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Markel
Hernández

Actividad Cosmopoética

Cosmoversos (I) - Sala Orive 18/11/2021
19:00h
Entradas:

Entrada libre hasta completar aforo

Biografía

Markel Hernández Pérez (Arrigorriaga, Vizcaya, 1997) es graduado en Filología Hispánica por la Universidad de Salamanca y Máster de Estudios Literarios y Teatrales en la Universidad de Granada, donde actualmente realiza una tesis sobre el teatro político español. Colabora con la compañía Mitra Teatro y ha escrito las obras dramáticas La noche de los sueños imposibles dentro del montaje colectivo Sur un fil sur elle (ESM Teatro, 2015), Las voces pervertidas (Salamanca, 2019) y Como si fuera una obra de teatro (Granada, 2020), Tabú: las cosas que nunca dijimos (III Premio de Microteatro de La Malhablada, 2017), Vivir de alquiler (LV Premio de Literatura Dramática Kutxa Ciudad de San Sebastián, Algaida, 2020) y Mutantes (IX Laboratorio de Escritura Teatral, Fundación SGAE, 2022). Sus poemas han aparecido en diversas revistas y antologías poéticas como O Sol é secreto, poetas celebram Eugénio de Andrade (Casa da poesía Eugénio de Andrade, 2018), Poesía Gen Z (Playground Books), Así creció mi templo: selección de textos LGBTI+ (Revista digital Liberoamérica), Zégel #6, Izotzetan islatuak (Liberoamerika Euskal Herria, 2020), Ruido (Caligrama, 2020), Cuando dejó de llover. 50 poéticas recién cortadas (Sloper, 2021) y es ganador de la IX edición de Ucopoética.

Poema

EN MI LECHO DE MUERTE PIENSO EN TI

Te tiendo la mano. No estás.

Todo lo bello muere.

¿Es amor aunque se agote?

Tengo que despedirme y no estás.

Siento no haberte querido cuando podía.

 

ME CUENTAN QUE MI PRIMA HA MUERTO DE CÁNCER Y LLORO EN EL COCHE

Un mal complejo y desconocido:

la división de las células del cuerpo.

El médico dice que era tarde.

El tumor se genera e invade otros tejidos,

mata desde dentro.

En un intento de último sacrificio

las biomoléculas se suicidan para evitar el avance.

Todavía no entiendo la muerte.

NUEVA SODOMA

 

Luis Cernuda escribe [Eran unos seres misteriosos a quienes llamaban «los maricas»].

 

Decían que acabaríamos con la natalidad,

nosotros, que emergimos del mismo parto.

Niños y niñas se infectarían de por vida,

la humanidad se vería al borde de la extinción.

 

Justo antes de desaparecer ocurriría el milagro:

una nación donde se procree y procree sin engendrar,

una patria pecaminosa donde el misterio sea

el beso heterosexual.

 

UMBRAL

El oído humano tiene una capacidad auditiva

de hasta 140 decibelios

(rango de frecuencias comprendido entre 40 y 20.000 hercios),

esto es: el sonido se genera,

cruza el tímpano y se transforma

en impulsos nerviosos. El cerebro, entonces,

oye y escucha.

 

Hay un vacío

desconocido, un límite de la sensibilidad

al que nos está prohibido asistir.

El oído humano, cavidad

u órgano formado por piel, cartílagos, cera, aire,

tejido fibroconectivo, pelos y glándulas

desde el externo hacia el interno

algo de lo real

(una parte imperceptible)

se le escapa, es imposible.

 

Qué es lo que ocurre

en las ondas sónicas superiores

(a más de 140 decibelios, quiero decir, el fragor

de un estadio, el zumbido de un cohete,

la bomba y su estrépito):

el oído debería fallecer o

rehuir lo intolerable,

qué significará el ruido tan intenso y por qué

esa frontera llamada umbral del dolor.

 

De la misma manera, qué sucede con

(el lenguaje silente de las ballenas)

aquello de frecuencia menor a 40 hercios:

el ruido del universo mínimo,

el sonido atómico del mundo.

 

No, nunca entenderemos

la música completa de lo real;

solo nos queda la voz

de la palabra.

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