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Rodolfo Serrano

Villamanta (Madrid), 1947

Biografía

Rodolfo Serrano nació en Villamanta (Madrid), en 1947. Estudió periodismo en la Universidad Complutense de Madrid. Ha trabajado en diversos medios de comunicación.

Como periodista, ha obtenido el Premio Giménez Abad del Gobierno de Aragón a la Mejor Crónica Parlamentaria por sus escritos en El País. También consiguió el Premio Mesonero Romanos por su colección de artículos Historias de Madrid.

Ha escrito varios libros de historia, ensayo y novela: con Daniel Serrano publicó en Aguilar, Toda España era una cárcel (reeditada en 2016 por Frida Ediciones) y La España de cuéntame. En solitario escribió: Un oficio de fracasados (Editorial Berenice) y que ha sido reeditado en México en 2017, y Un único crimen (Tempora Ediciones).

Hasta el momento tiene publicados ocho libros de poesía: Especial para cócteles, Al Oeste hay apaches y La Blancura de la ballena, en ExLibris Ediciones y Pequod Compañía Librera. En Frida Ediciones, Los cuerpos Lejanos y Tú nombre estaba en todas las ciudades. Con Huerga y Fierro, El llanto de Aquiles. Y en 2016 la editorial Renacimiento ha publicado su antología Fábricas Abandonadas. En este año 2018
Huerga&Fierro ha publicado su poemario Mapa de Carreteras.

Muchos de sus poemas han sido musicados por Ismael Serrano, Manuel Cuesta, Fran Fernández, Antonio Sanz y Javi Nervio.

Del autor

Vida retirada

Salgo poco. Lo justo
para no olvidarme de bares y de amigos.
Y no discuto ni siquiera con la tele.
Me aburren los periódicos y solo
algún libro de versos me interesa.

Paseo por las calles que ahora siento
territorio enemigo. Ni siquiera pretendo recordarte.
Alguna vez -y muy de tarde en tarde- me retorna el deseo.

La dulce desazón de un cuerpo joven
que inspire mis vicios solitarios.

No fumo. Escribo poco.
De vez en cuando un verso como éste.
Y poco más. En momentos de duda
-mientras espero al médico o voy a la farmacia-
desearía llamarte y comentarte
que hace un calor de muerte
o que el nuevo Gobierno es el de siempre.

Pero nunca lo hago. Sé que hace tiempo
dejaste de temblar cuando veías
mi nombre en tu teléfono.

Una foto antigua
A Rafael Soler

Está muy seria, en pie. Mira de frente.
Sostiene un bolso en la mano que parece
haber vivido tiempos más felices.
Rodea con su brazo la belleza
de un joven -¿su hijo, alguien amado?-
que sonríe y la mira con ternura.

No sé sus nombres ni nada de sus vidas.
Pero me quedo prendido de los ojos
de esa mujer que mira con fiereza.
Que muestra al mundo entero que ha vencido

en el muchacho a esa vida
perra que adivino
en la ropa de saldo y mercadillo.

No hay fuerza como la que asoma
en el rostro cansado y desafiante.
En ella está el orgullo, la soberbia
bendita del que nunca tuvo nada.
Pero sabe que, a veces, la belleza
se detiene a su lado. Su dios joven
la abraza. Y no habrá nadie
que pueda cambiar, jamás, ese momento.

 

 

La Llave, Cultura Comestible
29/09/2018
13:00