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Cosmoversos Viernes 4 - Sala Orive 04/12/2020
De 12:30 hasta 13:30h
Hora de emisión:
20:00
Entradas:

HASTA COMPLETAR AFORO

Biografía

Valeria Correa Fiz nació y creció en Rosario (Argentina), a orillas del río Paraná. Aunque hace más de diez años que vive en el extranjero (siempre en ciudades que empiezan rigurosamente con la letra eme: Miami, Milán, Madrid), todavía conserva el humor turbio y sedicioso que le legaron las aguas del río.

Es abogada y autora del libro de relatos La condición animal (Páginas de Espuma, 2016), que fue seleccionado para el IV Premio Hispanoamericano de Cuento “Gabriel García Márquez” y finalista del Premio Setenil 2017, y de los poemarios El álbum oscuro, distinguido con el I Premio de Poesía “Manuel del Cabral”, 2016, El invierno a deshoras (Hiperión, 2017), merecedor del XI Premio Internacional de Poesía “Claudio Rodríguez” y de Museo de pérdidas (Ediciones La Palma). Sus relatos han sido recogidos en diversas antologías y traducidos al inglés, francés, rumano y hebreo. Coordina el Club de Lectura del Instituto Cervantes de Milán e imparte talleres de escritura creativa en Milán y Madrid.

ELLA

Ella
me alisaba suavemente las solapas
del abrigo
a modo de despedida.
En el tendedero
las camisas alzaban sus mangas vacías en forma de súplica.

Para rogar también hay que ser valiente.

Yo usaba mi coraje, en cambio,
para apretar los dientes. Y cuando me marchaba,
a medio camino hacia ningún sitio,
la felicidad de un perro al sol
conseguía atenazarme las tripas.

Será mejor que detengas esta locura,
me decía a mí mismo.
Pero, es sabido,
que a nadie le gustan los consejos.

Yo no sé qué tenían sus manos
que podían con la misma suavidad
alisarme el remolino de la frente
que sujetar a la Bestia del Apocalipsis por el morro.
La dulzura es, también, un arma.

FUERZAS DE FLAQUEZA

Por el túnel grave de la noche
en negro copiosa
llego yo al fondo de tu sueño
y abrazo tu cuerpo y tus miembros tristes
que duermen con ella,
que sueñan sin mí.

Los que son capaces de contener el deseo
que puede destruirlos,
¿son más fuertes que nosotros?

¿O es acaso su deseo

más débil que el nuestro?

HOTELES IMPRECISOS

Me gustan las cosas que otros rechazan:
las bolsas de náilon que vuelan los días de tormenta,
la semilla desnuda por la rapacidad del pico,
las grúas quietas (tanto óxido repentino en la constancia de la intemperie);
tu risa exagerada en un garito escondido, tus manos ásperas (quieto, quieto);
la hipérbole, el drama, el frenesí de tus excesos;
la comida recalentada, la lluvia idiota del Norte de España,
el olor a tienda de mascotas de nuestra cama en todos los hoteles furtivos después del
sexo;
las colillas platónicas de los cigarros que no fumas en todos los ceniceros,
tu ropa arrugada (la ropa nos duele y por eso la arrancamos) en el centro de un poema.

Me gusta el revés de lo que nadie mira
y lo curvo (tu nariz napoleónica)
y lo que nadie sabe (caballo de Troya):
que me despeines, que me despeines, que me despeines (quieto, quieto),
Me gusta hasta tu nuca
que pasa fugaz por todos los espejos cuando ella te llama

y te alzas (ahora corres)
abandonas la cama y el hotel
hacia un alba remota,
lejos de mí.

¿Quién no desea acaso lo que ha desaparecido?

PLEGARIA SALVAJE

Ven a mí, no te encierres, ni me des tregua,
no permitas que duerma
o sueñe.

Desespérame.
No seas sonrisa, pan ni guante.
Sé un ángel y una bestia enfurecidos: fauces, saliva, plumas.

Que cada dolor y sacrificio en mi carne
seas tú (tajo, sangre y cicatriz)
que vuelves.

No te encierres, embísteme.
Pulsa mis nervios con tus pezuñas.
En plena luz del día, ciégame, hazme escamas.

Corta mi lengua, mi carne, dame todas sus espinas
Que con cada corte tuyo yo renaceré

lentamente.

Sea para mí la liturgia de tu furia,
lo que a nadie enseñas,
lo que escondes hasta el hueso (cal, lágrimas ácidas).

Oblígame a saber quién soy.

Oblígate a pronunciar por fin tu nombre

entre mis piernas.

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