002, donde reside ahora. Fue profesor visitante en las Universidades de Houston y de Chicago.

Autorretrato

Entre el ordenador, el lápiz y la máquina de escribir

se me escapa medio día. Algún día sumará medio siglo.

Vivo en ciudades extranjeras y a veces con personas

extranjeras hablo sobre cosas que me son extrañas.

Escucho mucha música: Bach, Mahler, Chopin, Shostakovich.

En ella encuentro tres elementos, fuerza, debilidad y dolor.

El cuarto no tiene nombre.

Leo a poetas, vivos y muertos, de ellos aprendo

perseverancia, fe y orgullo. Intento entender

a los grandes filósofos (la mayoría de las veces consigo

captar sólo retazos de sus valiosos pensamientos).

Me gusta dar largos paseos por las calles de París

y mirar a mis semejantes, vivos de envidia,

de deseo o de ira; observar una moneda plateada

que pasa de mano en mano y lentamente pierde

su forma esférica (se borra el perfil del césar).

A mi lado crecen los árboles que nada expresan,

si exceptuamos la verde e indiferente perfección.

Por los campos andan negros pájaros

esperando pacientes como una viuda española.

Ya no soy joven, pero siempre habrá alguien mayor.

Me gusta el profundo sueño cuando dejo de existir,

correr en bicicleta por un sendero cuando los álamos

y las casas se deshilachan como cúmulos en un cielo claro.

A veces los cuadros en los museos me hablan

y de repente desaparece la ironía.

Me encanta contemplar la cara de mi mujer.

Cada domingo llamo a mi padre.

Cada dos semanas quedo con los amigos,

de esta manera nos somos fieles.

Mi país se ha liberado de un mal. Me gustaría

que después de aquella liberación siguiera otra.

¿Puedo contribuir en algo? No lo sé.

A decir verdad, no soy un hijo de la mar,

Como escribió de sí mismo Antonio Machado,

sino un hijo del aire, de la menta y del violonchelo,

y no todas las sendas del elevado mundo

Se cruzan con los caminos de la vida que, por ahora,

me pertenece a mí.

 

 

Acerca de mi madre

Acerca de mi madre no sabría decir nada,

cómo repetía vas a lamentarlo

cuando ya no esté, y yo no creía

ni en ya ni en no esté,

cómo me gustaba mirarla leyendo una novela de moda,

yendo directamente al último capítulo,

cómo en la cocina, donde pensaba que no era un lugar

adecuado para mí, preparaba el café del domingo,

o, lo que era aún peor, un filete de bacalao,

cómo esperaba a que llegaran los invitados y se miraba

al espejo, haciendo aquella cara que la protegía tan bien

de mirarse cómo era realmente (por lo que parece, eso

lo cogí de ella, igual que otras debilidades),

cómo hablaba con soltura de las cosas

que no eran su fuerte, y cómo tontamente

la hacía rabiar, como aquel día que se comparó

con Beethoven, al perder el oído,

y yo le dije, cruel, pero sabes, él

tenía talento, y cómo me lo perdonaba todo

y cómo lo recuerdo todo, y cómo volé de Houston

a su entierro y pusieron una comedia

 

en el avión y cómo yo lloraba de risa

 

y de desconsuelo, y cómo no supe decir nada,

y sigo sin saberlo.

 

 

 

Deszcz we Lwowie

 

 

                    "llueve en el dragón de Wawel / en los huesos de los gigantes”

                     Tadeusz Różewicz    

 

Llueve sobre la catedral armenia

y sobre la iglesia de san Jorge

Sobre la ópera y esa casa negra

Las colinas se disipan en la niebla

 

Y Ostap Ortwin, quien

era una persona noble

(defendió a Stanisław Brzozowski)

En plena calle le disparó

un agente de la gestapo

 

Civilización (hasta cinco sílabas)

Mal (solo una)

En Londres vi el autorretrato de Van Eyck

con el lema “Als ich cann”, es decir

“Como puedo” – y no es ningún selfie

 

Llueve sobre el Café Escocés

y sobre el Castillo Alto,

En el barrio de Kajzerwald, en la calle Piaskowa

y sobre la sinagoga

 

Esta ciudad que estaba asentada

como Roma sobre siete colinas

con el cetro y el orbe,

ahora es llana y pequeña

 

Rechinaron las ruedas de los tranvías

en sus rieles tan estrechos

Y entonces todos lloramos

Los paseantes y los foráneos

Vencedores y vencidos

 

 

Intenta celebrar el mundo mutilado

 

Intenta celebrar el mundo mutilado.

Recuerda los largos días de junio

y las fresas silvestres, las gotas de vino rosé.

Las ortigas, que con esmero cubrían

las fincas abandonadas de los exiliados.

Tienes que celebrar el mundo mutilado.

Mirabas los yates y los barcos lujosos;

uno de ellos tenía un largo viaje por hacer,

a otros sólo les aguardaba un vacío salado.

Has visto a refugiados con rumbo a ninguna parte,

has oído a verdugos que cantaban con gozo.

Deberías celebrar el mundo mutilado.

Recuerda los momentos cuando estabais juntos,

en una habitación blanca se movió la cortina.

Que tu pensamiento vuelva al concierto cuando estalló la música.

Durante el otoño cogías bellotas en el parque

mientras las hojas se arremolinaban en las cicatrices de la tierra.

Celebra el mundo mutilado,

y la pluma gris que un tordo ha perdido,

y la luz delicada que yerra y desaparece

y regresa.

 

(Traducción: Xavier Farré)