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Maria
João Cantinho

Actividad Cosmopoética

Cosmoversos (I) - Sala Orive 14/11/2021
19:00h
Entradas:

Entrada libre hasta completar aforo

Biografía

Nació en Lisboa en 1963. Profesora, ensayista y poeta, ha publicado varias obras de ficción, poesía y ensayo. Fue finalista en 2006 del Premio Telecom, en 2016 recibió el Premio Glória de Sant'Anna por su libro Do Ínfimo y en 2020 fue galardonada con el Premio del PEN Club portugués en la categoría de ensayo. Es miembro del Pen Club portugués, de la Associação Portuguesa de Escritores (APE) y de la Associação Portuguesa dos Críticos Literários (APCL). Publica regularmente en revistas académicas y literarias. Es editora de la revista Caliban.

Poema

Del ínfimo

No sé más que de lo ínfimo
y del murmurio de las pequeñas cosas,
las que no llegan a la palabra
como la sombra o el viento
dibujándose bajo los álamos,
en quieta reverberación.

Y nada sé, sino de ese canto
Invisible, más sueño que metáfora,
del tiempo que es en el fruto
o de lo que sabe ser sol, sin alarde
del breve y del pasaje.

Y nada sé de esa grandilocuencia
de los hombres, de sus promesas
y de los gestos infieles al  corazón,
de esa palabra o exceso que mata
la perfección circular del instante.

Si es vida, sangre u oro,
nada sé, nada de nada
escondido que él es
en el ínfimo y en la sombra. Oculto.

Asombro

Te sientas en la sombra y sabes
del modo como sólo el crepúsculo
salva tu urgencia, tu sed
de lluvia y del revés de la noche
el asombro
el desvarío de palabras,
esa lámina que rasga el real
una garra de nada, una piedra
en tu camino.

Y buscas el escoplo,
el arado alquímico, el compás,
el fuego y el atanor
que te ha de medir
el ritmo matemático
y la materia transfigurada del poema,
ese golpe certero y lírico,
ala de sueño,
magma, víscera, palabra
sudor, sangre, alma
idioma, juego, imagen
tinieblas esperando el alba
y la clara luz, ese estremecimiento
mínimo
oculto en los detalles.

Naciente, luminiscente,

Es un abismo en forma de rosa.

Sabana

Si yo te pidiese la demora, padre,
De un cuerpo pospuesto, aún,
y te contase de nuevo los viajes
que hacíamos en el tiempo antiguo
y mis palabras pudiesen
calentar tu mirada, traerla de nuevo
a mi suelo, a mis manos,
como las historias que me contabas
y después reíamos enteros.

Si yo te pidiese la demora, padre
para recomenzar la vida, para recomponer
la ruina, juntar todos los huesos
para devolverte la luz de la sabana
y la respiración de los árboles, el inagotable canto
de la tierra, del río que había
y de la mirada brava de las gacelas
en el dorso dorado de la madrugada.

Si yo te pidiese la demora, padre
para recomenzar todo de nuevo,
infancia y arena corriendo por nosotros,
sólo la música y el secreto de la sabana
el fuego de la tribu, la danza
y siempre el tiempo
el del habla antiguo
el que se mezcla con los dioses
y con el polvo.

Despertar la voz, seguir el trazo

Es el más difícil, este gesto
de amanecer la palabra, el poema,
dejándonos a solas con la blancura de la página.

El canto no llega, cuando lo llamamos
como la luz no viene,
sino de despacito,
cuando los copos de la noche se desvanecen
en rocío límpido y claro.

Y entonces la canción irrumpe, nuevamente,
pero sólo para aquel que se sienta al borde del inicio,
de su inicio, y escucha.

Es el más difícil, este gesto
de bajar a la sombra, al sin fondo del lenguaje,
para escuchar el canto.
¿Qué rastro, qué trazo es éste, que nos visita
y nos despierta la voz, en manso secreto?

¿Qué vislumbre nos toma y nos arrastra,
ahora que un otro alfabeto nos es revelado,
exterior al dicho, anterior al aliento de la palabra,
como si las sombras de nuestros antepasados
nos recurriese, entre nuestros sueños,
música límpida y tan próxima,
tan imponderable en su aura?

Cantan en nosotros esas voces, silentes,
pero que revolotean en el viento, invisibles,
cantan en nosotros, pero sus voces son de río
y tiempo, de otros tiempos,
en que también fuimos otros.

 

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