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Paula Aguirrezabala

Valladolid, 1992

Biografía

Paula Aguirrezabala nació en Valladolid en 1992, aunque procede de familia leonesa y la cuenca minera corre por sus venas. Empezó a estudiar Publicidad y Relaciones Públicas, se enamoró de la escritura y la practica desde hace siete años. Es una mala estudiante rehabilitada, pues en su vida adulta también ha estudiado cine, especializándose en guión, y varios cursos que, en su mayoría, tenían que ver con la literatura o la comunicación.
Ha publicado dos poemarios: ‘El cadáver presenta’ y ‘Maldita feminista, gorda y depresiva’, y una novela negra: ‘Al final, muere’. También ha participado en diversas antologías y revistas literarias.
Este bagaje le ha llevado a recitar en muchas ciudades españolas e, incluso, a ser conferenciante en algunos cursos y universidades. Aunque se ha presentado a pocos concursos literarios, sí ha sido jurado de uno organizado por la Universidad de
Valladolid.
Su peculiar lucidez está puesta en la promoción de su último libro y en terminar de escribir el siguiente.

Del autor

La abstracción del bosque

Tengo un álamo guardado.
Lleva conmigo desde que el mundo conoció la edad de los gigantes:
la muerte, la sed y la mezquindad.
Viste los colores de un otoño agredido por la niebla
y observa a niños preferir la leche de las avellanas a la materna.
A veces se escapa por senderos urbanos
y me espera en tiendas cerradas de discos rusos.
Le encuentro,
con la hoja quebrada,
muerto del frío que negó el vodka
y la paz se expande por Japón.
Me ha confesado que sólo le tiene miedo a mentir
y al resto de las cosas.
Los sacerdotes y los quiosqueros saben que se parece a mí.
Anoche nos enfadamos
y el enfurruño ha durado hasta el primer crepúsculo de diciembre.
No pienso perdonarle que se acuerde de recordar a quien no debe
y no de comprar la pizza congelada sin champiñones.
No puedo.
No puedo y los aguijones se postulan reversibles.
Guardo un álamo cerca del páncreas.
Mis venas huelen a quemado:
soy la fantasía erótica de todos los pirómanos.
Fue calcinado una copla antes de que yo naciera.
Mi primer llanto precedió al último alarido de sus ramas.
¿Pero acaso debería haberle abandonado?
Escondo un álamo en mi abdomen
que ya había sido convertido en ataúd.

Amourir

Hoy vi a un hombre
escribiendo un poema
a las puertas del juzgado.
Supe por él que te llamabas Elena,
que te gustaban las tartaletas de manzana
aunque eras torpe en la cocina:
siempre se te pegaban las lentejas
y la sopa se te quedaba fría.
Supe, desde el verso cero, que él te amaba
como el minero a la luz clara o al aire limpio.
Hubiera creado un ejército de musarañas
para protegerte a cada momento,
para evitar que te torcieras un tobillo
o hablaras con embusteros.
Supe, también, que querías tener hijas,
muchas hijas: hijas de colores, hijas de agua,
pero que él no,
por si salían caprichosas como tú,
atolondradas como tú,
neuróticas como tú
—apuntaba él con dulzura—.
¡Qué amor tan grande el suyo,
que te escribía: «tan mía eres
que el mundo no debiera
apartarte ni un instante
del único que tanto como yo podrá quererte»!
Debías ser, Elena, una mujer tan feliz...
Hoy vi a un hombre
escribiendo un poema
a las puertas del juzgado.
Estaba esperando entrar en el juicio
por haberte matado.

 

 

Jazz Café
04/10/2018
23:00