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María Rosal

COMIENZA LA FUNCIÓN

 

Todos tenemos nuestra bestia. 

 Le damos 

de comer en la trastienda, ocultamos el rito 

a los vecinos, y es una relación incestuosa 

y turbia, próxima a la autofagia. 

 

Una bestia, no un ángel desterrado,

una bestia nacida de la raíz sangrante 

del cordón umbilical, 

un huracán huraño entre los matorrales, 

una hermana siamesa mancillando las copas.

 

Esta es mi bestia parda, 

aquí recién lavada podéis verla 

desnuda de artificio, libre de maquillaje 

  y atavío.

 

Es mi bestia y mi horror 

quien labra la epopeya, un canto de arrecife,

el paladar acerbo de la iguana.

 

Mi bestia es mi disfraz, 

el cortejo del miedo,

la linterna afilada del forense, 

amanecer desnudos 

en el depósito de cadáveres.

 

Se ha sentado a la mesa, degusta 

las migajas de mi cuerpo. Se nutre 

de los miembros desgarrados, 

apila los muñones. Clasifica las vísceras. 

Paladea la gelatina oscura de los huesos. 

 

Se inicia la función. 

   Vayan pasando.