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Cosmoversos Jueves 3 - Sala Orive 03/12/2020
De 11:00 hasta 12:00h
Hora de emisión:
18:00
Entradas:

HASTA COMPLETAR AFORO

Biografía

Aurora Luque. Poeta ante todo y traductora (Almería 1962). Su infancia estuvo muy vinculada a la naturaleza: vivió hasta los 14 años en Cádiar (Alpujarra). Estudió filología clásica en Granada. Desde 1989 reside en Málaga, trabajando como profesora de griego, articulista, editora y gestora cultural (dirección del Centro Generación del 27). Mundo clásico, literatura de mujeres y traducción de poesía son sus principales líneas de interés.

POESÍA

Gavieras (premio Loewe 2019); Orinque (poemas náuticos, 2017); Haikus de Narila. Portuaria (trad. inglesa, 2017); Los limones absortos. Poemas mediterráneos (trad. italiana, Premio Estado Crítico 2016). Personal & político (2015); Cuaderno de Flandes (trad. francesa, 2015). La siesta de Epicuro (Premio Generación del 27, 2008); Camaradas de Ícaro (2003; trad. griega Atenas, 2015); Transitoria (1998); Carpe noctem (1994); Problemas de doblaje (Accésit Adonais, 1990); Hiperiónida (1982). Antologías: Médula (2014); Fabricación de las islas (2014); Carpe amorem (2007).

TRADUCCIÓN ÚLTIMOS TÍTULOS:

Edición de Safo, Poemas y testimonios que incluye nuevos papiros (2020); antología de poetas antiguas (Grecorromanas, 2020); versión de If not, Winter, de Anne Carson (2019). Ha traducido a Catulo, a Renée Vivien y a Louise Labé, y las antologías Aquel vivir del mar. El mar en la poesía griega (2015) y Los dados de Eros (2000). Ha publicado ediciones de la dramaturga del siglo XVIII M. Rosa de Gálvez, de la cubana Mercedes Matamoros y de J. M. Caballero Bonald.

Escribí este poema cuando se difundieron en la prensa noticias sobre el
origen de la epidemia de Ébola: por pura necesidad, en algunos lugares de
África los murciélagos se consumían como alimento humano.
Curiosamente, la pandemia actual parece originarse a partir del consumo
del mismo animal aunque por motivos diferentes. El murciélago, siempre
protagonista de fábulas siniestras y letales.

1

Quirópteros

Atención: se ha escapado de libros y pantallas
un mito occidental. Y como un monstruo
habita entre nosotros, con su séquito
de pánicos ahora.
Antes era un morboso
asunto de succiones entre adultos.
Castillos quebradizos, capas negras y damas
con los cuellos muy pálidos,
féretros con resorte, mordiscos voluptuosos.
Después vinieron góticos adolescentes nórdicos,
exangües, inquietantes criaturas urbanitas.
El verbo se ha hecho carne, membranas, garras negras,
ojos alfilerinos. Previsto no lo estaba.
El vampiro ha mutado de costumbres.
Ahora el mito se vuelve africano y solar.
Un niño hambriento chupa unos cartílagos
y la sangre le brota por los ojos.
Y no salva el amor como en el cine.

(Personal & político, 2015)

2

Los himnos racionales (peán)

No sueles ya perder el tiempo en ello.
Dices que eres pagana, si es preciso.
A menudo los dioses son cosa de familia.
Se guardan lealtades, eso es todo.
Aún guardas cierta fe en el doctor Fleming.
Tu padre presionó para cambiar
el nombre de la calle en que vivíais
por el de aquel británico doctor
providencial, sin duda, en grado sumo.
Sí, prefieres los himnos racionales.
Lo más cercano a una actuación de Dios,
a un mover ficha cósmica,
lo sentiste en un libro.
Cuando cumplió cincuenta, Stefan Zweig,
en apogeo de riqueza y gloria,
deseó íntimamente algún trastorno,
un algo que cambiara su plena y plana vida
-pues era demasiado feliz y todo estaba
demasiado tranquilo.
Hitler apareció ruidosamente en Austria.
A menudo los dioses son cosa literaria.

Inédito 

3

Carta a Sofía

No pienses en Atenas
(Sofía Castañón, poeta
y diputada de Podemos por Asturias)

Una ciudad se arranca los tiranos,
se toma la molestia
de hallar la libertad, de hacerla hermosa,
de darle un largo nombre femenino,
de amarla tanto que
se decide a guardarla en cada pecho.
Un trocito de todo ese tesoro
pulido en cada mente –es tuyo y has de usarlo.
Con este lapislázuli traeré una ley nueva,
derribaré a aquel sátrapa -decía el ceramista.

Con mi pequeña gema –decía el pescador-
defenderé al meteco escarnecido.

Al general granítico
lo expulsaré con lascas de vasijas.
Nadie pierda su casa, su bien arado huerto,
por la deuda que hostiga el codicioso.
No palacios no templos inhumanos no pirámides,
sí palestras sí fuentes sí a cielo abierto gradas.
No adoraré a la muerte en ningún caso.
Sí venerar los cuerpos gozosos y desnudos.
Sí rezar por que el día como un aceite brille.
No borrarme en rituales que la vida desnombren.
Y en el sol de la calle o junto al río
indagar en la hondura que asombrosa me habita.
Heródoto en la plaza me contará esta tarde
cuán ciego está el tirano solitario.

Antígona le arranca con palabras de acero
la coraza soberbia al presidente
y Andrómaca vocea, en la ciudad,
cómo la guerra mata a las ciudades.
La ciudad son los seres que la habitan
no sus muros sus templos sus monedas.
La libertad ya es bella para siempre.
Pensar, pensar Atenas.
Y beber ese vino de memorias.

Inédito 

4
Neodanaides

Se ha comprendido ya que Sísifo es el héroe absurdo. Lo es tanto por sus
pasiones
como por su tormento. [...] Sísifo, proletario de los dioses, impotente y rebelde,
conoce toda la magnitud de su condición miserable [...]
Homero nos cuenta también que Sísifo había encadenado a la Muerte.

ALBERT CAMUS

Castigadas. Las siempre castigadas. Nacer para el castigo.
Para llenar los cuencos, las bañeras,
los cubos de fregar, la fina copa,
la piscina infantil y la cisterna,
la zafa, el fregadero, las tazas y el bidé,
la lechera, la jícara, la olla.
Acarrear sin pausa las aguas de los días
y reponer las nunca llenas ánforas,
el cántaro, el lebrillo, los aljibes,
el frasco de perfume,
la botella de suero de la clínica
con su rumor de ánimas,
el bebedero de los animales.

Nosotras, castigadas, las nietas del río Nilo,
halladoras de fuentes, de regatos,
que perforamos rezumantes pozos,
que hicimos coronar de manantiales
a la árida Argos desahuciada.
Nosotras, Melanípides, las que entreviste en Siria,
ni mujeres ni hombres –no supiste qué éramos,
de pura libertad inconcebible-

cabalgando por bosques soleados,
cazando a su placer, recogiendo los dátiles
y la casia y las lágrimas de incienso.
Nosotras, castigadas. El cedazo, la rota regadera,
los calderos en ruina. El agua se nos va
y ya no es nuestra.
Porque a la Muerte atamos, como Sísifo.
A nuestra muerte le pusimos bridas.

(Gavieras 2020)

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