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Cosmoversos Viernes 4 - Sala Orive 04/12/2020
De 11:00 hasta 12:00h
Hora de emisión:
19:00
Entradas:

HASTA COMPLETAR AFORO

Biografía

María Elena Higueruelo (Torredonjimeno, Jaén, 1994) es graduada en Matemáticas y en Literaturas Comparadas por la Universidad de Granada. Ha publicado los libros El agua y la sed (Hiperión, 2015), con el que obtuvo el XVIII Premio de Poesía Joven «Antonio Carvajal», y Los días eternos (Rialp, 2020), tras resultar ganadora del Premio Adonáis 2019. Ha sido incluida en las antologías Nacer en otro tiempo (Renacimiento, 2016) y Piel fina (Maremágnum, 2019).

HE ENCONTRADO UN ATAJO

Perdidos en la Judería
Muchachas de Jerusalén: yo os invoco.
Muchachas de Jerusalén, dejad que mi amor venga
con las manos vacías,
con las manos
sin frutos ni manjares. Dejad que venga
a mí sin nada; así yo,
imposible Sulamita, pálida y mundana,
llenaré las suyas con las mías.
Muchachas de Jerusalén, dejad que mi amor venga
por este atajo: acortad la distancia
entre su abrazo y el mío;
ya sé que no puede aliviar
de las cosas el peso, pero cuando
permanece aquí cerca sí consigue
que no me importe soportar tamaña carga.
Por favor,
muchachas de Jerusalén, dejad que mi amor venga
para quitarme la corona de espinas
y, en su lugar, trence en mi pelo
una corona de flores azules
que expanda el olor de su nombre.
Así yo le ofrendaré este cantar,
aunque no sea el más bello, aunque no
sea digno de un rey.
Quizá mi amor lo estime
al menos digno de lo nuestro:

Amor, yo repudio
el pasado y el porvenir
por este instante contigo.

(Los días eternos, 2020)

PATIO DE RECREO PARA NIÑOS MAYORES
Yo aleúyo, tú aleúyas, él aleúya—
aleuyar es un juego que consiste
en ser empujado

(poco a poco)
con una piedrita hasta la tierra.
Veinte – dieciocho – quince: has vuelto
a sentir la violencia del ojo-
bisturí; de la palabra ajena,
extraña sentencia pronunciada
como un susurro en altavoz.
Trece – diez – siete: has vuelto
al lugar del rito infantil;
presa del corro caníbal, eres
otra vez chivo expiatorio —tú la llevas.
Undostrés: estate quieta.
Undostrés: escóndete.
Los niños mayores cantan (cinco, cuatro)
contentos el himno de tu caída.
De tizón tu espalda manchada,
el verbo (tres) y la carne (dos)
vuelven a ser uno:
«estás demasiado
callada».
Los niños mayores cantan:
¡Aleúya! ¡Aleúya!

(Los días eternos, 2020)

INVOCACIÓN

Al tándem Pardo-Valente

Ya puedo intuirte, ya
te adivino del otro lado de la luz,
al otro lado de los blancos párpados
cantando como una cigarra muda
⸻arrullo bajo el sol que despliega
las sombras de las cosas invisibles⸻.
Eco que precede a la voz: vibras
como la espada temblorosa que custodia
la frontera entre la nada y lo posible:
fabricar el silencio o fabricar la palabra;
mientras, recorrer con el dedo
la tenue silueta de los signos.
Yo te invoco porque tú me llamas:
¿de quién irá quién al encuentro?
No: la luz no basta.
Hay que hendir los dientes en el fruto,
arrancar la carne a la palabra.
Hay que aspirar al silencio.

(Los días eternos, 2020)

EN LA CERRADURA DE UN CANDADO
En la cerradura de un candado, otro
candado, y nunca, por ningún lado,
una llave.
Una puerta que no se abre
ni empujando ni tirando.
Una puerta que no es corredera,
con un cerrojo en ambas partes.
Una puerta por la que no se entra,
una puerta por la que no se sale,
una puerta que separa
una nada de otra nada
y solo dentro del candado
⸺aun tal vez otro candado⸻
esconde algo.
Y nunca, por ningún lado,
una llave.

(El agua y la sed, 2015)

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