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Angélica
Morales

Actividad Cosmopoética

Cosmoversos (I) - Sala Orive 17/11/2021
20:00h
Entradas:

Entrada libre hasta completar aforo

Biografía

Nacida en Teruel en 1970, actualmente reside en Huesca. Escritora y directora teatral. Ganadora, entre otros premios de poesía, del XXVII Premio Nacional de Poesía Poeta Mario López de Bujalance (Córdoba); el XVII Premio de Poesía Vicente Núñez, de la Diputación de Córdoba; el XLVIII Premio Ciudad de Alcalá de Poesía; el 42 Premi Vila de Martorell (poesía en castellano); Primer premio en modalidad de Poesía del IX Certamen Literario Internacional Ángel Ganivet de la Asociación de Países Amigos (Helsinki, Finlandia) 2015; Finalista Premio Ausiás March al mejor poemario publicado en 2012 con Desmemoria); y el Premio Internacional Miguel Labordeta del Gobierno de Aragón 2011. Sus últimos poemarios publicados son El sueño de la iguana (Utopía Libros, Córdoba, 2020); Siempre es demasiado para no cantar (Bajamar Editores, Gijón, 2020) y Medea ha vuelto (Pregunta Ediciones, Zaragoza, 2021). Además, acaba de publicar este año la novela Tú serás la siguiente.

Poema

CÁRCEL BELLÍSIMA

Algunas mañanas las preguntas ruedan en mi cabeza,
¿hacia adónde he de dirigir mis pasos?
Soy una mujer con la violencia ida hacia los parques del misterio.
Me gusta mirar la negrura de un cisne y pensar que le pertenezco,
que algo dentro de su manto de plumas es mío
y puedo morir por él
como se muere en una guerra o en la decepción del amor.

Algunas mañanas miro mi casa como si fuese una cárcel bellísima
comiéndome a deshoras.
Entonces cierro los ojos un instante y regreso al vacío,
regreso a los ejercicios de yoga,
a aquel árbol grueso que daba cobijo a la curiosidad de Alicia.

Algunas mañanas me miento frente al agua del espejo,
digo río cuando sé muy bien que es barro,
pronuncio la palabra jazmín cuando lo que trepan por mi garganta son los cerdos.
No quiero parecerme a mi madre
y tener la espalda amplia y jorobada.
No quiero acumular callos en los pies
ni tener la lengua muerta bajo el gas de una coca-cola.

Algunas mañanas me pregunto en qué lugar sembró Dios la simiente de mi locura,
si he nacido de una vagina de mujer
o de la ceniza de un silencio.

Algunas mañanas ni siquiera abro el cajón de mis recuerdos
y camino sin prisa sobre las aceras,
acurrucada en el frío del invierno,
intentando unir una palabra y otra para crear verbos vivos,
instantes que valgan la pena.

Algunas mañanas abro la ventana y es otoño,
siempre en el mismo lugar,
a la hora exacta de los días infelices.

Algunas mañanas solo hay perros entre las manos,
una maleta de plata lujuriosa en la que esconder la fiebre y el ruido.

 

HACERSE INVISIBLE

Meteré mi sangre en una botella de perfume
y la arrojaré al mar de los náufragos y los idiotas.

He de dejar mi piel colgada sobre la boca de los árboles,
salir desnuda de mí,
con los huesos atados a la espalda para después echar a correr hacia ningún lugar.

He de hacerme invisible,
aguantar la respiración de un poema,
imaginar mi garganta plagada de hormigas felices,
de hombres que saben cantar y tienen el sexo justo para no causar el desorden.

Meteré mi casa en una maleta y le daré dos vueltas a la llave.
En el infinito se quedará flotando la cabellera de mi infancia,
el pañuelo con el que la abuela se cubría de los mordiscos del sol,
el ladrido de un perro blanco cerca de la ventana.

He de dejar mi huella sepultada en el camino de una piedra,
enterrar todas mis batallas bajo la hojarasca,
preferiblemente en otoño,
cuando los parques comiencen a masturbar su tristeza
y las muchachas hayan comenzado a caminar muy rectas hacia su muerte.

Meteré el esqueleto de un pájaro en una cajita azul,
junto al llanto de una bailarina con el pie roto.

Todo da vueltas en mi cabeza ahora,
los objetos que un día amé,
el trajecito de aquella muñeca que aún busca su pubis entre los dientes de la basura.

Me alimento de la oscuridad de mis espíritus
y todos son mujeres viejas lamiéndome las telarañas de los ojos
que arrojan pedacitos de sal a mis heridas,
que dicen que regresarán mañana aunque todos sabemos que mañana no existe.

 

PIENSO EN LOS TRENES

Pienso en los trenes
como compartimentos vacíos
de madre
que ya no sabe llorar.
Los trenes como monstruos de infancia
que exprimen junto a nuestro corazón
jugo de mandarina.

Pienso en los trenes
y veo trocitos de cielo azul
que pasan abriendo la boca,
una tormenta de cabellera melancólica
donde los pájaros se aparean.

Pienso en los trenes y llega el deseo,
el azúcar,
la sangre descarrilando
en el invierno de una sábana.

Pienso en los trenes
y digo noche,
la ausente noche
que tiembla y estornuda.

Pienso en los trenes,
palabra de Dios.
Por eso escribo esta sombra
que me nace en la garganta.
Y salgo de mí.
Y me caen hombres trágicos
y relámpagos.

Pienso en los trenes,
en la crecida de la nieve
al borde de la memoria,
en ese color enemigo
que se aferra al amanecer.

Pienso en los trenes,
movimiento,
lenguaje,
silencio dulcísimo cerca de la lluvia.

 

FRAGMENTOS DE PERRO

Fragmentos de perro,
nada más.
Somos fiebre que lucha a muerte
sobre la hoja en blanco.
El poeta. (Dicen)
Un pobre nada más.
Lo que queda del miedo.
Migajas de lluvia cerca de la ventana.
Humo de cigarrillo que asciende
hacia la seda de una mujer
que enferma de rosas y gasolina. 

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