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Cosmodiálogos.Domingo 29 - Sala Orive - 29/09/2019 - De 18:00 hasta 19:00h

Biografía

Brigitte Vasallo (Barcelona, 1973) es escritora a trompicones, formadora, activista LGTB y feminista bastante más preocupada por el racismo y el género del racismo, que por el género en sí mismo.

He escrito la novela ‘PornoBurka’, prologada por Juan Goytisolo y colaboro a ratos con eldiario.es, Catalunya Ràdio, Ara, El Salto,  La Directa, Pikara Magazine i Critic.cat, entre otros; soy docente del Màster de Gènere i Comunicació de la UAB; doy cursos y seminarios sobre diversidad sexo-afectiva e interseccionalidad aplicada en la universidades de Barcelona, la de Girona o la de les Illes Balears y he sido invitada como ponente en congresos internacionales como el 1st Non-Monogamies and Contemporary Intimacies, en la Universidad de Lisboa, o Eros y Dionisios, del Museo de Arte en Rio de Janeiro.

He colaborado como Consultora para el proyecto INTIMATE – Citizenship, Care and Choice: The Micropolitics of Intimacy in Southern Europe, del Centro de Estudios Sociales (CES) de la Universidad de Coimbra y el European Research Council. Mi relato [ ’ba sa λo ] está incluido en el libro 'Un esforç més' coordinado por Espai en Blanc y también Bukake según san Marx en 'Relatos Marranos' (Pol.len 2015).

También he publicado capítulos en los libros 'Contra la Islamofobia' (Icaria 2016), '(H)amor' (Continta me tienes 2015) o 'Más allá de lo imposible: derechos humanos en el siglo XXI' (Txalaparta, 2015), entre otros.

Mis artículos se han traducido al inglés, francés, portugués e italiano. Investigo sobre pensamiento monógamo y sobre la captación de la reivindicaciones feministas por parte de los discursos islamófobos (lo que denomino 'purplewashing'). Me interesa también ver de qué manera el poliamor genera racismo. Formo parte del Col.lectiu I+ de profesionales (diversos) por la diversidad.

Trabajamos en las intersecciones del machismo, el racismo y la LGTBfobia allá donde nos dejan: desde el diseño de políticas públicas hasta haciendo intervenciones en los barrios o dando formación a profesorado.

He sido integrante del grupo Red Musulmanas, colectivo de mujeres que trabajan por la difusión del feminismo islámico y contra los prejuicios hacia las mujeres musulmanas y Nasij, colectivo por la inclusión de lo queer en las espiritualidades. Y no, no soy musulmana.

 

© Foto de El Parlante.

Absorto en su brutalidad, el Barrio Chino te sacudía, te amenazaba, te desvelaba. Era, con toda su penuria, un lugar sin mansedumbre.

Una esperanza.

Pero llegaron los tiempos modernos, llegó Europa y ese progreso dorado de catálogo y grandes eventos. La gente de izquierdas engulló a las gentes del abismo. Impusieron su limpieza, su orden, su censura camuflada de criterio, su civismo ciego e hipócrita, mediocre. La progresía expulsó a la chusma, purgó el vecindario con un urbanismo sin alma (pero con futuro) e instauró la vida de mentira, una vida reglada, pactada, un mundo alternativo dentro de la norma, de una rebeldía totalmente inocua e infantil que destruyó la única grandeza del barrio: su inevitable, involuntaria carga de sobrecogedora verdad.

Ahora el Chino se llama Raval y es un parque temático. Aquí ya no se vive de noche, sino que se «sale» de noche. Se sale y al día siguiente se entra de nuevo en la vida normal. ¿Dónde está, ahora que el barrio se llama Raval, la población de aquella noche sin regreso del Chino? Alguna, aquella que haya logrado esquivar la especulación inmobiliaria o esté aún resistiendo sus envites, intenta adaptarse al nuevo barrio como intentan los cocodrilos

sobrevivir en un terrario. Y a su alrededor, las criaturas de la modernidad se escandalizan de la decadencia, pero disfrutan de ella:l es da ese aire tan guay codearse con la chusma las noches del sábado, comprarle una cerveza al paki, echarse una charla con un puta sin papeles. Y así, el Raval se ha convertido en un lugar de buenrollismo y tolerancia...

... como si la mierda en estado puro se pudiese tolerar.

Un barrio, en fin, inofensivo. Porque en la noche del Raval contemporáneo se puede perder la cartera, la paciencia o la virginidad.

¿Pero el alma? 

Hay que tener un alma muy cutre para perderla en este Raval.

 

De ‘Pornoburka’ (Ediciones Cautivas, 2013)

Cuando pensamos que desmontar la monogamia es eliminar la cuestión de la exclusividad sexual nos estamos fijando solamente en la moneda, en la herramienta: eliminamos el símbolo del entramado pero sin tocar ni cuestionar el entramado en sí mismo, cuando lo realmente importante es poder ver qué partes queremos desmontar, y en qué orden, y cuáles podemos asumir, cuáles son necesarias, cuáles superfluas, cuáles contribuyen a la violencia y cuáles no. La monogamia no se desmonta follando más, ni enamorándose simultáneamente de más gente, sino construyendo relaciones de manera distinta que permitan follar más y enamorarnos simultáneamente de más gente sin que nadie se quiebre en el camino. 

Si no atendemos a la estructura, no solo estamos reproduciendo el mismo sistema con un nombre distinto, sino que estamos añadiendo violencias y dolores a los ya implícitos en el sistema. Pero, lo peor de todo, no está sirviendo para nada más que para crear un rollito divertido y con aires cool que nos durará apenas unos años o unos meses, hasta que no nos queden tripas que desgarrar o hasta que encontremos esa media naranja con la que sí queramos comprometernos y dejemos atrás, definitivamente, nuestros experimentos juveniles poliamorosos, aunque ello conlleve dejar unos cuantos cadáveres emocionales por el camino. Al fin y al cabo, ¡qué es un cadáver más o menos frente a un amor-de-verdad®!

 

De ‘Pensamiento Monógamo, Terror Poliamoroso’ (Ed Oveja Roja, 2018)