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Ben
Clark

Actividad Cosmopoética

Taller traducción poética con Ben Clark -online- - Online De 08/11/2021 hasta 08/12/2021
00:00h

Biografía

Ben Clark (Ibiza, 1984) es poeta y traductor. Ha publicado, entre otros, los poemarios Los hijos de los hijos de la ira (XXI Premio de Poesía Hiperión), Cabotaje (Delirio, 2008), Basura (Delirio, 2011), La Fiera (Sloper, 2014), por el que obtuvo el Premio El Ojo Crítico de RNE de Poesía 2014, Los últimos perros de Shackleton (Sloper, 2016), La policía celeste (Visor, 2018), por el que obtuvo el XXX Premio Loewe de Poesía, Armisticio (2008-2018) (Sloper, 2019) y ¿Y por qué no lo hacemos en el suelo? (Espasa, 2020). Es tutor de poesía de la Fundación Antonio Gala para Jóvenes Creadores de Córdoba y profesor de poesía en el Máster Virtual de Escritura Creativa de la Universidad de Salamanca. 

Poema

EL ARRECIFE

Pólipos y más pólipos.

El arrecife extiende sus dominios

en silencio, sin pausa, sin rubor.

No sabe el arrecife de barreras,

no concibe los límites del tiempo. 

 

Y habrá quien se sumerja y quien se abrume,

y habrá quien ignorándolo navegue

hacia un destino exótico y fugaz. 

 

Crece desde la muerte, frágil, loco

armazón de recuerdos y presagios. 

Y es. 

Y no puede la mar decir su nombre,

ni puede el arrecife ser distinto. 

 

 

LORCA IMPRIME SU TARJETA DE EMBARQUE

(1898-2018)

Todavía eres joven

porque no es necesario que hagas scroll

al elegir el año en que naciste

al facturar en Ryanair. (El año

que viene es otro tema.) Pero mira, 

gira la rueda y baja hasta el final

(Giraba, / giraba la rueda).

Verás el año mil

ochocientos noventa y ocho; el año

en que nació García Lorca, alguien,

alguien en Ryanair con mucha fe 

(alguien a quien yo amo desde ahora)

ha imaginado un Lorca

con ciento veinte años y ninguna

bala en el pecho frente a la pantalla, 

introduciendo el código

de la reserva, el mail (¡el mail de Lorca!)

y eligiendo el asiento (ventanilla)

y dándole a imprimir (la vieja escuela)

y pensando en el viaje

y en la vida con ciento veinte años

y ni una sola bala.

 

CERES

Para Fabio de la Flor

 

Admiro a los amigos que hacen pan

y los cuido y protejo con conjuros

inventados, escribo

poemas en su honor y, si se mudan,

vendo mi biblioteca y doblo mal

la ropa y la introduzco

en bolsas de basura y voy con ellos,

a su barrio, a su calle,

a su mismo edificio si es posible, 

y así me dan el pan, el pan que han hecho

esta mañana, anoche, ayer, no importa,

tierno siempre, caliente aunque esté frío.

El pan. Y mis amigos me comprenden

y no se espantan, saben que no sé,

que no puedo, que nada

me gustaría más que no tener

que molestarlos siempre con el mismo

cuento; el pan, vuestro pan, me da la vida,

hace que me arrepienta y que me alegre

a la vez del tratado que firmamos

mucho antes de nacer: habrá personas

fecundas que harán pan, que enseñarán

a sus hijos el truco y que no tienen

a cambio que hacer nada.

 

Y habrá personas huecas como yo,

hijos sin hijos, nombres moribundos,

que a cambio de una pizca de ese amor

tendrán que proteger a los que saben,

cuidarlos siempre, amar a los que saben

y no pedirles nunca lo que es suyo

y agradecer las migas cuando falte

el pan, y ser amigo cuando no

haya nada de nada y sólo queden

palabras sobre el pan, y si eso ocurre

ser abrazo de roca y ser su barca, 

porque esa es su tarea, la tarea

de un hombre que no puede y que no sabe,

pero que ama y comprende los milagros. 

 

LOS ROTOS

Todas las divisiones son mentira

salvo la que divide los cuerpos en dos

grupos incomprensibles entre sí.

Aquellos que se han roto y los que no.

 

Los rotos no pedimos demasiado: 

que se nos quiera, sí, 

que los que no han vivido la fractura

tengan paciencia

si mascullamos viendo las noticias

o hacemos el amor

con un poco de miedo. 

 

Entenderás, entonces, ciertas cosas.

Por qué en casa las tazas no se tiran

y por qué a veces quiero

estar solo después de que suene un portazo. 

Los ritos de los rotos, amor mío.

Ademanes que espero que no comprendas nunca.