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María López Morales

Madrid, 1996

Biografía

María López Morales
18 Febrero-1996, Madrid
Madrileña pero de raíces granadinas. Cursa el último año del grado en Lenguas modernas y sus literaturas, en la Universidad Complutense de Madrid. En efecto, idiomas y literatura son el por, para y porqué de su vida.
Especializada en inglés y francés, se considera una adicta a la cultura, la historia y la literatura francesas. Tanto es así, que decidió comprobar en sus propias carnes si todo lo que le habían contado hasta la fecha, si todo lo que había leído en los vastos manuales de universidad, era cierto. Cogió entonces un avión y se mudó al corazón de París, donde trabajó en el seno de una familia puramente francesa. Tras este año de descubrimientos y a su vuelta a la capital española, las puertas en el mundo profesional se abrieron de par en par: ha trabajado como correctora y traductora en una empresa de traducción internacional y ha formado parte del jurado del Premio Goncourt 2017, le Choix de l’Espagne.
En lo que a producción poética se refiere, publicó su primer libro con 19 años bajo el título de Maya o sangre (Ed. Lapsus Calami, 2015). Una historia ficcional sobre la vida de una mujer de origen maltés, Maya, considerada por algunos el alter ego de la autora.
Ahora, a sus 21, acaba de publicar su segundo poemario de la mano de Entropía Ediciones. Descoser la cesárea, esta vez de corte autobiográfico, habla sobre la identidad creada a base de herencia, la  masturbación, la menstruación o la ausencia de ella; sobre la soledad o la sed por pertenecer. Paralelamente a la promoción del libro y a sus estudios, actualmente trabaja en un nuevo proyecto literario: El acantilado de las cabezas.

Del autor

No siento mi cuerpo como mío.
He sido tallada en nuevas formas,
en nuevos úteros,
fecundada, como por primera vez.

No siento mi cuerpo como mío,
ni siquiera sé,
si esto que me custodia
es un cuerpo.
Ya no rezuma líquido
de entre mis piernas,
llevo meses sin la evidencia,
sin la llamada de la sangre.
Mi regazo también se ha secado,
la placenta sigue vacía,
alimentándose de la leche
de la que sólo mis hijas
deberían beber;
la leche amontonada
en el vertedero de mi vergüenza

por no reconocerme mujer.

No siento mi cuerpo como mío,
me palpo,
escarbo con los dedos hasta dentro
buscando a la hembra
extrayéndola para mirarle a la cara.
Aún sigue viva,
en algún reducto de mi sexo,
esperando la entrada y salida
de mis manos.

Onanismo, es mi palabra favorita,
desde que no siento mi cuerpo como mío.

A mi abuela
III.
Mujer de agua que asciendes pariendo olvidos
María Sotomayor

Ahora sé dónde te sentarías
pañuelo bordado en mano
para secarme la lágrima:
niña, no dejes que el poema se empape.

Hervirías agua
dejarías enfriar la masa
quitarías el pijama del calefactor
y me arroparías hasta los ojos:
de pequeña sonreías, creí que serías feliz.

Me mirarías bajar la calle
apagarías el fuego que dejé encendido
me pondrías algo al cuello
y añadirías mucha más tela a la falda:
nunca olvides el nombre de quienes amas.

Tú olvidaste el mío,
arrugado sauce,
pero qué bajo sería culparte
porque aun caídos los años
aun gastada la memoria,
sigues recordando con qué pañuelo

secarme la lágrima.

 

 

Jazz Café
03/10/2018
23:00