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Cosmoversos. Sábado 5 - Sala Orive - 05/10/2019 - De 20:00 hasta 21:00h

Biografía

 

Sofía Castañón (Xixón, 1983) es poeta y realizadora audiovisual. Ha trabajado en prensa escrita, televisión y radio y recibido varios premios de poesía.

De 2009-2010 fue becaria de creación del Ayuntamiento de Madrid en la Residencia de Estudiantes y fue una de las poetas Voz + Joven 2010 de La Casa Encendida. Ha publicado los poemarios ‘Animales interiores’ (Premio Asturias Joven 2006), ‘Últimas cartas a Kansas’ (Premio Pablo García Baena 2007), ‘La noche así’ (2012), ‘La otra hija’ (2013) y ‘Prohibido silbar’ (2014); y los cuadernos ‘La sombra de Peter Pan’ (2009) y ‘Culpa de Pavlov’ (Premio Jóvenes Creadores del Ayto. de Madrid 2008).

Es autora también de los poemarios en asturiano ‘Tiempu de render’ (Premio Nené Losada 2009) y ‘Destruimientu del xardín’ (2012). Participa en varias antologías de poesía y también en la antología de ensayo ‘Aquí estamos, puzzle de un momento feminista’ (Akal, 2019). Desde 2006 hasta 2016 ha trabajado como realizadora y guionista en la productora de la que también es fundadora, Señor Paraguas. Su primer largometraje como directora retrata el panorama poético desde una mirada de género, ‘Se dice poeta’ (2014).

Actualmente es diputada de Unidas Podemos por Asturias y Secretaría de Feminismos y responsable de Cultura de Podemos.

 

© Foto de Juan Tizón.

AUTORETRATO DE MADRE EN EL PARQUE

 

Recogerse el pelo con un lápiz

ya no es de niña despistada.

 

(Aprovecha las flores de tu clavícula

porque mañana serás tan sólo una maceta.)

 

Una grieta en la mitad del cuerpo

que no inicia ni aca nada.

 

Empujas el columpio.

 

Le estás dando muy fuerte,

dice alguien a tu espalda.

 

 

Me miran con atención.

Llevan chándal, camisetas de colores.

Uno se ha puesto camisa. De mayor

quiere ser poeta.

Estoy en un aula con preadolescentes.

Pienso que niños. Pienso que yo ayer

era allí, una más.

Les he preguntado si un poema triste

puede hacernos sentir bien.

 

Tan convencidos han dicho que sí.

 

Y este poema que no escribo y me hurga

los órganos, siega toda la vegetación salvaje

que yo era. Y este poema

que necesita decir dolor y se lo guarda

porque a quién puede servirle mi dolor.

 

El dolor no sirve. 

No sirve una oruga pesada y lenta, 

atravesando el interior del vientre

como una prensa, dejando su rastro

resbaladizo para que nadie pueda

pisar con una sola certeza tras su paso.

 

Un poema tan triste

como los últimos rayos del sol

de un dominngo obstinado en ser domingo,

¿qué puede hacer por los vivos?

 

Tan convencidos han dicho que sí.