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Juan Carlos Aragón

Cádiz, 1967

Biografía

Juan Carlos Aragón Becerra nace en Cádiz en 1967. Es licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación por la Universidad de Sevilla. Durante sus años de universitario, alterna sus estudios con recitales poéticos y canción de autor.
Posteriormente compagina la docencia en institutos con su carrera carnavalesca como autor de música y letra de más de cuarenta agrupaciones para el concurso del Falla, entre las que destacan Los Tintos de Verano (semifinalista, 1995), Los
Yesterday
(primer premio, 1999), Los Condenaos (segundo premio, 2001), Los Ángeles Caídos (primer premio 2002), Araka la Kana (primer premio, 2007), La Serenissima (segundo premio, 2012), Los Millonarios (primer premio, 2015), Los Peregrinos (tercer premio, 2017) y Los Mafiosos (primer premio, 2018).

Hasta la fecha, ha publicado dos ensayos, El Carnaval sin Apellidos (2010) y El Carnaval sin Nombre (2012), y dos poemarios, La risa que me escondes (2010) y Los últimos versos del Capitán Veneno (2015), así como la novela El pasodoble interminable (2017).
En la actualidad, además de su trabajo como profesor de filosofía y autor de comparsas, colabora como articulista en el periódico digital El Desmarque y sigue ofreciendo numerosos recitales como “cantautor de carnaval” por gran parte del país.

Del autor

ODA AL MONO
El mono habla por el móvil.
El mono fuma porros.
El mono cobra la ayuda.
El mono viaja a Punta Cana.
El mono vive con sus padres.
El mono tiene abogado.
El mono usa fibra óptica.
El mono juega al pádel.
El mono hace botellón.
El mono escribe con faltas de ortografía.
El mono joven es mono.
El mono es monógamo.
El mono está a favor de la igualdad.
El mono es del Real Madrid.
El mono usa protección.
El mono lee novelas actuales.
El mono se ha vuelto sedentario.
El mono está en crisis.
El mono desciende del mono.

La risa que me escondes. 2010.

UN PENE PLEGABLE
Un pene plegable tener quisiera
para viajar con él sin facturarlo;
y cuando fuera el momento de usarlo,
sólo pulsándolo suave se abriera
y sirviese de percha, de manguera,
de árbol de Navidad. Decorarlo
con mi nombre en italiano, “Giancarlo”,
y entrar así en el Museo de Cera

para que el director me dijera: “Tío,
exquisita pieza de artesanía.
Lo compro, tengo un pedestal vacío”.
Y yo, con mi habitual pedantería,
hacerle ver que eso sería un lío:
que la Reina se derretiría.

La risa que me escondes. 2010.