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Cosmoversos. Sábado 28 - Sala Orive - 28/09/2019 - De 18:00 hasta 19:00h

Biografía

Luisa Castro (Foz, Lugo, 1966) es poeta y novelista. Como poeta ha publicado hasta la fecha siete libros de poesía, el último ‘Actores vestidos de calle’ en la editorial Visor (2018). Recientemente se ha publicado también en Visor el volumen ‘La fortaleza’ (2019), en el que se reúnen sus seis libros de poesía anteriores. Por  ‘Los hábitos del artillero’ (1990) recibió el premio Rey Juan Carlos de Poesía y por ‘Los versos del eunuco’ obtuvo el premio Hiperión.

Su obra narrativa se compone del libro de cuentos 'Podría hacerte daño' (Ediciones del Viento, premio Torrente Ballester 2004), y de las novelas 'El somier' (Anagrama, 1990), finalista del premio Herralde 'La fiebre amarilla'(Anagrama, 1994), 'El secreto de la lejía', premio Azorín de novela 2001 y publicado en Planeta; 'Viajes con mipadre' (Planeta, 2003) y 'La segunda mujer' (Seix Barral, 2006), que fue premio Biblioteca Breve.

Ha sido colaboradora habitual en ABC, El Mundo, El País, La Voz de Galicia y El Progreso de Lugo, y ha recibido por su labor periodística los premios Puro Cora de Periodismo en 2009 y el Premio Voces del Año de La Voz de Galicia. De su labor periodística son fruto los dos libros de crónicas literarias 'Diario de los años apresurados' (Hiperión, 1997) y 'Melancolía de sofá' (Xerais, 2009).

Actualmente colabora con asiduidad en el Suplemento de Viajes de El País, a la vez que dirige el Instituto Cervantes de Burdeos, después de haber dirigido desde 2012 a 2017 el centro de Nápoles.

 I

Dentro, en el hueco, en la estancia

la comida se pudría, 

no había lugar para el lenguaje, 

Sólo para las imágenes,

y no había personajes, ni fieras.

Había espacio. 

Un espacio interno como un círculo vacío

o lleno de comida.

Pájaros que sobrevuelan la comida

y no la prueban, 

se van, 

esperando el manjar a ser comido. 

 

De ‘Actores vestidos de calle’ (Visor, 2018)

II

Sabe Dios con qué he soñado esta noche. 

El mundo se acababa

y yo debía de expiar todos los crímenes. 

Todos los había perpetrado yo, 

eran imperdonables

y en mi cuerpo no cabían los dolores,

no había sitio en la cama 

para todos los que venían a pedirme cuentas. 

Deudores y razones, 

el amor abandonado, 

hijos ajenos y propios desfilando

con sus pliegos de culpas ante mí, 

padres indiferentes, naufragios y calamidades

a mi cargo. 

No tenía sentido despertar, 

abrir los ojos al día, 

la primavera estallaba y el lenguaje 

me había abandonado. 

Cualquier cosa que dijera, 

cualquier cosa que pensara

sería en mi contra. 

Yo era juez y acusado, 

yo era testigo y víctima,  

y dentro de aquel cuerpo

mi condena era vagar

registrando eternamente 

la belleza del mundo. 

 

De ‘Actores vestidos de calle’ (Visor, 2018)