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Juan Cobos Wilkins

Biografía

Juan Cobos Wilkins ha sido director de la Fundación Juan Ramón Jiménez, de la colección poética que lleva el nombre de este poeta y de la revista de literatura Con Dados de Niebla, también codirigió el Aula de Poesía de la Facultad de Ciencias de la
Información de la Universidad Complutense de Madrid. Durante años ha ejercido la crítica literaria en diversos medios especializados (El País -Babelia- Revista de Libros, Turia, Mercurio...). Traducido a varios idiomas e incluido en numerosas antologías y estudios de literatura contemporánea, ha sido galardonado, entre otros, con los siguientes premios: Premio de la Crítica de Andalucía; Gil de Biedma, de poesía; Ciudad de Torrevieja, de poesía; NH, de relatos; Ciudad de Huelva, de relatos; Instituto de Cinematografía y Artes Visuales, de Guiones Cinematográficos; El Público, de novela; Ciudad de Torrevieja, de novela; Botón de Oro y Nácar de la Cultura. Su obra poética suma, entre otros, los siguientes libros: Llama de clausura, Escritura o Paraíso, Biografía impura, Para qué la poesía, El mundo se derrumba y tú escribes poemas y las antologías Donde los ángeles se suicidan, La imaginación pervertida, Aun dios desconocido y Huella en las hojas. Su primera novela fue El corazón de la Tierra, continuamente reeditada y llevada al cine. A la que siguieron: Mientras tuvimos alas, El mar invisible y Pan y cielo. Cobos Wilkins también ha publicado relatos, recogidos en los volúmenes Siete parejas y un solitario y La soledad del azar.

Del autor

OLVIDO

¿Cómo era ser joven,
cómo era?
Tal vez
sólo un temblor, un estremecimiento,
la brisa ondulando las juncias, las juncias
reflejadas en el agua.
¿Qué era,
cómo fue?
Acaso,
tal un hierro candente, curvar
el tiempo en el espacio. Únicamente ser
cuerpo sin sombra.
Quizás
ir. No renunciar. Pudiera
parecerse al esplendor audaz de la melancolía,
a un sueño táctil como la piel mojada.
Y a tu nombre rimado con el mundo.
No mucho más.
Sí, sí, pero ¿cómo era?,
¿ser joven cómo era?

EL HIJO

Eres el hijo que deambula por la casa vacía.
El que nombra una a una las ausencias.
El que oye los ladridos del perro que aún resuenan
persiguiendo la nada en el pasillo,
el que los imagina como una bienvenida
a su sombra que deambula por la casa vacía.
El que abre los grifos y le salen a chorro mariposas,
el que cree escuchar el eco sonriente de otros pasos.
Eres la sombra que vaga como un hijo por la casa vacía.
El que extiende el mantel sobre la luna para cenar con nadie,
el que extravía su silencio como un guante impar en el cajón.
Eres el hijo que barre las hojas amarillas de las habitaciones,
el que va abriendo puertas como si hubiera
detrás, como si hubiese.
Eres el hijo con las llaves de la casa vacía.
El que al partir en los peldaños deja
pisadas invisibles que al instante se encienden
como huellas fugaces de luciérnagas que al instante se apagan.
Eres el vacío del hijo con las llaves de la casa vacía.

Eres la sombra del hijo que señala el lugar de la madre
y dice: mágica
igual que una pestaña caída que concede deseos.
Eres la sombra del hijo que señala el ámbito del padre
y escucha diáfano el futuro que sostuvo, como Atlas,
él solo en el espacio conquistado al aire.

El que cierra la puerta de la casa, eres
el hijo sin hijos
que apaga ya la luz de este poema.