Presentación

Una flor abrió el asfalto –escribió una vez el poeta brasileño Carlos Drummond de Andrade al albor de la II Guerra Mundial. Con esos versos pertenecientes al poema “La flor y la náusea”, incluido luego en la colección La rosa del pueblo (1945), el autor pretendía simbolizar el poder de la vida para regenerarse aun en las peores circunstancias, utilizando la figura de la planta saxífraga: aquélla que nace de la roca, la quiebra y acaba floreciendo.

En un mundo caracterizado por la incertidumbre, donde se escuchan –después de décadas de estabilidad geopolítica– tambores de guerra, queremos presentar una propuesta para Cosmopoética que dialoga con la voluble actualidad y rompe, y sacude la memoria del pasado. Puede decirse que, como la flor de Drummond, traemos una apuesta por la resiliencia poética dedicada a combatir, pacíficamente, el ruido distópico dominante, no desde el escapismo; al contrario, desde un compromiso por humanizar y humanizarnos, a través de las artes y las letras. 

Innovación interdisciplinar

Ofrecemos un programa innovador, completamente interdisciplinar, a caballo entre la cultura cordobesa y andaluza, y los más prestigiosos autores nacionales e internacionales. Un programa que vincula la música con el cine; la poesía con nuestras miradas atónitas al universo que nos rodea. Suenan rugidos de bombas, y nosotros pedimos la paz y la palabra –como rezaba Blas de Otero. Europa es objeto de embistes, pero aquí sabemos torear, haciendo de este festival un marco único para interrogar el presente histórico e invocar el pensamiento. 

¿Qué mejor experiencia para el público que escuchar a la ensayista Lola López Mondéjar (Premio Anagrama de Ensayo) debatir el vacío identitario y la muerte con la filósofa Ana Carrasco-Conde (Premio de Ensayo Eugenio Trías), siguiendo la tradición del honorable Séneca? ¿Por qué no poner a dialogar a tres jóvenes cineastas, dos de ellos andaluces, que han arrasado las salas con trabajos cinematográficos basados en la literatura: Hojman, Monsell, Soto Muñoz? ¿Hasta dónde nos podrán llevar los versos de la precoz Ángela Segovia (Premio Nacional de Poesía Joven Miguel Hernández)? ¿Y el coloquio entre el multipremiado cordobés Alejandro López Andrada con el consagrado Antonio Gamoneda (Premio Cervantes)? Finalmente, ¿qué estremecimiento provocarán las reflexiones del exiliado Kamel Daoud (Premio Goncourt) junto a la poeta iraní-estadounidense Sholeh Wolpé?Hemos aglutinado una panoplia de autoras y autores cuya vinculación con el mundo en disputa es real. Hemos articulado una propuesta que desencadena reflexiones ciudadanas, a la vez que promueve el gozo, pues creemos que ambos pueden convivir. Hemos llamado a estrellas mediáticas, como David Uclés –el arriesgado triunfo de un ubetense que relató la Guerra Civil desde el realismo mágico–, y también a voces profundísimas y, hasta cierto punto, alejadas de los focos, como el Premio Pulitzer Junot Díaz, y la poeta y narradora puertorriqueña Mayra Santos Febres: sus trayectorias atraviesan la condición periférica de quienes habitan el idioma español en Estados Unidos. Así, ligando a jóvenes y mayores, hilando el tapiz de la geografía en distintas direcciones, sin desarraigarnos del enorme potencial humanístico de Córdoba, creemos que Cosmopoética 2025, bajo nuestra dirección, será un éxito incontestable

Una mirada global

Nadie, hasta ahora, ha convocado a las musas literarias en Córdoba bajo un prisma internacional amenazado por fuerzas gigantescas. Argumentaba la filósofa malagueña María Zambrano que, a falta de una modernidad amable anclada al racionalismo, la vida debía clamar una razón poética enraizada en la hispanidad. Herederos de sus postulados, elevamos fortalezas y desbordamos las fronteras: el primer Cosmopoética dirigido por una mujer, Azahara Palomeque; la primera vez, asimismo, que oponemos el verso a la incertidumbre y los enfrentamos cara a cara, concienzudamente arraigados en el Sur, a fuerza de desenvainar azahares y geranios. 

Una cosa es certera: nadie va a lograr descifrar los mapas como nosotros, y nadie va a provocar un seísmo lírico tan contundente. Estamos seguros de que Córdoba va a brillar con luz propia como la especie que nunca se extingue en mitad de alaridos apocalípticos. En la vanguardia que representa esta propuesta subyace, también, la revolución que supone reunirnos en persona, favoreciendo la complicidad vecinal, el aprendizaje en colegios, la participación ciudadana. Si todo lo conocido pende de un hilo, entonces nosotros salimos a su rescate y le insuflamos oxígeno. Si la cultura es un arma cargada de futuro, entonces en el ánima alberga una capacidad de transformación hacia lugares más halagüeños, los afectos relacionales frente al abismo. Al final, queremos que, al contrario de la tendencia dominante, lo humano siga siendo humano, e interroguemos su condición desde la belleza. Ninguna Inteligencia Artificial podrá equipararse nunca a los ojos volcados en un verso.

En definitiva, Una flor abrió el asfalto atiende a vicisitudes convulsas a partir de la esperanza, conjuga el espíritu de nuestro tiempo, y supone un férreo compromiso cultural con nuestra tierra, con el conocimiento, pero también con el placer poético que necesitamos. Presentamos un festival cuajado de talento, capaz de perdurar en la memoria de los cordobeses y cordobesas al nivel de sus protagonistas. La flor no dejará de brotar por muy adverso que sea el entorno global; por algo ha nacido en Córdoba. 

¡Una flor nació en la calle!
Apártense, tranvías, buses, río de acero del tráfico.
Una flor aún desteñida
esquiva a la policía, rompe el asfalto.
Guarden completo silencio, paralicen los negocios,
garantizo que una flor nació.

Su color no se percibe.
Sus pétalos no se abren.
Su nombre no aparece en los libros.
Es fea. Pero es, realmente, una flor.

Me siento en el suelo de la capital del país a las cinco de la tarde
y paso lentamente la mano por esa forma insegura.
Del lado de las montañas, se arraciman nubes macizas.
Pequeños puntos blancos se deslizan sobre el mar, gallinas en pánico.
Es fea. Pero es una flor. Perforó el asfalto, el tedio, el asco y el odio.

Carlos Drummond de Andrade