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Cosmoversos Lunes 30 - Teatro Góngora 30/11/2020
De 11:00 hasta 13:00h
Hora de emisión:
19:00
Entradas:

Biografía

Lara Moreno nació en Sevilla en 1978 y creció en Huelva. Vive en Madrid, donde trabaja como editora e imparte talleres de escritura. Además de sus cuentos recogidos en numerosas antologías, ha publicado los libros de relatos Casi todas las tijeras (Quórum, 2004) y Cuatro veces fuego (Tropo, 2008), así como los poemarios La herida costumbre (Puerta del Mar, 2008), Después de la apnea (Ediciones del 4 de Agosto, 2013) y Tuve una jaula (La Bella Varsovia, 2019), que, junto con sus poemas inéditos, conforman el volumen Tempestad en víspera de viernes (Lumen, 2020). En 2013 recibió el Premio Cosecha Eñe por su relato Toda una vida, y Lumen publicó su primera novela, Por si se va la luz, que obtuvo un importante reconocimiento por parte de la crítica y de los lectores. FNAC la incluyó entonces entre los autores revelación del año. Le siguió Piel de lobo (2016), una espléndida muestra de la madurez narrativa con la que Lara Moreno dejó de ser una promesa para convertirse en una de las voces más destacadas de la presente narrativa castellana. En la actualidad escribe su nueva novela, La ciudad, de próxima publicación en Lumen.

Ahora, ciudad, que tú me dejas,
veo películas de Bergman a las dos de la noche
y leo muchos libros, ciudad,
como si tuviera tiempo.
Leo libros de ensayo como si fuera lista
y subrayo algunos párrafos
porque eso significa que por fin los comprendo.
Ahora, ciudad, que tú me dejas,
paso los días enteros en el sofá
y limpio las esquinas y veo crecer mis plantas.
He puesto algunas fotos en marcos
pero todavía no me atrevo a buscar
su lugar definitivo en la pared.
Acaso esta es de verdad mi casa.
Ahora, ciudad, que ya no puedo verte,
algunas veces sufro pesadillas
y sueño que tengo miedo
como si por el día no lo tuviera.
Subo a la azotea aunque esté prohibido
y veo tu cielo limpio y despiadado
y también desolado
y allá al fondo tan nítidas las cúpulas
que acaricié en tus bajos fondos
e incluso puedo ver la punta de nieve de los montes.
No sé, ciudad, si volveré a tocarte.
Me he abandonado a esta rutina,
vivo un amor consciente y desarmado
en medio de la gran obligación.
Hay suficientes momentos de esperanza

pero a veces confirmo que no puedo salir
que estoy aquí encerrada con mis seres queridos
pero nunca con todos a la vez.
Ciudad, me diste tantas cosas.
No sé si volveremos a mirarnos las llagas.
No sé si de esa forma.
Ya sabes, nuestro baile,
aquella melodía descarnada.

Quizá porque estamos encerrados ahora te quiero sin reparo
quizá porque no hay más remedio
quizá es por eso
aunque tú ya me estabas queriendo desde antes
desde hace mucho tiempo mucho andamio
mucha duna barrida por los vientos.
He esperado las lluvias y he tenido paciencia
aunque no te lo creas no era la soledad lo que me daba miedo
con esa curvatura de volcán que traían mis ojos yo conseguí mirarte.
Pude ver que la ciénaga se deshacía y casi parecía agua potable cuando
entraba la noche.
Han pasado cien trenes con su impacto.
Los he oído gritar.
Gente aturdida que espanta los insectos a mordiscos gente con hambre y a
veces con difteria.
No quiero explicaciones ni promesas de un mundo que acaba de romperse.
Mientras la Tierra cruje y los sistemas vuelven a sernos más que insuficientes
mientras se hace pobre el porvenir y el pánico vibra en las banderas
mientras todo eso pasa
aquí estamos tú y yo
solo agua clara
solo tendidas nuestras armas al borde de lo nuestro.
La ropa que espera ser doblada las botellas vacías amontonándose
una pila de libros y tus venas
que ahora de repente son futuro
la posibilidad del llanto sin justicia
simplemente llorar porque hace frío
y el temblor de tu cuerpo junto al fuego
tú que sabes de leña.

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