Usted está aquí

Back to top

ISL
A
CO
RRE
YER
O

Cosmoversos. Domingo 29 - Sala Orive - 29/09/2019 - De 19:00 hasta 20:00h

Biografía

Isla Correyero (Cáceres, 1957) ha cursado estudios de periodismo y cinematografía. En 1998 recogió en una antología, ‘Feroces (Radicales, marginales y heterodoxos en la última poesía española)’ (Ed. DVD, Barcelona, 1998), la nueva poesía crítica que se gestaba en España, que incluye la obra de David González, María Eloy García, Pablo García Casado o Isabel Pérez Montalbán, entre otros.

Ha ganado el Premio Colección Provincia con ‘Cráter’, en 1984; Premio Ricardo Molina con ‘Diario de una enfermera’, su poemario más célebre, en 1996. Fue finalista del Premio Mundial De Poesía Mística Fernando Rielo con ‘La Pasión’ (1999). Obtuvo el Premio Hermanos Argensola 2002 con su poemario ‘Amor Tirano’. ‘Mi bien’ es una antología de su obra poética (2018).

Además, ha publicado ‘Género Humano’ (2014) en Amazon, ahora con el título ‘Lepidópteros’; ‘Hoz en la espalda (​Evolución de un divorcio​)​’ (Ed. Huerga & Fierro, Madrid, 2015), reeditado con el título ‘Divorcio’.

DÍAS Y TRABAJOS EN PRIMAVERA 

 

Es que no tenía sentido real

ver a mi padre y a ti

aquellos días

trabajar tanto

entender qué era aquel tesón

con un hilo de alambre

triturarte cartílagos

empujar músculos

mezclar astillas de madera

con masa de sangre y de jabones

en camiseta retrayéndote

con los labios rajados

por abrir botellas

el sacacorchos a veces

con sólo el marco de la puerta vieja

te jactabas nunca hubo en ti

vulgar orgullo.

Cuando se llevaron a mi padre

de la ambulancia al ataúd

el tiempo estuvo comprimido

en los vestidos blancos mi uniforme

en la pintura de los coches blancos tú

atornillabas el pladur y las vallas

trabajabas con tanta castidad

que las perdices venían

a picotear mis zapatos blancos

los zuecos llenos de avena y césped blancos

como los huevos de las gallinas y el azúcar.

Y quietísima yo me preguntaba cómo tú

subido en el tejado

podías no llorar y trabajar

acribillado de avispas y de moscas

de aquel calor sin fin

de aquella fiebre ceniza del cemento

por qué lloraba intensamente yo por ti

(lo de tu padre ya nos iba doliendo como símbolo)

y aún más al recordar a cada instante

la muerte de mi padre a él el ido

el transformado en hierba

y nunca cráneo ya sus orejas

para escuchar a sus clásicos músicos

sus ruidosas narices nunca más

serán esa nariz que goteaba

catarros y tristezas

tantas penas tenía sin decir

muchas cosas de perfumada belleza

que él no podía oler

-había perdido el olfato como sentido

no el olfato de la inteligencia o astucia

que era como gato él frente a las ratas-

¿te acuerdas tú de cómo distinguía

a los buenos ferreteros de los tontos

a los albañiles chapuzas de los serios maestros

a los útiles de los inútiles?

Era tan listo y tan centelleante

siempre en un estado de gracia inexorable

¡Qué hacer ahora!

¡Cómo voy a dejar de llorar continuamente!

Es irreal que tú no estés ahí

Mirándome escuchando

Esa silueta blanca en la escalera yo no la estoy mirando

No

No la veo

Me he vuelto a equivocar de color de sombra

Mis gafas son nevadamente blancas.

 

de 'Lepidópteros' (Amazon, 2014)

MUTILACIÓN 

(del libro “Divorcio”)

 

Llegué nocturnamente a Sevilla a las 12. El hotel apestaba a un misterioso

blanco. Las luces de la calle entraban hasta el wáter iluminándome hasta los

pulmones.

La desnudez ampliaba mis tetas de 2 hijos.

 

(Mi hombre ya me había ultrajado y escupido en insultos: 'Las tienes como

ubres de vaca enferma loca sorda enferma' me decía muy alto.

 

El odio que sentí por ellas era tanto que no podía seguir así en el mundo.

 

Crucé la habitación de 20 a 30 veces. Se podían contar insólitos insectos.

 

Me miré en el espejo y sopesé mis mamas con los dedos crecidos que otorga

la ansiedad.

Determinada abrí el maletín de lona. Saqué verdes tijeras bisturí y algodones

y comencé a podarlas por el pezón izquierdo.

Rojo y ensombrecido el pezón me lamió los muslos y los pies.

 

La noche añil entraba con sangre tenebrosa empapando mi cuerpo las

mullidas toallas. Y en el siguiente acto de consciencia y orgullo llegué a

verbalizar desmayada hasta el suelo: 'Nunca más volverás a humillarme.

Nunca más mientras viva'

 

Ahora voy por la vida con un pecho sin vértice y el otro como enhiesta asta

de cierva brava.

 

De 'Divorcio' (Amazon, 2015)